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La verdad sobre las relaciones sexuales de extranjeros en Qatar 2022

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Los asistentes a la Copa del Mundo de Qatar deberán apegarse a las costumbres y reglas locales, pero no por ello deberán temer hasta la exageración por su vestimenta o lo que hagan en la intimidad, publicó Fox Sports.

En los últimos días cobró auge la noticia de que el sexo entre personas que no estén casadas está penado con siete años de cárcel por las autoridades qataríes.

Caleb Ordoñez 

Aunque esto es real pero no representa novedad alguna porque se trata de las normas establecidas por el Islam, la religión que sirve como base para la legislación del país, la realidad es que el gobierno local no irrumpirá en la intimidad de los visitantes extranjeros, ni exigirá actas de matrimonio para parejas que renten habitaciones de hotel.

Esto fue confirmado por representantes del gobierno de Qatar a Fox Sports.Además, aseguraron que respecto a los códigos de vestimenta es exagerado pensar que los hombres no podrán usar shorts o las mujeres siempre deberán estar vestidas sin dejar al descubierto alguna parte de su cuerpo.

Estos rigurosos protocolos deben cumplirse principalmente si alguien quiere acudir a una mezquita, pero no aplicará para quien quiera acudir a un estadio con pantalones cortos, por ejemplo.

Los casos donde podrían castigarse las relaciones sexuales entre personas que no conformen un matrimonio, son cuando alguno de los dos acuse al otro de haber tenido esa relación.

Un caso relacionado aunque no similar fue el de la mexicana Paola Shietekat, quien denunció abuso sexual y en vez de ser tratada como víctima, fue acusada de tener relaciones fuera del matrimonio porque así lo argumenó su presunto violador, a quien el gobierno local le dio el beneficio de la duda.

El director de comunicación de la embajada de Qatar en México, Abud Onji, profundizó sobre el tema para aclarar los rumores que todavía envuelven temas sociales de cara a la Copa del Mundo 2022.

¿Qué es cierto y qué son afirmaciones exageradas sobre lo que se especula sobre las penas por el sexo extramarital en Qatar?

Para poder responder a esta pregunta será necesario entender previamente el contexto completo de la lay qatarí y las formas de aplicarla. En primer lugar, es importante comprender que la ley en Qatar se basa en la legislación islámica, y esta última como muchas de las religiones prohíbe las relaciones sexuales extramatrimoniales. Será lo mismo, por ejemplo, en el caso de un país que usa la legislación bíblica o cristiana como base para sus leyes, los cuales tampoco permitirán el sexo extramatrimonial.

Lo anterior no quiere decir que las autoridades pueden invadir la privacidad de una persona, esto jamás va a pasar. En Qatar aproximadamente el 80% de la población es extranjera, viven sus propias culturas y practican sus propias religiones.

Para entenderlo de mejor forma, y usando los mismos términos que encontramos en los medios de comunicación últimamente, la autoridad no va a invadir tu privacidad para prohibir una “aventura de una noche”, sin embargo, si dicha aventura provoca que una persona te demande por alguna u otra razón, en este caso violar la ley qatarí sobre el sexo extramatrimonial será uno de los cargos que tendrás que enfrentar.

¿En qué medida el código de vestimenta depende de los lugares que los extranjeros visiten en Qatar?

Definitivamente el código de vestimenta es un tema de respeto a las culturas ajenas y los lugares sagrados, sin embargo tampoco hay que exagerar, ya que no habrá un filtro en el aeropuerto de Doha que te va a permitir entrar al país siempre y cuando traes vestimenta adecuada. Simplemente hay que respetar los lugares y los ambientes que generan, no se puede usar un short en una visita a las mesquitas por ejemplo, así como la ropa que usas para los lugares religiosos no es la misma que puedes usar en la playa. En pocas palabras es un tema de sentido común.

¿Cuáles son las principales reglas de conducta que deben cumplir los visitantes durante Qatar 2022?

Simplemente respetar una cultura y una sociedad diferente, no exagerar sino estar abiertos a conocer un país en una gran oportunidad que es la FIFA World Cup Qatar 2022. Así como en México los extranjeros respetamos muchas reglas basadas en usos y costumbres, en Qatar será el mismo caso.

En este mismo orden de ideas, vale la pena aclarar el tema de las muestras de afecto, ya que en los medios de comunicación se mal interpretó y se sacó de su contexto inicial. En Qatar, así como en muchas sociedad árabes y musulmanas, la intimidad es una actividad muy privada y hasta cierto grado “sagrada”, es por ello que la gente en dichas sociedades no se acostumbran a ver muestras de afecto muy obvias en lugares públicas en comparación con las sociedades latinas, y lo anterior no tiene que ver con la orientación sexual, sino con la forma de entender y compartir la intimidad. Por ejemplo, para una familia qatarí que está en un restaurante con sus niños, unas muestras de afecto de otras personas les pueden parecer como actos irresponsables en presencia de sus hijos.

Opinión

Inzunza: la decadencia del favorito. Por Caleb Ordóñez T.

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Hay políticos que caen peleando. Hay políticos que caen defendiendo una causa. Y hay políticos cuya caída comienza mucho antes de que ellos mismos se den cuenta; cuando todavía sonríen en las fotografías oficiales y firman acuerdos con la soltura de quien cree que el futuro le pertenece.

La historia reciente de Enrique Inzunza Cázares parece pertenecer a esta última categoría.

Porque más allá de las acusaciones que enfrenta, más allá de los expedientes estadounidenses y más allá del ruido mediático que rodea a Sinaloa, hay algo que llama poderosamente la atención: Inzunza no se comporta como alguien que busca convencer al país de su inocencia. Se comporta como alguien atrapado en una partida de ajedrez donde cada movimiento tiene un único objetivo: sobrevivir un turno más. Viviendo en un eterno jaque.

