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Oficialmente pierden el registro de Encuentro Solidario, Redes Sociales Progresistas y Fuerza por México

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La Junta General Ejecutiva del Instituto Nacional Electoral (INE) emitió la declaratoria de pérdida del registro de los Partidos Políticos Nacionales Encuentro Solidario, Redes Sociales Progresistas y Fuerza por México, al no haber obtenido el 3% de la votación válida emitida en el pasado Proceso Electoral Federal.

El Consejero Presidente, Lorenzo Córdova Vianello, aseguró que esta declaratoria marca el inicio de un proceso de reconfiguración del sistema de partidos políticos mexicanos que está impregnado por una intensa vitalidad.

“Hoy que los litigios respecto de la elección federal de 2021 ante las instancias jurisdiccionales han terminado, el INE está en grado de poder activar la causal más importante de redefinición del propio sistema de partidos.

Hoy iniciamos un proceso que venturosamente volverá a abrirse para que sean las y los ciudadanos quienes decidan si las opciones políticas que hoy quedan satisfacen su diversidad; si no, habrá nuevos partidos y serán ellos los que decidan quiénes se van y quiénes se quedan”, sentenció.

Córdova Vianello refirió que la autoridad electoral no es más que un instrumento verificador de que los parámetros constitucionales se han cumplido, por lo que el otorgamiento de registro y su eventual cancelación está en manos de la ciudadanía que con su voto define la arena de la competencia electoral.

Agregó que este proceso es también un reflejo del carácter evolutivo de nuestro propio sistema democrático, ya que entre 1953 y 1978 prevalecía un sistema cerrado y estático donde los cuatro partidos que contaban con registro lo mantuvieron sin que ninguna fuerza política pudiera acceder.

En este sentido, recordó que la transición buscó reflejar la pluralidad de la sociedad y en la actualidad se permite que cada seis años los partidos se regeneren con nuevas opciones y cada tres años si no obtienen el mínimo de respaldo ciudadano en las urnas salen de nuestro sistema electoral.

“Eso habla de un sistema acorde a la realidad del país, un país, una sociedad que no cabe bajo una sola voz, un solo membrete político o una sola posición ideológica; un país rico, diversos, plural, que se renueva periódicamente permitiendo que nuevas opciones lleguen y compitan por el voto público”, añadió.

Al presentar el acuerdo, el Director Ejecutivo de Prerrogativas y Partidos Políticos, Patricio Ballados, explicó que la declaratoria se da tras verificar que tanto en la elección de Mayoría Relativa como de Representación Proporcional de las diputaciones que se disputaron el pasado 6 de junio, los tres partidos políticos no lograron obtener el 3% de la votación válida emitida.

De acuerdo con los documentos, el porcentaje final que cada una de las fuerzas políticas obtuvo fue:

ENCUENTRO SOLIDARIO

VOTACIÓN

PORCENTAJE

DIPUTACIONES DE MAYORÍA RELATIVA 

1,344,835

2.8546%

DIPUTACIONES DE REPRESENTACIÓN PROPORCIONAL 

1,352,388

2.8514%

 

REDES SOCIALES PROGRESISTAS

VOTACIÓN

PORCENTAJE

DIPUTACIONES DE MAYORÍA RELATIVA 

864,391

1.8348%

DIPUTACIONES DE REPRESENTACIÓN PROPORCIONAL 

868,444

1.8311%

 

FUERZA POR MÉXICO

VOTACIÓN

PORCENTAJE

DIPUTACIONES DE MAYORÍA RELATIVA 

1,210,384

2.5692%

DIPUTACIONES DE REPRESENTACIÓN PROPORCIONAL 

1, 216,780

2.5655%

 

Con la declaratoria aprobada este lunes se da vista a cada uno de los partidos políticos para que aleguen lo que a su derecho convenga, para lo cual cuentan con 72 horas a partir de su notificación legal.

