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Opinión

León. Por Raúl Saucedo

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La estrategia de la supervivencia

El pontificado de León XIII se desplegó en un tablero político europeo en ebullición. La unificación italiana, que culminó con la pérdida de los Estados Pontificios, dejó una herida abierta.

Lejos de replegarse, León XIII orquestó una diplomacia sutil y multifacética. Buscó alianzas —incluso improbables— para defender los intereses de la Iglesia. Su acercamiento a la Alemania de Bismarck, por ejemplo, fue un movimiento pragmático para contrarrestar la influencia de la Tercera República Francesa, percibida como hostil.

Rerum Novarum no fue solo un documento social, sino una intervención política estratégica. Al ofrecer una alternativa al socialismo marxista y al liberalismo salvaje, León XIII buscó ganar influencia entre la creciente clase obrera, producto de la Revolución Industrial. La Iglesia se posicionó como mediadora, un actor crucial en la resolución de la “cuestión social”. Su llamado a la justicia y la equidad resonó más allá de los círculos católicos, influyendo en la legislación laboral de varios países.

León XIII comprendió el poder de la prensa y de la opinión pública. Fomentó la creación de periódicos y revistas católicas, con el objetivo de influir en el debate público. Su apertura a la investigación histórica, al permitir el acceso a los archivos vaticanos, también fue un movimiento político, orientado a proyectar una imagen de la Iglesia como defensora de la verdad y del conocimiento.

Ahora, trasladémonos al siglo XXI. Un nuevo papa —León XIV— se enfrentaría a un panorama político global fragmentado y polarizado. La crisis de la democracia liberal, el auge de los populismos y el resurgimiento de los nacionalismos plantean desafíos inéditos.

El Vaticano, como actor global en un mundo multipolar, debería —bajo el liderazgo de León XIV— navegar las relaciones con potencias emergentes como China e India, sin descuidar el diálogo con Estados Unidos y Europa. La diplomacia vaticana podría desempeñar un papel crucial en la mediación de conflictos regionales, como la situación en Ucrania o las tensiones en Medio Oriente.

La nueva “cuestión social”: la desigualdad económica, exacerbada por la globalización y la automatización, exige una respuesta política. Un León XIV podría abogar por un nuevo pacto social que garantice derechos laborales, acceso a la educación y a la salud, y una distribución más justa de la riqueza. Su voz podría influir en el debate sobre la renta básica universal, la tributación de las grandes corporaciones y la regulación de la economía digital.

La ética en la era digital: la desinformación, la manipulación algorítmica y la vigilancia masiva representan serias amenazas para la democracia y los derechos humanos. León XIV podría liderar un debate global sobre la ética de la inteligencia artificial, la protección de la privacidad y el uso responsable de las redes sociales. Podría abogar por una gobernanza democrática de la tecnología, que priorice el bien común sobre los intereses privados.

El futuro de la Unión Europea: con la disminución de la fe en Europa, el papel del Vaticano se vuelve más complejo en la política continental. León XIV podría ser un actor clave en la promoción de los valores fundacionales de la Unión, y contribuir a dar forma a un futuro donde la fe y la razón trabajen juntas.

Un León XIV, por lo tanto, necesitaría ser un estratega político astuto, un líder moral visionario y un comunicador eficaz. Su misión sería conducir a la Iglesia —y al mundo— a través de un período de profunda incertidumbre, defendiendo la dignidad humana, la justicia social y la paz global.

Para algunos, el nombramiento de un nuevo papa puede significar la renovación de su fe; para otros, un evento geopolítico que suma un nuevo actor a la mesa de este mundo surrealista.

@Raul_Saucedo

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Acontecer

“Otra irresponsabilidad que costó vidas humanas”, señala Alfredo Chávez tras descarrilamiento del Tren Interoceánico

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• Cuestiona fallas en obra ferroviaria federal tras accidente en Oaxaca.

Chihuahua, Chihuahua.- Tras el descarrilamiento del Tren Interoceánico del Istmo de Tehuantepec en el estado de Oaxaca, que de acuerdo con reportes preliminares dejó al menos 13 personas fallecidas y decenas de personas lesionadas, el coordinador del Grupo Parlamentario del PAN en el Congreso del Estado de Chihuahua, Alfredo Chávez Madrid, señaló que el hecho pone en duda la calidad y supervisión de las obras ferroviarias impulsadas por el gobierno federal de Morena.

Al hablar a nombre de las y los diputados del PAN, el legislador indicó que se trata de una obra ferroviaria reciente, financiada con recursos públicos y destinada al transporte de pasajeros, por lo que consideró inadmisible que haya presentado una falla de esta magnitud con consecuencias humanas, dentro de un proyecto estratégico del actual gobierno federal.

Chávez Madrid afirmó que “esta es otra irresponsabilidad que ahora costó vidas humanas, una obra que está mal hecha, porque en ninguna parte del mundo un tren nuevo se descarrila, solo en este país, con obras que costaron miles de millones de pesos que estamos pagando los mexicanos y los chihuahuenses con nuestros impuestos”, y lamentó que no se haya asumido el daño causado a las familias de las víctimas.

El coordinador del GPPAN sostuvo que este hecho no puede tratarse como un caso aislado y que es necesario esclarecer las causas del accidente, revisar la planeación y supervisión de la obra y deslindar responsabilidades ante la ciudadanía.

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