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Emite Protección Civil Estatal aviso preventivo por nuevo frente frío

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La Coordinación Estatal de Protección Civil (CEPC) emitió un aviso preventivo ante el posible descenso de la temperatura para el próximo miércoles y jueves, por la entrada de un nuevo frente frío a la entidad.

Con base a la información proporcionada por el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) continuarán en el territorio estatal las bajas temperaturas, con posibilidad de heladas, especialmente sobre la región serrana, durante las mañanas y noches, mientras que para el resto del estado predominará el ambiente frío por la madrugada.

Para el amanecer del martes 9 de noviembre, se estiman temperaturas mínimas inferiores a los 5°C en Casas Grandes, Madera y Guadalupe y Calvo, en tanto que para el resto de los municipios, los valores mínimos oscilarán entre los 6 y los 10°C en partes altas de la zona serrana serranos; y entre 10 y 16°C para la mayor parte de la entidad, y los 18°C en Ojinaga.

Para el próximo miércoles 10, se tiene previsto el ingreso del Frente Frío Número 8 por el norte del país, cuyo sistema frontal se extenderá para el jueves 10 sobre el noreste del territorio, ocasionado fuertes rachas de viento de entre 45 y 50 kilómetros por hora (km/h) sobre la región norte y noreste, incluyendo a Juárez; pueden superar los 35 km/h en parte de la zona noroeste, Janos.

El jueves 11, el frente frío y su masa de aire asociada, en interacción con la corriente en chorro y un canal de baja presión, favorecerá un ambiente de frío a fresco por la mañana y cálido por la tarde, con temperaturas de muy frías a frías, con heladas por la mañana en parte de la Sierra; ocasionando rachas de viento de más de 45 km/h en parte de la zona norte, especialmente en Juárez; y pueden superar los 35 km/h en el noroeste.

El pronóstico para el viernes 12 es de ambiente fresco por la mañana y de poco caluroso a caluroso por la tarde; temperaturas de muy frías a frías con heladas por la mañana en la Sierra Tarahumara, cielo de despejado a parcialmente nublado, con rachas que pueden ser de más de 45 km/h en Juárez y parte de la zona norte, y superar los 35 km/h en la zona noroeste, y Janos.

Las temperaturas esperadas para el martes 9 son (°C máx./mín.): Chihuahua 27/15, Juárez 27/10, Janos 27/7, Madera 21/3, Temósachic 23/4, Cuauhtémoc 23/9, Ojinaga 31/15, Delicias 28/14, Camargo 27/13, Jiménez 26/12, Parral 25/13, Creel 22/2, Guachochi 21/1, El Vergel 19/-1.

El miércoles 10: Chihuahua 26/11, Juárez 24/8, Janos 24/6, Madera 21/1, Temósachic 23/0, Cuauhtémoc 23/5, Ojinaga 29/12, Delicias 28/11, Camargo 28/13, Jiménez 27/9, Parral 27/10, Creel 22/1, Guachochi 22/2, El Vergel 20/-1.

Jueves 11: Chihuahua 23/9, Juárez 22/6, Janos 23/6, Madera 21/1, Temósachic 23/0, Cuauhtémoc 21/5, Ojinaga 25/10, Delicias 25/9, Camargo 26/8, Jiménez 24/7, Parral 23/8, Creel 20/0, Guachochi 21/1, El Vergel 21/-2.

Para el viernes 12: Chihuahua 23/10, Juárez 21/6, Janos 23/5, Madera 21/0, Temósachic 23/-1, Cuauhtémoc 21/5, Ojinaga 25/9, Delicias 25/9, Camargo 25/9, Jiménez 24/8, Parral 23/9, Creel 20/-1, Guachochi 21/1, El Vergel 20/-1.

Ante las condiciones climatológicas que pudieran prevalecer para estos próximos días, la dependencia estatal exhorta a la población a extremar precauciones, sobre todo al conducir por carretera, así como a protegerse ante los cambios bruscos de temperatura, y en caso de presentarse algún incidente, reportarlo al número de emergencias 9-1-1.

Opinión

Inzunza: la decadencia del favorito. Por Caleb Ordóñez T.

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Hay políticos que caen peleando. Hay políticos que caen defendiendo una causa. Y hay políticos cuya caída comienza mucho antes de que ellos mismos se den cuenta; cuando todavía sonríen en las fotografías oficiales y firman acuerdos con la soltura de quien cree que el futuro le pertenece.

La historia reciente de Enrique Inzunza Cázares parece pertenecer a esta última categoría.

Porque más allá de las acusaciones que enfrenta, más allá de los expedientes estadounidenses y más allá del ruido mediático que rodea a Sinaloa, hay algo que llama poderosamente la atención: Inzunza no se comporta como alguien que busca convencer al país de su inocencia. Se comporta como alguien atrapado en una partida de ajedrez donde cada movimiento tiene un único objetivo: sobrevivir un turno más. Viviendo en un eterno jaque.

Durante años fue presentado como uno de los hombres más inteligentes del círculo cercano de Rubén Rocha Moya. Jurista, magistrado, presidente del Supremo Tribunal de Justicia,

secretario general de Gobierno y después senador de la República. Su ascenso fue tan rápido que muchos (casi todos) dentro de Morena en Sinaloa, lo veían como una especie de gobernador en espera.

