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Opinión

Repunta economía de Estados Unidos en tercer trimestre

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Washington.- El crecimiento económico se recuperó durante el verano, según muestran los últimos datos del gobierno, pero la desaceleración del gasto de los consumidores y un mercado inmobiliario que se debilita rápidamente significan que el informe hará poco para aliviar los temores de una recesión inminente.

El producto interno bruto, ajustado por la inflación, aumentó un 0.6 por ciento en el tercer trimestre, una tasa de crecimiento anual del 2.6 por ciento, dijo este jueves el Departamento de Comercio. Fue el primer aumento después de dos contracciones trimestrales consecutivas y superó ligeramente las expectativas de los pronosticadores.

Las cifras del tercer trimestre se vieron sesgadas por el componente de comercio internacional, que a menudo muestra grandes oscilaciones de un período a otro. Los economistas tienden a centrarse en los componentes menos volátiles, que han mostrado que la recuperación ha perdido impulso a medida que avanzaba el año.

“Ignore el número principal: las tasas de crecimiento se están desacelerando”, dijo Michael Gapen, economista para Bank of America. “No se necesitaría mucha más desaceleración a partir de aquí para llevar a la economía a una recesión”.

Pero el regreso al crecimiento en el tercer trimestre brindó más evidencia de que la economía aún no está en recesión, y todavía hay algún camino, aunque estrecho, hacia un «aterrizaje suave», en el que la Reserva Federal reduce la inflación sin provocar una recesión.

Opinión

Estados Unidos comienza a sentir los efectos de una política de inmigración cercana a cero

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A un año del endurecimiento de la política migratoria impulsada por la administración del presidente Donald Trump, diversas comunidades y sectores económicos de Estados Unidos comienzan a registrar los efectos de una reducción sostenida de la población nacida en el extranjero. Hospitales, empresas, escuelas y organizaciones comunitarias enfrentan ausencias que ya impactan su funcionamiento cotidiano.

De acuerdo con estimaciones de Oxford Economics, la inmigración neta se ubica actualmente en alrededor de 450 mil personas al año, una cifra muy inferior a los dos o tres millones anuales registrados durante la administración anterior. En 2024, la población nacida fuera del país alcanzó el 14.8 por ciento del total nacional, el nivel más alto desde 1890, aunque la tendencia apunta a una desaceleración marcada.

Las restricciones incluyen el aumento de tarifas de visas, una reducción casi total en la admisión de refugiados, la caída en el ingreso de estudiantes internacionales y la eliminación de programas de estatus legal temporal. El gobierno federal ha informado la expulsión de más de 600 mil personas, mientras que funcionarios han señalado que el objetivo es aproximarse a un escenario similar al de la década de 1920, cuando la inmigración neta llegó a cero.

Los cambios ya se reflejan en distintas regiones del país. En Luisiana, empresas constructoras reportan escasez de mano de obra; en Virginia Occidental, hospitales han perdido médicos y enfermeras formados en el extranjero; y en ciudades como Memphis, ligas deportivas comunitarias han visto disminuir su participación. En zonas con alta presencia migrante, comercios, iglesias y eventos culturales registran menor afluencia por el temor a detenciones.

En Marshalltown, Iowa, una ciudad donde cerca del 19 por ciento de la población es extranjera y se hablan decenas de dialectos en las escuelas públicas, las consecuencias también son visibles. Plantas procesadoras han reducido personal por la expiración de permisos laborales, proyectos de construcción se han visto afectados y familias inmigrantes han optado por retirar a sus hijos de las aulas ante la incertidumbre.

El impacto se extiende a sectores clave como la salud, la agricultura y el cuidado de personas mayores, donde una parte significativa de la fuerza laboral es inmigrante. Autoridades locales, empresarios y académicos coinciden en que, aunque los empleadores buscan alternativas como la automatización o el traslado de operaciones, muchas actividades siguen dependiendo del trabajo presencial.

Especialistas advierten que, a largo plazo, una inmigración reducida podría agravar los efectos del envejecimiento poblacional y limitar el crecimiento económico, especialmente en comunidades que han dependido de la llegada de nuevos habitantes para sostener su desarrollo.

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