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Policiaca

Emboscan y matan a 13 policías en Michoacán

Durante casi 500 metros de la carretera Aguililla-Apatzingán había cascajos de alto calibre. Según las primeras investigaciones, durante al menos medio kilómetro los pistoleros dispararon desde vehículos en movimiento y desde ambos costados de la carretera.
La emboscada liderada por 30 sicarios en cinco vehículos blindados, que dejó el saldo de 13 policías muertos, fue justo al salir de El Aguaje. En una recta muy prolongada. Hasta ahora se sabe que presuntos miembros del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) utilizaron rifles calibre .223 y 7.62. Una de las patrullas presenta orificios que hacen suponer el uso de Barret, un fusil antiaéreo.

El ataque ocurrió muy cerca de la cabecera municipal; los autores viajaban en camionetas blindadas, reportaron, a través de mensajes audio grabados, algunos policías sobrevivientes.
A 500 metros de donde inició el ataque, dos camionetas oficiales fueron incendiadas. El fuego alcanzó al menos a tres policías; uno de los oficiales quedó totalmente calcinado. Sus restos estaban frente a la patrulla.

Tras la emboscada contra elementos de la Policía Michoacán, en El Aguaje, poblado emblemático de la Tierra Caliente Michoacana, prácticamente todos sus habitantes se encerraron en sus casas.

Solados y policías buscan a los agresores por tierra y aire. En la carretera Aguililla-Apatzingán también escaseó el tránsito vehicular; la presencia de patrullas militares y policiales era muy evidente; todos preparados para reaccionar a la menor señal de peligro o cuando no distinguen entre un reportero que documenta el operativo y un eventual nuevo ataque.

Entre los agentes de la policía estatal hay mucho coraje por lo ocurrido a sus compañeros. No descartan que la emboscada esté relacionada con capturas contra el CJNG o municipales los hubieran “puesto”.

Excelsior

Increible

Desaparece en Disneyland y aparece días después en un bote de basura en Mexicali: el misterioso caso de Annie Encino

Una adolescente estadounidense de 16 años fue localizada con vida dentro de un contenedor de basura en Mexicali, Baja California, días después de haber desaparecido en el parque Disney California Adventure, en Anaheim. El caso ha despertado preocupación e interrogantes en ambos lados de la frontera, especialmente por el silencio mediático en México y las lagunas que aún rodean su cruce hacia territorio nacional.

Annie Kathleen Encino desapareció el pasado 20 de abril tras una discusión con su familia dentro del parque temático. Fue vista por última vez alejándose sola, lo que activó una Alerta Amber en Estados Unidos. Sin embargo, esa alerta nunca cruzó a territorio mexicano, dejando a la opinión pública del país sin conocimiento de su desaparición… hasta que la historia dio un giro tan insólito como alarmante.

Días después, una llamada anónima al 911 alertó a la policía municipal de Mexicali sobre la presencia de una menor dentro de un bote de basura. Al llegar al sitio, los oficiales encontraron a la joven en condiciones que no han sido detalladas, pero confirmaron su identidad. El consulado de Estados Unidos fue notificado de inmediato y su madre viajó a la ciudad fronteriza para identificarla y llevarla de regreso.

Hasta ahora, las autoridades mexicanas no han informado cómo fue que Annie cruzó la frontera sin documentos, sin acompañantes y sin ser detectada. Tampoco han revelado si fue víctima de trata, secuestro, abuso o si viajó voluntariamente con ayuda de terceros. La Fiscalía de Baja California mantiene abierta una investigación para esclarecer los hechos.

Lo que sí queda claro es que algo falló en los mecanismos de cooperación fronteriza. Ni la alerta internacional funcionó, ni hubo un protocolo binacional que permitiera actuar a tiempo. La aparición de una menor estadounidense en un contenedor de basura, en una ciudad donde los casos de desapariciones no son novedad, pone una vez más bajo la lupa la crisis de seguridad y el flujo irregular entre ambos países.

Mientras se esperan más detalles oficiales, el caso de Annie Encino evidencia que incluso en un entorno supuestamente seguro como Disneyland, la vulnerabilidad de los menores puede terminar en una historia digna de una serie policiaca.

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