No era un político de masas. No era un gran orador. No era un líder carismático.

Su poder provenía de otra parte: de la operación silenciosa, del control institucional, de la cercanía con el grupo gobernante y de una influencia que crecía discretamente, lejos de los

reflectores, precisamente donde ese tipo de poder se cultiva mejor.

Por eso resulta tan revelador observar lo que ocurre hoy.Cuando un político es acusado injustamente, normalmente intenta salir a dar la cara. Busca entrevistas. Explica. Debate. Confronta. Construye una narrativa que lo sostenga mientras el

temporal amaina.

Inzunza ha hecho exactamente lo contrario.

Los números lo dicen con una frialdad que ningún argumento político puede disfrazar.

Desde el 29 de abril de 2026, cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos hizo pública la acusación formal en su contra, Inzunza acumuló 21 días de ausencia en sesiones del Congreso. No pidió licencia. No renunció. Simplemente dejó de aparecer. Su única

reaparición fue una fotografía en redes sociales junto a su madre, con ubicación en Batequitas, Badiraguato. Un político que dice no tener nada que esconder, escondido. Y cuando finalmente habló, lo hizo desde X, con una frase que revela más de lo que oculta:

«Soy abogado de mí mismo y me basta mi probidad.» Es la declaración de alguien que no quiere testigos en su defensa.

Y en política las formas importan tanto como los hechos, porque la percepción pública rara vez se construye únicamente con documentos judiciales. También se construye observando

cómo reaccionan los protagonistas cuando el suelo comienza a moverse bajo sus pies.

Lo que proyecta Inzunza no es fortaleza. No transmite confianza. No parece un político concentrado en demostrar que las acusaciones son falsas.

Parece un político concentrado en administrar daños.

Esa imagen explica en buena medida por qué hoy se encuentra tan aislado. No porque Morena haya decidido abandonarlo de la noche a la mañana. No porque el Senado haya ejecutado una conspiración interna. Sino porque el propio Inzunza dejó de ser una apuesta

rentable.

La política es brutalmente pragmática. Los partidos respaldan a quienes generan votos, estabilidad o futuro. Cuando un liderazgo comienza a representar riesgo, incertidumbre o

desgaste, las distancias aparecen solas, sin reuniones, sin comunicados, sin rupturas formales. Simplemente aparecen.

Hace apenas unos meses su nombre figuraba entre los aspirantes más serios para suceder a Rocha en la gubernatura de Sinaloa. Hoy prácticamente nadie dentro del oficialismo habla de esa posibilidad. No porque exista una sentencia. No porque haya sido declarado culpable. Sino porque la candidatura dejó de ser viable.

Y en política la inviabilidad suele ser una condena mucho más rápida que cualquier resolución judicial.

Lo verdaderamente inquietante es que el caso de Inzunza trasciende a una sola persona.

Se convierte en un espejo incómodo para todo el sistema político mexicano.

Lo que hace singular el caso de Inzunza no es la acusación en sí. Es la arquitectura que describe. Según el expediente estadounidense, Inzunza habría acompañado al gobernador

Rocha Moya a una reunión con Los Chapitos tras las elecciones de junio de 2021, cuando

todavía era secretario general del gobierno estatal y en ese encuentro habrían acordado que el cártel tendría control sobre la Policía Estatal de Sinaloa. Si eso es cierto, no estamos

hablando de un funcionario que recibió un sobre. Estamos hablando de una negociación institucional: el Estado cediendo su monopolio de la fuerza a cambio de estabilidad política.

Eso es algo cualitativamente distinto, y más perturbador, que la corrupción individual de siempre. No es un hombre que se corrompió. Es una institución que se ofreció.

Por eso el caso Inzunza genera tanta atención. No solo por sus detalles particulares, sino porque representa el choque entre dos narrativas que México lleva años intentando reconciliar sin éxito: la del político exitoso que parecía destinado a gobernar uno de los

estados más importantes del país, y la del funcionario que termina convertido en símbolo de una crisis de confianza cada vez más profunda.

Su tragedia política no consiste únicamente en las acusaciones.

Consiste en haber perdido aquello que realmente construye el poder: la credibilidad.

Cuando la gente deja de creer en tu futuro, el poder comienza a evaporarse. Cuando tus aliados dejan de apostar por ti, el aislamiento se vuelve inevitable. Cuando tu nombre genera más preguntas que certezas, las puertas empiezan a cerrarse, no con portazos, sino con la silenciosa delicadeza con que se cierra una puerta frente a alguien a quien ya no se espera.

Por eso Enrique Inzunza muy probablemente ya no será gobernador de Sinaloa. No porque un

juez lo haya decretado. No porque un partido lo haya expulsado. Sino porque la política mexicana ya comenzó a actuar como si ese futuro hubiera desaparecido.

Y pocas cosas son más devastadoras para un político que seguir ocupando un cargo mientras todos a su alrededor se comportan como si su historia ya hubiera terminado.

Esa es la verdadera decadencia.

No perder el poder. Sino ver cómo el poder te abandona: despacio, en silencio, sin siquiera molestarse en despedirse.

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