Una vez cumplido el plazo, la Junta General Ejecutiva dará paso a la elaboración del Proyecto de Dictamen respecto de la pérdida de registro de cada uno de los institutos políticos, el cual deberá ser presentado ante el Consejo General para su eventual aprobación.

La declaratoria se da luego de que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación concluyó con la resolución de todos los medios de impugnación interpuestos por los distintos partidos políticos y coaliciones, respecto a los resultados de las elecciones ordinarias federales para diputaciones celebradas el pasado 6 de junio.

Reconoce Junta General Ejecutiva a Patricio Ballados

Durante la sesión, el Director Ejecutivo de Prerrogativas y Partidos Políticos, Patricio Ballados aprovechó para agradecer a todos los miembros de la Juta General Ejecutiva sus atenciones, amistad y trabajo conjunto que desempeñaron a lo largo de casi siete años de labor en la institución.

El Consejero Presidente agradeció a Ballados su entrega en el encargo que asumió desde el 2014, así como su contribución para construir una autoridad electoral que hoy es más fuerte de como la recibió.

Los titulares de las distintas Direcciones Ejecutivas se sumaron al reconocimiento de la trayectoria de Patricio Ballados, además de que le externaron su agradecimiento por el respaldo que a cada uno de ellos les brindó a lo largo de su paso por el INE.

Finalmente, el todavía Director Ejecutivo de Prerrogativas y Partidos Políticos agradeció las palabras de todas y todos y aseguró que su labor puedo realizarse exitosamente gracias al apoyo de los integrantes de su área, la cual confió seguirá trabajando con la misma calidad o mejor que durante estos últimos años.

Opinión

Inzunza: la decadencia del favorito. Por Caleb Ordóñez T.

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Hay políticos que caen peleando. Hay políticos que caen defendiendo una causa. Y hay políticos cuya caída comienza mucho antes de que ellos mismos se den cuenta; cuando todavía sonríen en las fotografías oficiales y firman acuerdos con la soltura de quien cree que el futuro le pertenece.

La historia reciente de Enrique Inzunza Cázares parece pertenecer a esta última categoría.

Porque más allá de las acusaciones que enfrenta, más allá de los expedientes estadounidenses y más allá del ruido mediático que rodea a Sinaloa, hay algo que llama poderosamente la atención: Inzunza no se comporta como alguien que busca convencer al país de su inocencia. Se comporta como alguien atrapado en una partida de ajedrez donde cada movimiento tiene un único objetivo: sobrevivir un turno más. Viviendo en un eterno jaque.

Durante años fue presentado como uno de los hombres más inteligentes del círculo cercano de Rubén Rocha Moya. Jurista, magistrado, presidente del Supremo Tribunal de Justicia,

secretario general de Gobierno y después senador de la República. Su ascenso fue tan rápido que muchos (casi todos) dentro de Morena en Sinaloa, lo veían como una especie de gobernador en espera.

No era un político de masas. No era un gran orador. No era un líder carismático.

Su poder provenía de otra parte: de la operación silenciosa, del control institucional, de la cercanía con el grupo gobernante y de una influencia que crecía discretamente, lejos de los

reflectores, precisamente donde ese tipo de poder se cultiva mejor.

Por eso resulta tan revelador observar lo que ocurre hoy.Cuando un político es acusado injustamente, normalmente intenta salir a dar la cara. Busca entrevistas. Explica. Debate. Confronta. Construye una narrativa que lo sostenga mientras el

temporal amaina.

Inzunza ha hecho exactamente lo contrario.

Los números lo dicen con una frialdad que ningún argumento político puede disfrazar.

Desde el 29 de abril de 2026, cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos hizo pública la acusación formal en su contra, Inzunza acumuló 21 días de ausencia en sesiones del Congreso. No pidió licencia. No renunció. Simplemente dejó de aparecer. Su única

reaparición fue una fotografía en redes sociales junto a su madre, con ubicación en Batequitas, Badiraguato. Un político que dice no tener nada que esconder, escondido. Y cuando finalmente habló, lo hizo desde X, con una frase que revela más de lo que oculta:

«Soy abogado de mí mismo y me basta mi probidad.» Es la declaración de alguien que no quiere testigos en su defensa.

