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Opinión

¿Por qué la protesta antorchista ante el cabildo poblano? Por Aquiles Córdova Morán

Nuestro país, no me cansaré  de repetirlo, sufre graves problemas que, a primera vista, pueden parecer aislados, inconexos y sin ninguna  relación entre sí, pero que, en realidad, tienen en común, en primer lugar, su idéntica naturaleza estructural y, en segundo, que casi todos ellos brotan y se nutren de la misma causa eficiente (Aristóteles dixit): la pobreza lacerante de las mayorías que, a su vez, es consecuencia directa del injusto reparto de la renta nacional, que nos ubica entre las naciones más inequitativas y desiguales del mundo. De la misma matriz brotan problemas tan aparentemente  disímbolos como el explosivo e indetenible crecimiento del crimen, organizado o no; la “plaga” del ambulantaje y sus hermanos gemelos, la “piratería” y el contrabando, que roban el sueño a los señores comerciantes “establecidos”; la dolorosa emigración de la flor y nata de nuestra fuerza laboral (que, si se ha contraído últimamente, es porque los norteamericanos cerraron su frontera, y no porque haya mejorado la situación del empleo y los salarios en el país); y de allí nacen también carencias sociales como la pésima atención de la salud de los pobres, los vergonzosos resultados del sistema educativo nacional, la deficiente y dañina alimentación, que nos tiene en el primer lugar de obesidad infantil en el mundo, el rezago en materia de vivienda, agua potable, energía en los hogares, drenaje, pavimento y un transporte barato, cómodo y seguro para quienes no tienen automóvil propio, entre otros.

Todo esto es innegable y evidente para cualquiera, pero por eso mismo resulta molesto, irritante, y altera la digestión de muchos que, por eso, quisieran que se callase, o, cuando menos, que se “atemperase” en el discurso “para no echar gasolina al fuego”, dicen. Y es justamente esta política del avestruz (que, dicen sus enemigos, entierra la cabeza en la arena para no ver a su perseguidor, creyendo que eso basta para conjurar el peligro), la causa de que tales problemas, que con todo y ser inmensos serían una desgracia a medias si los atacásemos con valor y en su verdadera raíz, se conviertan en una desgracia completa que pone en riesgo al país entero. Y lo peor es que a la numerosa familia de los aprendices de avestruz pertenece un buen número de gobernantes y de funcionarios ubicados en los tres niveles de gobierno, destacados gerifaltes de los llamados “poderes fácticos”, que mucho influyen en las decisiones del gobierno, y (ya sea por conveniencia o por convicción) lo más granado de los medios masivos de comunicación, que hacen eco a los poderosos y los alientan a perseverar en su soberbia y en su desastrosa miopía política. En tales circunstancias, los pobres, con toda su miseria a cuestas, se hallan absolutamente solos, desamparados y atacados desde todos los flancos por fuerzas muy superiores y mucho más pérfidas que las suyas.

Y no hay que ir a Roma por un ejemplo que ilustre a cabalidad lo dicho. Tengo a mano el caso de la protesta pública que los antorchistas poblanos vienen realizando, de pocos días a la fecha, ante el H. Ayuntamiento de la capital, encabezado por el joven político panista Eduardo Rivera, en demanda de que atiendan y den respuesta positiva a viejas peticiones que surgen, precisamente, de la extrema pobreza en que viven los solicitantes. ¿Qué piden? Pavimentos, electrificación, banquetas, mejoramiento a la vivienda, drenaje, mejores servicios de salud, mejor educación para sus hijos; es decir, apenas lo elemental para vivir como seres humanos. Pero, por increíble que parezca, en vez de una solución justiciera, lo que han recibido es una furiosa andanada de ataques mediáticos, a cual más falso e injurioso, basados todos en una intencionada y malévola distorsión de los hechos y de las intenciones de los inconformes y de sus dirigentes, atropellando sin rubor el más elemental decoro de su profesión y cualquier principio de racionalidad y coherencia discursiva, que dé validez mínima a sus señalamientos, críticas y acusaciones. Ninguno de tales ataques vale siquiera el papel barato en que está escrito, menos el esfuerzo serio para desmentirlo. Se trata de un inmundo montón de basura y detritus orgánicos de sus autores, bueno apenas para una antología de la venalidad y de la sumisión interesada y cobarde ante el poder, al mismo tiempo que del desdén y la arrogancia ante los humildes y sus modestos intereses. Y eso sin fijarse en la desvergüenza de algunos de sus autores, que pretenden dar lecciones de moral y de congruencia política a los demás, cuando el mundo entero sabe que de qué tamaño es el rabo que ellos vienen arrastrando desde siempre.

