Un estudio epidemiológico ha encontrado relación entre el paracetamol que tomaron mujeres durante el embarazo y el desarrollo de síntomas de trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y trastornos del espectro autista (TEA).
La investigación, liderada por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), ha analizado a 73.881 niñas y niños de seis países europeos (Reino Unido, Dinamarca, Países Bajos, Italia, Grecia y España) de los que se conocía al menos un síntoma de TEA o TDAH.
Entre el 14 % y el 56 % de las madres de estos menores, según las cohortes, informaron de que habían tomado paracetamol mientras estaban embarazadas. Los niños expuestos al medicamento antes de nacer mostraban un 19 % y un 21 % más de probabilidad de desarrollar trastornos del espectro autista y por déficit de atención, respectivamente.
Sílvia Alemany, investigadora de ISGlobal y primera autora del estudio, explica la importancia de haber podido contar con una muestra tan grande, que incluye niños de un mínimo de 4 años de edad y un máximo de 12. Detalla que el principal peso lo aporta Dinamarca, que tiene reclutados a 60.000 niños: «En Dinamarca y otros países escandinavos hace mucho tiempo que registran esos datos de forma sistemática», relata.
«Desde nuestro estudio no se puede desprender que se deba suprimir durante el embarazo, ni tenemos datos ni ninguna evidencia que nos lleve a decir que no debe usarse»
En el Reino Unido se han estudiado a 6.000 niños, en los Países Bajos a 4.000 y en España a 1.500. Se trata de reclutar a las madres durante el embarazo y hacer un seguimiento de la gestación, del parto y de los primeros años de la infancia de los pequeños. Es decir, el resultado de este estudio, publicado ahora en el European Journal of Epidemiology, es el fruto del trabajo de muchos años de investigación.
Consolidando estudios previos
El producto de esta investigación respalda el resultado de estudios previos, si bien aporta algunas novedades, como la constatación de que la exposición prenatal al paracetamol afecta de forma similar a niños y niñas, sin que se hayan observado prácticamente diferencias.
«Consideramos expuesto a paracetamol a cualquier niño cuya madre haya tomado cualquier dosis en cualquier fase del embarazo y sin importar su frecuencia», aclara Alemany. Así, también se incluyen como expuestas a las madres que hayan hecho un uso totalmente esporádico del medicamento. «Es una limitación de nuestro estudio», arguye la investigadora, que aclara que otros estudios anteriores sí han tenido en cuenta la acumulación y la fase del embarazo y han observado una relación entre la dosis y el desarrollo de síntomas de los trastornos estudiados.
¿Qué síntomas se han analizado?
Los síntomas relacionados con el déficit de atención y los trastornos del espectro autista se han evaluado utilizando cuestionarios que están validados y son utilizados por muchísimos grupos de investigación, cuenta Alemany, que explica que con ellos se trata de valorar el comportamiento del niño en los últimos seis meses: «Se intenta preguntar sobre una serie de aspectos que son claves y obtenemos una puntuación continua», dice.
Un joven diagnosticado con autismo pasea con su perro, Barcelona, noviembre de 2020Albert Gea / Reuters
Posteriormente se clasifica a los niños entre quienes presentan síntomas clínicos o subclínicos y quienes no los presentan y se aplica un punto de corte entre aquellos niños que podrían necesitar ayuda clínica y quienes no.
En este apartado, la investigadora señala la importancia de recoger la sección subclínica, puesto que son unos rasgos que presentan los menores que podrían derivar en un futuro en el desarrollo de trastornos.
Sin alarma: se puede seguir tomando paracetamol durante la gestación
Los investigadores del estudio concluyen que el paracetamol, que es considerado el analgésico y antipirético más seguro durante el embarazo y la lactancia, no debe suprimirse durante esos periodos, pero sí debe limitarse su uso de manera estricta a los casos necesarios.
«Desde nuestro estudio no se puede desprender que se deba suprimir durante el embarazo, ni tenemos datos ni ninguna evidencia que nos lleve a decir que no debe usarse», sostiene la autora del estudio, aunque señala que «todas estas evidencias están apuntando de manera convincente a que el uso de paracetamol, cuando no sea estrictamente necesario, podría estar fomentado el desarrollo de los trastornos analizados».
«Estos trastornos son multifactoriales, en su desarrollo intervienen factores genéticos y ambientales. La exposición al paracetamol no es una causa única ni necesaria»
En este sentido también apunta que «no se deben preocupar las madres o las familias, ni culpabilizar a las madres de ningún tipo», porque «estos trastornos son multifactoriales, en su desarrollo intervienen factores genéticos y ambientales». «No sabemos muy bien cuáles son los ambientales, por eso es tan importante que los estudiemos para poder actuar sobre ellos», sostiene, porque la exposición al paracetamol «no es una causa única ni necesaria».
Sin relación con la administración en la infancia
En el estudio también se recoge que no se observa relación entre el paracetamol tomado en la infancia y los síntomas de TEA. No ha sido posible medir los efectos durante la lactancia, pero sí en aquellos pequeños a los que se les ha administrado el medicamento directamente durante sus primeros 18 meses de vida.
Si bien, a este respecto, la investigadora llama a «la precaución», porque se observa «una gran heterogeneidad en la exposición». «Pensamos que estos resultados tienen que ser interpretados con precaución y que necesitamos más investigación», comenta. Así, la prevalencia de la administración de paracetamol en los países nórdicos se encuentra alrededor del 6-7 %, mientras que en países como España, Grecia o Italia, se puede llegar hasta un 60 o 80 %: «Hay tantos niños expuestos que no se puede analizar correctamente», dice Alemany.
Se calcula que entre el 46 % y el 56 % de las mujeres embarazadas de los países desarrollados recurre en algún momento de la gestación al paracetamol. «Que nadie se alarme, hay que utilizarlo cuando sea necesario, siempre bajo la supervisión de un profesional sanitario. Es seguro tomarlo cuando haga falta, pero hay que vigilar su correcto uso», concluye la investigadora.
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