Durante años fue presentado como uno de los hombres más inteligentes del círculo cercano de Rubén Rocha Moya. Jurista, magistrado, presidente del Supremo Tribunal de Justicia, secretario general de Gobierno y después senador de la República. Su ascenso fue tan rápido que muchos (casi todos) dentro de Morena en Sinaloa, lo veían como una especie de gobernador en espera.

No era un político de masas. No era un gran orador. No era un líder carismático.

Su poder provenía de otra parte: de la operación silenciosa, del control institucional, de la cercanía con el grupo gobernante y de una influencia que crecía discretamente, lejos de los reflectores, precisamente donde ese tipo de poder se cultiva mejor.

Por eso resulta tan revelador observar lo que ocurre hoy.Cuando un político es acusado injustamente, normalmente intenta salir a dar la cara. Busca entrevistas. Explica. Debate. Confronta. Construye una narrativa que lo sostenga mientras el temporal amaina.

Inzunza ha hecho exactamente lo contrario.

Los números lo dicen con una frialdad que ningún argumento político puede disfrazar.

Desde el 29 de abril de 2026, cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos hizo pública la acusación formal en su contra, Inzunza acumuló 21 días de ausencia en sesiones del Congreso. No pidió licencia. No renunció. Simplemente dejó de aparecer. Su única reaparición fue una fotografía en redes sociales junto a su madre, con ubicación en Batequitas, Badiraguato. Un político que dice no tener nada que esconder, escondido. Y cuando finalmente habló, lo hizo desde X, con una frase que revela más de lo que oculta:

«Soy abogado de mí mismo y me basta mi probidad.» Es la declaración de alguien que no quiere testigos en su defensa.

Y en política las formas importan tanto como los hechos, porque la percepción pública rara vez se construye únicamente con documentos judiciales. También se construye observando cómo reaccionan los protagonistas cuando el suelo comienza a moverse bajo sus pies.

Lo que proyecta Inzunza no es fortaleza. No transmite confianza. No parece un político concentrado en demostrar que las acusaciones son falsas.

Parece un político concentrado en administrar daños.

Esa imagen explica en buena medida por qué hoy se encuentra tan aislado. No porque Morena haya decidido abandonarlo de la noche a la mañana. No porque el Senado haya ejecutado una conspiración interna. Sino porque el propio Inzunza dejó de ser una apuesta rentable.

La política es brutalmente pragmática. Los partidos respaldan a quienes generan votos, estabilidad o futuro. Cuando un liderazgo comienza a representar riesgo, incertidumbre o desgaste, las distancias aparecen solas, sin reuniones, sin comunicados, sin rupturas formales. Simplemente aparecen.

Hace apenas unos meses su nombre figuraba entre los aspirantes más serios para suceder a Rocha en la gubernatura de Sinaloa. Hoy prácticamente nadie dentro del oficialismo habla de esa posibilidad. No porque exista una sentencia. No porque haya sido declarado culpable. Sino porque la candidatura dejó de ser viable.

Y en política la inviabilidad suele ser una condena mucho más rápida que cualquier resolución judicial.

Lo verdaderamente inquietante es que el caso de Inzunza trasciende a una sola persona.

Se convierte en un espejo incómodo para todo el sistema político mexicano.

Lo que hace singular el caso de Inzunza no es la acusación en sí. Es la arquitectura que describe. Según el expediente estadounidense, Inzunza habría acompañado al gobernador

Rocha Moya a una reunión con Los Chapitos tras las elecciones de junio de 2021, cuando todavía era secretario general del gobierno estatal y en ese encuentro habrían acordado que el cártel tendría control sobre la Policía Estatal de Sinaloa. Si eso es cierto, no estamos hablando de un funcionario que recibió un sobre. Estamos hablando de una negociación institucional: el Estado cediendo su monopolio de la fuerza a cambio de estabilidad política.

Eso es algo cualitativamente distinto, y más perturbador, que la corrupción individual de siempre. No es un hombre que se corrompió. Es una institución que se ofreció.

Por eso el caso Inzunza genera tanta atención. No solo por sus detalles particulares, sino porque representa el choque entre dos narrativas que México lleva años intentando reconciliar sin éxito: la del político exitoso que parecía destinado a gobernar uno de los

estados más importantes del país, y la del funcionario que termina convertido en símbolo de una crisis de confianza cada vez más profunda.

Su tragedia política no consiste únicamente en las acusaciones.

Consiste en haber perdido aquello que realmente construye el poder: la credibilidad.

Cuando la gente deja de creer en tu futuro, el poder comienza a evaporarse. Cuando tus aliados dejan de apostar por ti, el aislamiento se vuelve inevitable. Cuando tu nombre genera más preguntas que certezas, las puertas empiezan a cerrarse, no con portazos, sino con la silenciosa delicadeza con que se cierra una puerta frente a alguien a quien ya no se espera.

Por eso Enrique Inzunza muy probablemente ya no será gobernador de Sinaloa. No porque un

juez lo haya decretado. No porque un partido lo haya expulsado. Sino porque la política mexicana ya comenzó a actuar como si ese futuro hubiera desaparecido.

Y pocas cosas son más devastadoras para un político que seguir ocupando un cargo mientras todos a su alrededor se comportan como si su historia ya hubiera terminado.

Esa es la verdadera decadencia.

No perder el poder. Sino ver cómo el poder te abandona: despacio, en silencio, sin siquiera molestarse en despedirse.

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