A la lluvia escatológica de los medios hay que sumar, todavía, las “declaraciones” del señor Presidente Municipal y de su Secretario de Gobierno, entre otros, que han salido a declamar el viejo y sobado cuento de que “no negocian bajo presión”, ni con marchas, plantones y “gritos callejeros”, pues “su gobierno siempre ha privilegiado el diálogo”. Y es curioso que, precisamente en este punto, coincidan los funcionarios mencionados con los señores de la prensa, lo que pone al descubierto el origen y la paternidad de los “argumentos” de estos últimos. Pero más curioso todavía resulta el hecho de que ninguna de ambas partes atacantes parezca interesada en documentar y exhibir la breve historia del conflicto, único camino válido para probar que los inconformes mienten cuando afirman que han salido a la calle sólo como último recurso, sólo después de haber agotado, hasta el hartazgo y la náusea, los recursos convencionales de las aburridísimas antesalas, las numerosas vueltas, las “mesas de diálogo” infructuosas, etc., que sólo arrojaron promesas incumplidas una y otra vez. Y no lo hacen porque saben bien que, en ese caso, quedaría al descubierto que el rollo de poner por las nubes “el diálogo” que ellos mismos han manoseado y desprestigiado es una simple muletilla hueca, una burda maniobra mediática para descalificar a los que protestan y para legitimar su negativa a resolver sus demandas.

Finalmente: ¿por qué nadie aborda de frente el carácter y la legitimidad de las demandas, salvo para mentir y burlarse de ellas y de quienes las enarbolan? ¿Son ciertas o falsas, justas o injustas, legítimas o ilegítimas? Y si son ciertas, justas y legítimas, ¿por qué no las resuelven? La respuesta es que la jauría mediática y quienes la tienen de la correa, saben que este no es el terreno más favorable a su “guerrita” mediática de engaños y falsedades; que son arenas movedizas en las que pueden naufragar y cubrirse de ridículo si lo intentan. Pero este silencio sobre los antecedentes del conflicto y sobre el carácter de sus demandas, grita más alto que toda la campaña de lodo que los antorchistas dicen verdad y tienen la razón y la justicia de su parte, y que quienes se niegan a tomarlos en cuenta y los atacan con tan innobles armas, son parte de la fauna imitadora del avestruz: no es necesario enfrentar y resolver los problemas; basta con ignorarlos y sepultarlos bajo una montaña de basura y excremento, para acabar con ellos. Los antorchistas, por eso, seguiremos luchando al lado del pueblo pobre, con todas nuestras capacidades, mientras nos queden fuerzas para hacerlo. No hay de otra.

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Opinión

Huachicol y otros demonios. Por Caleb Ordoñez T.

México lleva ocho años combatiendo el huachicol y el huachicol lleva ocho años ganándole por goleada. López Obrador inauguró su gobierno cerrando ductos y prometiendo mandar al huachicolero al museo de la corrupción del pasado. Ocho años y una transición después, México registró 2,563 tomas clandestinas solo en el primer trimestre de 2026: una cada 51 minutos. El huachicolero no murió. Evolucionó, se puso corbata y aprendió política.

¿Por qué Huachicol?

“Huachicol” nombró primero al alcohol adulterado, era una bebida que prometía una cosa y entregaba otra, antes de migrar a la gasolina robada y, ya en su versión de cuello blanco, al huachicol fiscal. Somos creativos para ponerles nombres folclóricos a nuestras tragedias.

Caleb Ordoñez Talavera

Y esto dejó de ser folclor hace mucho. En el primer trimestre del año, Hidalgo registró 731 tomas clandestinas; Jalisco, 578; el Estado de México, 189. Cuautepec de Hinojosa, un solo municipio de Hidalgo, acumuló 202 perforaciones en tres meses. Una toma clandestina cada 51 minutos no es el vecino con una manguera a las tres de la mañana. Es una industria con horario de oficina, y una industria necesita nómina: gente para sacar el combustible, pipas para moverlo, bodegas para guardarlo y empresas de papel para lavar las ganancias. Y para sostener el aparato durante años hace falta el insumo más caro de todos: suficientes autoridades dispuestas a no ver, no oír y no preguntar.

Aquí conviene hacer una pausa honesta. El gobierno tiene un argumento real que oponer a esto: los aseguramientos han aumentado, no disminuido, y parte de la razón por la que ahora “vemos” más huachicol es que se está buscando más que antes. Es cierto. El problema es que ese argumento explica el número de decomisos, no el de tomas clandestinas —que también aumentó—, y tampoco explica por qué las redes de corrupción y protección que hacen posible semejante negocio han logrado sobrevivir durante ocho años. Encontrar más droga no prueba que se esté ganando la guerra contra el narco; encontrar más huachicol tampoco prueba que se esté ganando esta.

