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Opinión

Un mundial en manos de mujeres. Por Caleb Ordoñez T.

El Mundial 2026 será más que un torneo deportivo para México; será un motor económico y turístico que transformará el panorama nacional. Según estimaciones, el evento podría generar hasta 5 mil millones de dólares en ingresos por turismo, hospedaje y consumo local, lo que equivale a casi 105 mil millones de pesos mexicanos. Además, se espera la llegada de 5.5 millones de turistasinternacionales, quienes impulsarán sectores clave como la hotelería, el transporte y el comercio, dejando un impacto económico sin precedentes.

Ciudades sede como Guadalajara, Monterrey y Ciudad de México no solo verán un auge en su infraestructura, sino que también recibirán una avalancha de visitantes que podrían triplicar la ocupación hotelera regular. Se estima que el evento podría generar alrededor de 80 mil empleos temporales, desde personal de logística hasta servicios turísticos.

Un hecho relevante es el nombramiento de la secretaria de Turismo federal Josefina Rodríguez Zamora y Gabriela Cuevas como representantes de México ante el Comité Supremo de Organización de la FIFA. Este movimiento, impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum, marca un precedente en la inclusión femenina en un organismo históricamente dominado por hombres. La FIFA, conocida como un “club de Toby”, ha comenzado a abrirse a la diversidad, pero los avances aún son lentos. La elección de estas mujeres no solo fortalece la diplomacia deportiva del país, sino que también envía un mensaje poderoso sobre el empoderamiento femenino en el fútbol global.

En los últimos años, el papel de las mujeres en este deporte ha ganado fuerza. Desde entrenadoras y directivas hasta jugadoras en ligas internacionales, las barreras están cayendo. El éxito de la Liga MX Femenil es un claro ejemplo del crecimiento exponencial del fútbol femenino en México. Este tipo de avances, aunque alentadores, evidencian la necesidad de acelerar la igualdad de oportunidades en un ámbito aún desigual.

El Mundial 2026 representa una oportunidad histórica no solo para mostrar el talento organizativo de México, sino también para posicionarlo como un líder en la equidad de género dentro del deporte. Con Rodríguez Zamora y Cuevas al frente de un cambio histórico, México tiene la oportunidad de brillar no solo en lo económico, sino también en inclusión y justicia social.

Más allá de las canchas , México sigue poniendo la pauta mundialmente en la evolución cultural del fútbol. Desde ser un anfitrión clave de eventos globales hasta derribar las barreras de género en espacios tradicionalmente dominados por hombres, el país demuestra que el fútbol no solo se juega con el balón, sino también con ideas, inclusión y progreso. Así, México no solo inspira a otras naciones, sino que redefine lo que significa el fútbol como herramienta de transformación social y cultural.

Opinión

Andy: un apellido no basta. Por Caleb Ordóñez T.

Andrés Manuel López Beltrán heredó uno de los apellidos más poderosos de México. También heredó algo mucho más difícil de cargar: la costumbre nacional de nunca verlo a él, sino siempre a través de su padre.

Ser hijo de un expresidente ya es complicado. Serlo de Andrés Manuel López Obrador es otra categoría: crecer bajo la sombra de un hombre al que millones consideran el político más transformador de su generación y otros millones culpan de buena parte de los problemas del país. AMLO no admite tibieza. Y ahora Andy descubre que la polarización también se hereda, con intereses acumulados.

Caleb Ordoñez Talavera

Durante años estuvo cerca del poder institucional sin asumir formalmente sus costos. Participó en la construcción del movimiento de su padre, tuvo influencia real dentro del obradorismo, pero respetó, al menos públicamente, el acuerdo familiar de no buscar cargos de elección mientras López Obrador gobernara. El sexenio terminó. El acuerdo, también.

El aparato

En 2024, Andy asumió la Secretaría de Organización de Morena, el puesto que en cualquier partido mexicano equivale a controlar buena parte del músculo: padrón, estructura territorial y movilización. Bajo su gestión, Morena presumió haber superado los 12 millones de militantes, una cifra extraordinaria que también despertó cuestionamientos sobre el proceso de afiliación. El partido la presenta como prueba de que el movimiento puede seguir creciendo aun sin su fundador al frente.

Después, de pronto, prácticamente desde la nada, dejó el cargo para buscar una diputación federal por Tabasco en 2027. Quizá sea un movimiento inteligente (o un salvavidas político) pues cambia el control del aparato por legitimidad de urna, algo que ningún acuerdo familiar ni ninguna cercanía con Palacio Nacional pueden regalarle. Es también, para sus adversarios, la prueba de que el heredero necesita ahora un mandato propio porque el apellido, por sí solo, empieza a no bastarle, sino a molestarle.

El símbolo que no calculó

El viaje a Japón fue el primer costo político serio de esa transición. Las imágenes y los señalamientos sobre hospedajes costosos chocaron frontalmente con la palabra que su padre convirtió en columna vertebral del obradorismo: austeridad. López Beltrán respondió que pagó el viaje con recursos propios y habló de un linchamiento. Puede tener razón en lo legal. El problema nunca fue si tenía derecho a gastar su dinero; fue no anticipar que, siendo quien es, ese gasto se leería como traición simbólica antes que como libertad personal.

Ningún asesor de López Obrador habría permitido esa fotografía. Y esa distancia entre el instinto político del padre y el del hijo dice más sobre Andy que cualquier discurso.

La carta que no le correspondía escribir

La revocación de su visa estadounidense abrió un capítulo distinto y aquí conviene la precisión: una decisión migratoria no es una sentencia. Hasta ahora no existe una acusación penal pública en Estados Unidos contra López Beltrán, y tratarlo como culpable a partir de una visa revocada sería tan irresponsable como el linchamiento que él mismo denuncia.

Lo que sí es criticable es la respuesta. Escribirle directamente a Donald Trump para reclamar una persecución política no es un exceso de carácter: es una confusión de investidura. México tiene Presidenta, canciller y embajada para gestionar la relación bilateral. Andy no conduce esa política exterior ni representa al Estado mexicano. Al actuar como si lo hiciera, no demuestra fuerza: demuestra que todavía no distingue entre tener influencia dentro de un movimiento y tener autoridad de Estado. Es exactamente el tipo de error que un político con oficio, empezando por su padre, difícilmente habría cometido en público.

El heredero imposible

Ahí está la verdadera paradoja de Andy: el apellido le abre prácticamente cualquier puerta política y, al mismo tiempo, le impide construir algo que sea solamente suyo. Quienes aman a López Obrador buscarán al padre dentro del hijo y se decepcionarán cuando no lo encuentren. Quienes lo detestan le cobrarán al hijo cuentas que nunca fueron suyas. Ambas cosas son injustas. Ninguna es evitable.

Andy puede heredar el obradorismo, pero no puede heredar a AMLO.

López Obrador dejó una consigna que sus seguidores repiten como mandamiento: no mentir, no robar, no traicionar al pueblo. Si Andy quiere una herencia real (no una curul, no una secretaría, no una multitud prestada) probablemente esa frase sea lo único que valga la pena reclamar como suyo.

Porque Andrés Manuel López Obrador tardó casi cuatro décadas en convertirse en AMLO. Su hijo nació siendo “Andy”. Si quiere hacer historia propia, tendrá que conseguir algo mucho más difícil que heredar el poder: lograr que México deje de preguntarse de quién es hijo.

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