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Opinión

La entramada detención del “Mayo” Zambada. Por Caleb Ordóñez T.

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La caída del capo Ismael «El Mayo» Zambada, uno de los líderes más poderosos del Cártel de Sinaloa -pero también de la historia del crimen mundial- marca un punto de inflexión en la reestructura de los grupos criminales más grandes del país.

Caleb Ordóñez T.

Este acontecimiento, que ha acaparado por semanas los titulares y generado intensos debates, plantea interrogantes fundamentales sobre el futuro de la seguridad en el país y las repercusiones políticas que este evento podría desencadenar, no solo para los próximos días, sino para largos y cruentos años de posibles enfrentamientos.

Desde hace décadas, desde las penumbras, Zambada ha sido una figura clave en el narcotráfico internacional, conocido por su habilidad para evadir la captura y mantener una estructura criminal altamente eficiente. Su arresto no solo es un golpe significativo para el Cártel de Sinaloa, sino también una victoria simbólica para el gobierno norteamericano, pero al mismo tiempo una confusión para el

gobierno mexicano, que ha estado bajo una tensa presión por años, para mostrar resultados tangibles en su lucha contra el crimen organizado. La cual ha sido catalogado como un fracaso.

La incomprensible y poco transparente detención de Zambada trae consigo un conjunto complejo de desafíos. Uno de los principales riesgos es la posible fragmentación del Cártel de Sinaloa, lo que podría desencadenar una ola de violencia similar a la que ocurrió tras la captura de Joaquín «El Chapo» Guzmán. La historia ha demostrado que la caída de un capo no necesariamente…

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Opinión

Estados Unidos comienza a sentir los efectos de una política de inmigración cercana a cero

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A un año del endurecimiento de la política migratoria impulsada por la administración del presidente Donald Trump, diversas comunidades y sectores económicos de Estados Unidos comienzan a registrar los efectos de una reducción sostenida de la población nacida en el extranjero. Hospitales, empresas, escuelas y organizaciones comunitarias enfrentan ausencias que ya impactan su funcionamiento cotidiano.

De acuerdo con estimaciones de Oxford Economics, la inmigración neta se ubica actualmente en alrededor de 450 mil personas al año, una cifra muy inferior a los dos o tres millones anuales registrados durante la administración anterior. En 2024, la población nacida fuera del país alcanzó el 14.8 por ciento del total nacional, el nivel más alto desde 1890, aunque la tendencia apunta a una desaceleración marcada.

Las restricciones incluyen el aumento de tarifas de visas, una reducción casi total en la admisión de refugiados, la caída en el ingreso de estudiantes internacionales y la eliminación de programas de estatus legal temporal. El gobierno federal ha informado la expulsión de más de 600 mil personas, mientras que funcionarios han señalado que el objetivo es aproximarse a un escenario similar al de la década de 1920, cuando la inmigración neta llegó a cero.

Los cambios ya se reflejan en distintas regiones del país. En Luisiana, empresas constructoras reportan escasez de mano de obra; en Virginia Occidental, hospitales han perdido médicos y enfermeras formados en el extranjero; y en ciudades como Memphis, ligas deportivas comunitarias han visto disminuir su participación. En zonas con alta presencia migrante, comercios, iglesias y eventos culturales registran menor afluencia por el temor a detenciones.

En Marshalltown, Iowa, una ciudad donde cerca del 19 por ciento de la población es extranjera y se hablan decenas de dialectos en las escuelas públicas, las consecuencias también son visibles. Plantas procesadoras han reducido personal por la expiración de permisos laborales, proyectos de construcción se han visto afectados y familias inmigrantes han optado por retirar a sus hijos de las aulas ante la incertidumbre.

El impacto se extiende a sectores clave como la salud, la agricultura y el cuidado de personas mayores, donde una parte significativa de la fuerza laboral es inmigrante. Autoridades locales, empresarios y académicos coinciden en que, aunque los empleadores buscan alternativas como la automatización o el traslado de operaciones, muchas actividades siguen dependiendo del trabajo presencial.

Especialistas advierten que, a largo plazo, una inmigración reducida podría agravar los efectos del envejecimiento poblacional y limitar el crecimiento económico, especialmente en comunidades que han dependido de la llegada de nuevos habitantes para sostener su desarrollo.

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