La escoba de Tabasco

Aquí entra Adán Augusto López. No existe sentencia que lo vincule con el huachicol ni está acreditado que perteneciera a La Barredora. Su problema es otro, y más incómodo: cuando gobernaba Tabasco, puso al frente de la seguridad pública a Hernán Bermúdez Requena, el hombre encargado de cazar exactamente a los delincuentes que terminó, presuntamente, dirigiendo.

Hoy Bermúdez está procesado como presunto jefe de “La Barredora”, organización señalada por extorsión, secuestro y robo de combustible. El hombre puesto a barrer el crimen de Tabasco terminó acusado de encabezar La Barredora llena de corrupción. Adán Augusto ha negado cualquier vínculo y no enfrenta cargos. Pero muchos tabasqueños aseguran que está involucrado.

Lo que no resuelve es la pregunta política: ¿cómo se gobierna un estado sin enterarse de lo que ocurre alrededor del propio jefe de Seguridad? Solo hay dos respuestas, y ambas son un problema. Si lo sabía, es gravísimo. Si no lo sabía, la pregunta es qué estaba gobernando exactamente. Para quien después llegó a secretario de Gobernación y hoy pretende conservar influencia en la definición electoral de 2027, ninguna cabe en un currículum, aunque ambas quepan en la política mexicana.

El huachicol aprendió a usar corbata

Mientras el país perseguía mangueras en el campo, el negocio se mudó a un piso más alto. El huachicol fiscal ni siquiera necesita perforar un ducto: puede bastarle un barco, una importación mal declarada, una empresa fachada y un pedimento aduanal firmado por la persona indicada. Cambió la camioneta por un escritorio y la manguera por un sello.

Las investigaciones han tocado ya a mandos vinculados con la Marina, la institución a la que López Obrador entregó el control de las aduanas para, supuestamente, erradicar la corrupción. Se le dieron las llaves de la puerta trasera a quien debía cuidarla. El pasado 17 de septiembre se conoció en Guanajuato el aseguramiento de 59 millones de litros de presunto combustible ilícito en diez tanques. Con una cifra así, preguntar solo quién manejaba la pipa es casi un acto de inocencia voluntaria. La pregunta es quién permitió construir la carretera —económica, institucional y política— por la que ese combustible circuló durante años.

Adán y la búsqueda incesante de gubernaturas

Tras el escándalo, Adán Augusto dejó la coordinación de Morena en el Senado y anunció que se dedicaría a tareas electorales rumbo a 2027, elección en la que se disputarán 17 gubernaturas para la que Morena ya registró 277 aspirantes. Lejos de desaparecer, sigue moviendo fichas: respalda públicamente a Andrea Chávez en Chihuahua, frente al alcalde de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar (favorito en encuestas), y participa en la operación territorial del partido en estados donde aún no se resuelven las candidaturas.

Es decir: mientras el país intenta averiguar cómo el crimen organizado penetró policías, gobiernos y negocios de combustible, uno de los políticos más salpicados políticamente por el caso sigue participando en la construcción del próximo mapa de poder. Solo en la política mexicana un escándalo de ese tamaño puede convertirse en escala y no necesariamente en lastre.

Los otros demonios

Nos acostumbramos a las fotografías de bidones y camionetas incendiadas —una imagen casi reconfortante porque colocaba al delincuente lejos del poder—. Pero un negocio capaz de producir miles de tomas clandestinas y sobrevivir durante ocho años no se explica únicamente desde abajo. Necesita perforadores, sí, pero también transportistas, empresarios y funcionarios que decidieron no complicarse la vida. Necesita, sobre todo, silencio comprado al mayoreo.

López Obrador creyó que bastaba con cerrar ductos. Sheinbaum enfrenta algo más incómodo: averiguar hasta dónde llegan las tuberías políticas que heredó y decidir —con nombres y cargos, no con comunicados— cuánto está dispuesta a seguirlas. Decomisar combustible es relativamente sencillo; investigar las redes de funcionarios, empresarios y protectores que permitieron que el negocio sobreviviera mientras el gobierno presumía combatirlo es otra cosa.

Ahí empiezan los otros demonios. Porque seguir una manguera es fácil. Lo verdaderamente peligroso es seguir el dinero y, de ahí, sin desviarse, seguir al poder mismo.

¿Alguien les pondrá un alto?

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