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Opinión: ¿Qué tan malo es el malo?

No sé si alguien más reconozca esta imagen. Pero daré un poco de contexto:

La historia se remonta muchos años atrás, en esta serie retoman la vida de los personajes de la película Karate Kid. Yo no recuerdo detalles, pero a todos los que sabemos de ella, nos quedaba muy claro que el protagonista era el bueno. Y que el antagonista, era el malo.

En esta serie, toman en cuenta precisamente a los dos personajes, enfocándose en la vida de “el malo”, y te hacen saber cómo vivió la historia que nos contaron. Y al ver su versión, con datos y escenas reales, no queda tan clara su mala fe.

Entonces es cuando me pregunto… ¿qué tan malo es el malo?

Tomo este ejemplo específico, pero de algunos años para acá, han mostrado de alguna manera la verdad de los villanos con los que crecimos.

Como si los que hicieron las películas entonces, con la notoria lucha entre el bien y el mal, quisieran decirnos algo.
Como si quisieran borrar el mensaje de: o te aman o te odian.

Maléfica, The Joker, Cruella de Vil, que aunque no la he visto, asumo que va por el camino de estas otra. En donde humanizan al villano, y queda mucho mejor explicado -y entendido- su comportamiento y las razones que tenían.

Creo que vale la pena hacer esta reflexión y darnos cuenta que aunque eres el protagonista de tu vida, habrá historias, momentos o casos en los que toca ser el “villano”, sin haber actuado mal, sin haber deseado hacerle daño a alguien más, inevitablemente sucede.

Y eso no nos hace malos. Nos hace humanos. Y son experiencias que nos llevan a aprender, madurar, y darnos cuenta que la vida tiene sus escalas de grises, y cada quien cuenta su propia historia, no es que sea otra realidad, simplemente es alguien más quien la cuenta, otra perspectiva, otro modo de ver las cosas.

Nancy Anahi Toledo Rascón
Instagram @eso.pienso

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Opinión

Más que una calificación. Por Itali Heide

Los niños y las niñas no son máquinas. Parece una obviedad, pero demasiadas veces se les trata como tales. La escuela es uno de los mayores culpables de esto, ya que muchas se centran en crear robots para continuar con el insostenible idealismo capitalista que persigue la existencia humana, en lugar de proporcionar espacios seguros para que los niños muestren y sigan su curiosidad natural, construyan relaciones y aprendan a su ritmo.

No lo niego: la educación es algo increíble, y puede significar un mundo de diferencia que un niño tenga acceso a una educación de calidad que mejore su vida. Sin embargo, en muchos casos, la escuela puede ser una pesadilla emocional para quienes no caben en las cajitas creadas por la sociedad, donde las calificaciones muestran su inteligencia, la creatividad queda en segundo plano (o en ninguno), y los niños son orientados a sufrir con tal de educarse. ¿Quién dijo que se debe sufrir para aprender?

Hablando por mí, tengo una madre a la que nunca le han importado las calificaciones, y qué suerte la mía, porque no fui hecha para los exámenes. Durante la primaria, secundaria y prepa, me encontraba reprobando clase tras clase por un sistema que se guiaba por la memorización y los exámenes. Fui de esas que no podía poner atención, leía su libro a escondidas debajo del pupitre y lloraba a la hora de tener que escribir respuestas a preguntas que no entendía. Los exámenes y las materias que no me interesaban mataron mis ganas de aprender, y no fue hasta la universidad que me di cuenta que jamás había sido tonta, solamente no cabía en ese sistema que medía mi inteligencia por el número de reactivos que contestaba bien.

La fijación extrema en los exámenes es un error del sistema educativo. ¿Cuántos niños inteligentes, curiosos y apasionados serán aplastados bajo su presión? No ha hecho más que promover una cultura de estudiantes que memorizan, aprueban, olvidan, y pasan al siguiente. Muchas personas argumentan que los exámenes permiten al sistema escolar y a los maestros controlar el progreso de los alumnos y el dominio de los temas, sin embargo, solamente se ha creado una costumbre donde los estudiantes ven a la educación como una serie de objetivos sucesivos que deben cumplirse para graduarse, en lugar de apreciar la increíble habilidad y oportunidad de aprender sobre temas nuevos mientras comparten y crean sus propias conclusiones.

La pasión por aprender ha quedado en el pasado, y es hora de rectificar. Qué diferencia haría tener maestros apasionados y abiertos a escuchar, materias variadas que ayudan a los niños a descubrir sus intereses y pasiones, fomentar los proyectos creativos y dar lugar a la curiosidad natural, sin forzarla. Existen escuelas que hacen esto, sí, pero debería de ser así en todas. En México, de por sí el acceso a la educación es pésima, y ni entraremos a los temas de financiación, mala gestión y un gobierno que gastará e invertirá en cualquier tontería autocomplaciente menos en el futuro del país.

No digo que deban prohibirse totalmente, pero a estas alturas de nuestro conocimiento, no podemos quedarnos quietos y fingir que no nos equivocamos al presionar a los niños para que pongan tanta energía en la memorización de hechos que no les ayudarán a descubrir quiénes son y a dónde quieren llegar. Los niños no son jarras que hay que llenar de datos innecesarios, no son esclavos de la realidad actual sino guardianes y creadores del cambio que la tierra pide a gritos. Son seres humanos con diferentes necesidades, intereses y una infinidad de pensamientos que nunca serán explorados si no se lo permitimos.

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Opinión: El solitario camino hacia ti mismo

Escuché alguna vez decir que el autoconocimiento es un camino solitario, y me hizo darme cuenta que si lo es. Que si le das prioridad a lo que tú quieres hacer, actúas de acuerdo a lo que mejor te hace sentir, y vives pensando en tu bienestar, irremediablemente te alejas de muchas personas.

A lo largo de los años te topas con mucha gente, amigos de ocasión, relaciones circunstanciales, que dan forma a tu vida. Pero no la llenan. No son estructura para ti. Y entonces te alejas…o se alejan.

A estas alturas de mi vida sé perfectamente con quien cuento, quienes son cercanos a mi, a pesar de no convivir tan seguido con ellos, o que no estén físicamente cerca.

Sé muy bien qué papel juego en cada una de las amistades que tengo. Y puedo expresarme de distintas maneras con ellos. Y eso me hace sentir satisfecha. Sobre todo por qué creo que he conservado la cercanía con quienes nutren mi vida. Y esto me dice que voy en camino hacia mi. A ser honesta conmigo misma, a buscar mi tranquilidad, a ser feliz.

No digo debamos cortar relaciones y dejar atrás todo lo que no sea extremadamente afín a ti. Pero si priorizar un poco. Darle el tiempo de calidad a lo que es más tú.

Será cierto que el camino es solitario. Pero, igual de cierto es, que tenemos literalmente toda la vida para recorrerlo. Y nadie más lo puede hacer por nosotros.

Para llegar a ti, hay que saber de ti…conocerte, escucharte, saber todo lo que realmente llena de emoción tu alma y hace feliz tu corazón.

Nancy Anahi Toledo Rascón
Instagram @eso.pienso
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