Conecta con nosotros

Opinión

Renuncia de Cuauhtémoc Blanco.

Published

on

Pobladores e integrantes de la Asamblea de Pueblos de Tepoztlán aprovecharon la presencia del presidente Andrés Manuel López Obrador para exigir la renuncia del gobernador de Morelos, Cuauhtémoc Blanco.
 
Al grito de “fuera, fuera, fuera” y con lonas y pancartas los pobladores exigieron frenar la devastación ecológica del área natural y pidieron “respeto al corredor Ajusco-Chichinautzin, reparación total al daño ambiental, solución a las invasiones en el Texcal, paso libre sí, caseta no”, entre otros.
 
Mientras el Presidente era ovacionado, el gobernador morelense sólo recibió abucheos, rechiflas y condenas en contra de su administración. “Tepoztlán no se vende, se ama y se defiende” y “gobernador maleta”, gritaban.
 
Entre las demandas, Gabino Rodríguez, miembro de la Asamblea de Pueblos de Tepoztlán, mencionó el no pago de peaje a los habitantes del municipio y la indemnización para canalizar los recursos en obras y beneficios de manera directa, lo que generará 10 mil 301 empleos directos y 41 mil 203 indirectos.
 
“Lo que pedimos es que haya un desconocimiento a los comuneros actuales, pedimos una audiencia con el titular de la Sedatu para explicarle la devastación del área natural protegida por la venta indiscriminada de tierras por parte de los comuneros”, agregó Rodríguez.
 
El presidente López Obrador apoyó en su mensaje a Blanco Bravo, pero añadió que siempre apoyará al pueblo de Tepoztlán y al pueblo de Morelos. Dijo que la carretera La Pera-Cuautla, que inauguró ayer, será de gran beneficio para la conectividad de la Ciudad de México con los municipios de la zona oriente de Morelos y Puebla.
 
Al terminar el evento, los integrantes de la Asamblea de Pueblos de Tepoztlán entregaron su pliego petitorio al gobierno federal y manifestaron confianza en que se frene la depredación ecológica.

Opinión

Estados Unidos comienza a sentir los efectos de una política de inmigración cercana a cero

Published

on

A un año del endurecimiento de la política migratoria impulsada por la administración del presidente Donald Trump, diversas comunidades y sectores económicos de Estados Unidos comienzan a registrar los efectos de una reducción sostenida de la población nacida en el extranjero. Hospitales, empresas, escuelas y organizaciones comunitarias enfrentan ausencias que ya impactan su funcionamiento cotidiano.

De acuerdo con estimaciones de Oxford Economics, la inmigración neta se ubica actualmente en alrededor de 450 mil personas al año, una cifra muy inferior a los dos o tres millones anuales registrados durante la administración anterior. En 2024, la población nacida fuera del país alcanzó el 14.8 por ciento del total nacional, el nivel más alto desde 1890, aunque la tendencia apunta a una desaceleración marcada.

Las restricciones incluyen el aumento de tarifas de visas, una reducción casi total en la admisión de refugiados, la caída en el ingreso de estudiantes internacionales y la eliminación de programas de estatus legal temporal. El gobierno federal ha informado la expulsión de más de 600 mil personas, mientras que funcionarios han señalado que el objetivo es aproximarse a un escenario similar al de la década de 1920, cuando la inmigración neta llegó a cero.

Los cambios ya se reflejan en distintas regiones del país. En Luisiana, empresas constructoras reportan escasez de mano de obra; en Virginia Occidental, hospitales han perdido médicos y enfermeras formados en el extranjero; y en ciudades como Memphis, ligas deportivas comunitarias han visto disminuir su participación. En zonas con alta presencia migrante, comercios, iglesias y eventos culturales registran menor afluencia por el temor a detenciones.

En Marshalltown, Iowa, una ciudad donde cerca del 19 por ciento de la población es extranjera y se hablan decenas de dialectos en las escuelas públicas, las consecuencias también son visibles. Plantas procesadoras han reducido personal por la expiración de permisos laborales, proyectos de construcción se han visto afectados y familias inmigrantes han optado por retirar a sus hijos de las aulas ante la incertidumbre.

El impacto se extiende a sectores clave como la salud, la agricultura y el cuidado de personas mayores, donde una parte significativa de la fuerza laboral es inmigrante. Autoridades locales, empresarios y académicos coinciden en que, aunque los empleadores buscan alternativas como la automatización o el traslado de operaciones, muchas actividades siguen dependiendo del trabajo presencial.

Especialistas advierten que, a largo plazo, una inmigración reducida podría agravar los efectos del envejecimiento poblacional y limitar el crecimiento económico, especialmente en comunidades que han dependido de la llegada de nuevos habitantes para sostener su desarrollo.

Continuar Leyendo
Publicidad
Publicidad
Publicidad

Más visto