Y en política las formas importan tanto como los hechos, porque la percepción pública rara vez se construye únicamente con documentos judiciales. También se construye observando

cómo reaccionan los protagonistas cuando el suelo comienza a moverse bajo sus pies.

Lo que proyecta Inzunza no es fortaleza. No transmite confianza. No parece un político concentrado en demostrar que las acusaciones son falsas.

Parece un político concentrado en administrar daños.

Esa imagen explica en buena medida por qué hoy se encuentra tan aislado. No porque Morena haya decidido abandonarlo de la noche a la mañana. No porque el Senado haya ejecutado una conspiración interna. Sino porque el propio Inzunza dejó de ser una apuesta

rentable.

La política es brutalmente pragmática. Los partidos respaldan a quienes generan votos, estabilidad o futuro. Cuando un liderazgo comienza a representar riesgo, incertidumbre o

desgaste, las distancias aparecen solas, sin reuniones, sin comunicados, sin rupturas formales. Simplemente aparecen.

Hace apenas unos meses su nombre figuraba entre los aspirantes más serios para suceder a Rocha en la gubernatura de Sinaloa. Hoy prácticamente nadie dentro del oficialismo habla de esa posibilidad. No porque exista una sentencia. No porque haya sido declarado culpable. Sino porque la candidatura dejó de ser viable.

Y en política la inviabilidad suele ser una condena mucho más rápida que cualquier resolución judicial.

Lo verdaderamente inquietante es que el caso de Inzunza trasciende a una sola persona.

Se convierte en un espejo incómodo para todo el sistema político mexicano.

Lo que hace singular el caso de Inzunza no es la acusación en sí. Es la arquitectura que describe. Según el expediente estadounidense, Inzunza habría acompañado al gobernador

Rocha Moya a una reunión con Los Chapitos tras las elecciones de junio de 2021, cuando

todavía era secretario general del gobierno estatal y en ese encuentro habrían acordado que el cártel tendría control sobre la Policía Estatal de Sinaloa. Si eso es cierto, no estamos

hablando de un funcionario que recibió un sobre. Estamos hablando de una negociación institucional: el Estado cediendo su monopolio de la fuerza a cambio de estabilidad política.

Eso es algo cualitativamente distinto, y más perturbador, que la corrupción individual de siempre. No es un hombre que se corrompió. Es una institución que se ofreció.

Por eso el caso Inzunza genera tanta atención. No solo por sus detalles particulares, sino porque representa el choque entre dos narrativas que México lleva años intentando reconciliar sin éxito: la del político exitoso que parecía destinado a gobernar uno de los

estados más importantes del país, y la del funcionario que termina convertido en símbolo de una crisis de confianza cada vez más profunda.

Su tragedia política no consiste únicamente en las acusaciones.

Consiste en haber perdido aquello que realmente construye el poder: la credibilidad.

Cuando la gente deja de creer en tu futuro, el poder comienza a evaporarse. Cuando tus aliados dejan de apostar por ti, el aislamiento se vuelve inevitable. Cuando tu nombre genera más preguntas que certezas, las puertas empiezan a cerrarse, no con portazos, sino con la silenciosa delicadeza con que se cierra una puerta frente a alguien a quien ya no se espera.

Por eso Enrique Inzunza muy probablemente ya no será gobernador de Sinaloa. No porque un

juez lo haya decretado. No porque un partido lo haya expulsado. Sino porque la política mexicana ya comenzó a actuar como si ese futuro hubiera desaparecido.

Y pocas cosas son más devastadoras para un político que seguir ocupando un cargo mientras todos a su alrededor se comportan como si su historia ya hubiera terminado.

Esa es la verdadera decadencia.

No perder el poder. Sino ver cómo el poder te abandona: despacio, en silencio, sin siquiera molestarse en despedirse.

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