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Opinión

Los prusianos. Por Raúl Saucedo

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Ecos del segundo parcial

La educación es un derecho fundamental de todo ser humano. En México, la educación es gratuita y obligatoria para todos los niños y adolescentes de 6 a 15 años. El sistema educativo en nuestro país es uno de los más grandes del mundo, 40 millones de personas trabajan en el sistema de educación (30% de la población).

Este es un sistema enorme y vertical…es la materialización mexicana de las ideas del filósofo aleman Johann Fichte que indignado porque después de la humillante derrota que sufrieron las fuerzas prusianas a manos de los franceses, fueron los mismos habitantes de Prusia (Reino de Europa Central en los siglos XVIII y XX)  quienes aplaudieron a los vencedores. Sacudido por la escena, Fichte propuso la creación de un sistema educativo obligatorio para todos los alemanes que enfatice la unidad y superioridad de su nación.

Casi un siglo después en México se construyó un sistema nacional, único y obligatorio. lo fundó Justo Sierra, un filósofo y político mexicano. que a sus 13 años pudo ser testigo de cómo los habitantes de México replicaban la escena prusiana al recibir a Maximiliano y Carlota. De hecho Porfirio Diaz (que vestía a sus generales con los cascos prusianos de pico)  debió de quizá aplaudir el sistema planteado por Sierra ya que se basa en el centralismo y la toma de decisiones únicas.

Sierra creía que la educación era la clave para el desarrollo de la nación. Quería crear una sociedad de ciudadanos educados y responsables ante sus responsabilidades patrióticas. Los estudiantes aprenden a leer, escribir y hacer matemáticas en los primeros años. También aprenden sobre la historia, la geografía y la cultura nacional. En los años posteriores, los estudiantes pueden elegir entre una variedad del conocimiento, como ciencias, matemáticas, literatura, historia y filosofía.

A través del tiempo aunque ha habido reformas educativas, estas han sido más administrativas que filosóficas. Quizá los problemas actuales  radiquen en la raíz filosófica del sistema, que perpetúa la desigualdad y el control. refuerzan la exclusión de ciertos sectores de la población, dejando fuera a comunidades indígenas y rurales.

Que ironía de que, en una era de grandes cambios tecnológicos y sociales como la que vivimos, el sistema educativo siga operando bajo los mismos preceptos de control del siglo XIX. El modelo educativo necesita una revisión filosófica más profunda, que desafíe los supuestos tradicionales y abrace una pedagogía más inclusiva.

Para cambiar este rumbo, la filosofía de la educación debe ser replanteada. A reflexionar sobre qué tipo de sociedad queremos construir y cómo la educación puede jugar un papel clave en este proceso. La educación, más que un simple mecanismo de reproducción social, debe ser vista como un espacio de transformación y crítica hacia el futuro.

Pero bueno estas reflexiones me asaltan quizá por la reciente noche Germana-Mexicana o quizá simplemente por la próxima captura de calificaciones del segundo parcial, donde se avecinan los resultados del sistema en cuestión.

@Raul_Saucedo

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Opinión

¿Por qué Roberto Lazzeri? La hora de negociar duro. Por Caleb Ordóñez Talavera

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Cuando un país decide quién lo representa en Washington, no solo elige un nombre: elige una estrategia. Y México acaba de elegir números sobre discursos.

Caleb Ordoñez

Roberto Lazzeri Montaño —economista del CIDE, operador financiero de carrera, arquitecto silencioso de deuda pública y crédito productivo— está a punto de convertirse en el embajador mexicano en Estados Unidos justo cuando la relación bilateral entra a su etapa más técnica, más tensa y más cara de la historia reciente.

No es coincidencia. Es cálculo.

Es un hombre que viene de los números. Lazzeri no llegó a la política por la puerta grande de los partidos ni por los reflectores del activismo. Llegó en 2005 por las hojas de cálculo del entonces Distrito Federal, manejando deuda pública cuando la mayoría de los funcionarios de su generación todavía aprendían el oficio. De ahí pasó a Banobras, luego a la Secretaría de Hacienda, y eventualmente a dirigir simultáneamente Nafin y Bancomext —los dos brazos del crédito productivo del Estado mexicano— en uno de los momentos más volátiles para el financiamiento externo del país.

Su cercanía con la 4T no es ideológica en el sentido clásico: es funcional. Trabajó directamente con Rogelio Ramírez de la O, el cerebro económico del obradorismo, y entendió —mejor que muchos— cómo sostener estabilidad macroeconómica dentro de un proyecto político que desconfía de los mercados pero los necesita. Eso lo hace valioso para Claudia Sheinbaum: no solo entiende el modelo, sino que sabe ejecutarlo sin romperlo.

¿Por qué ahora y por qué él?

Esteban Moctezuma no sale de Washington por fracaso. Sale porque el tablero cambió de juego. Desde 2021 fue el interlocutor ideal para una etapa de transición: perfil conciliador, relaciones sólidas, útil en el paso de Trump a Biden y en la consolidación inicial del TMEC. Cumplió y seguramente seguirá en la vida diplomática de primer nivel.

Pero lo que viene no se gestiona con diplomacia política. Se gestiona con ingeniería económica.

El comercio bilateral entre México y Estados Unidos supera los 900 mil millones de dólares anuales. Más del 80% de las exportaciones mexicanas dependen del mercado estadounidense. La revisión del TMEC se aproxima en 2026 con sectores enteros bajo presión —automotriz, acero, aluminio, energía— mientras Washington mantiene un discurso endurecido sobre fentanilo, migración y crimen organizado que complica cualquier conversación comercial.

A ese escenario se suman dos relojes políticos que corren en paralelo: el Mundial 2026, donde México coorganiza con Estados Unidos y Canadá una logística de seguridad e inversión sin precedentes, y las elecciones intermedias americanas, donde el proteccionismo y la retórica antiinmigrante históricamente se disparan. Lazzeri aterrizaría en Washington justo cuando los tres se cruzan.

La apuesta y el riesgo

Mandar a un financiero a la embajada más importante del país es un mensaje que Washington sabe leer: lo que viene es negociación dura, no protocolo. Pero esa misma fortaleza es su mayor vulnerabilidad.

Lazzeri llega sin red política propia en Estados Unidos, sin los vínculos personales que toman años construir con congresistas, reguladores y grupos empresariales. En una capital donde las relaciones informales mueven tanto como los tratados formales, eso importa. Y el tiempo para construirlas será escaso: la revisión del TMEC no esperará a que el nuevo embajador encuentre su ritmo.

Su verdadero reto no es técnico. Es traducir credibilidad financiera en poder diplomático real: negociar aranceles sin sacrificar industrias mexicanas, defender el tratado sin contradecir la narrativa nacionalista de la 4T y mantener la confianza de los inversionistas extranjeros en un entorno global que premia la certeza y castiga la ambigüedad.

En la relación más importante (y más costosa) que tiene México, no hay margen para la curva de aprendizaje. Lazzeri lo sabe. La pregunta es si Washington también está dispuesto a escuchar al técnico que llega a cambiar las reglas del juego o solo a administrarlas.????????????????

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