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¿Vas a caminar a San Judas? conoce las recomendaciones que emitió Protección Civil

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Gobierno del Estado, a través de la Coordinación Estatal de Protección Civil (CEPC), emite una serie de recomendaciones para las y los peregrinos que participen este año en la caminata al templo de San Judas Tadeo, ubicado en el poblado de Tomás García, a desarrollarse los días 28, 30 y 31 de octubre.

Como parte del operativo de seguridad y atención a personas que participan en los festejos a San Judas Tadeo, la dependencia estatal coordinará el apoyo que las diferentes corporaciones policiacas y servicios de emergencia de los tres órdenes de gobierno ofrecen a la ciudadanía.

La CEPC recomienda antes de iniciar esta caminata de 15 kilómetros desde la Puerta de Chihuahua hasta el ejido Tomás García, informarse sobre las condiciones del clima antes de salir, así como iniciar la caminata lo más temprano posible, utilizar ropa de manga larga, sombrero, gorra o sombrilla, calzado cómodo y aplicarse bloqueador.

Destacó además la importancia de llevar suficiente líquido para evitar la deshidratación, preferentemente agua natural, así como algún refrigerio que no sea pesado para la digestión, como fruta, sándwich o barritas de proteína.

Para mayor seguridad, caminar por un lado de la cinta asfáltica, evitar acompañarse por niñas, niños, adultos mayores o mascotas y presenciar la celebración por redes sociales si se padece alguna enfermedad. Hacer una visita rápida al templo, mantener la sana distancia y usar siempre cubre bocas.

Atender siempre las indicaciones de las autoridades, llevar teléfono celular para solicitar ayuda en caso de alguna emergencia y tener disponible a una amistad o familiar que pueda acudir para traerlos de regreso

Participan en este operativo, además de la CEPC, las secretarías de Comunicaciones y Obras Públicas y la de Desarrollo Humano y Bien Común, así como elementos de la Policía Estatal y de la Guardia Nacional (GN), personal de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), de la Unidad de Rescate de Gobierno del Estado (URGE), así como de las direcciones de Policía Vial y de Transporte, Cuerpo de Bomberos de Chihuahua, Promotoría de Desarrollo Forestal, Dirección de Seguridad Pública Municipal y de Protección Civil municipal de Chihuahua y Aquiles Serdán.

Estas acciones se desarrollarán de manera conjunta, coordinadas por el Puesto de Mando Unificado, con el fin de evitar incidentes que pudieran afectar la seguridad o salud de las y los peregrinos.

El personal de las diversas corporaciones efectuará recorridos y se establecerán diferentes puntos para apoyar a la ciudadanía durante la caminata, que dará inicio en la Puerta de Chihuahua.

Para reportar cualquier incidente, comunicarse a la línea de emergencias 9-1-1.

Opinión

Inzunza: la decadencia del favorito. Por Caleb Ordóñez T.

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Hay políticos que caen peleando. Hay políticos que caen defendiendo una causa. Y hay políticos cuya caída comienza mucho antes de que ellos mismos se den cuenta; cuando todavía sonríen en las fotografías oficiales y firman acuerdos con la soltura de quien cree que el futuro le pertenece.

La historia reciente de Enrique Inzunza Cázares parece pertenecer a esta última categoría.

Porque más allá de las acusaciones que enfrenta, más allá de los expedientes estadounidenses y más allá del ruido mediático que rodea a Sinaloa, hay algo que llama poderosamente la atención: Inzunza no se comporta como alguien que busca convencer al país de su inocencia. Se comporta como alguien atrapado en una partida de ajedrez donde cada movimiento tiene un único objetivo: sobrevivir un turno más. Viviendo en un eterno jaque.

Durante años fue presentado como uno de los hombres más inteligentes del círculo cercano de Rubén Rocha Moya. Jurista, magistrado, presidente del Supremo Tribunal de Justicia,

secretario general de Gobierno y después senador de la República. Su ascenso fue tan rápido que muchos (casi todos) dentro de Morena en Sinaloa, lo veían como una especie de gobernador en espera.

No era un político de masas. No era un gran orador. No era un líder carismático.

Su poder provenía de otra parte: de la operación silenciosa, del control institucional, de la cercanía con el grupo gobernante y de una influencia que crecía discretamente, lejos de los

reflectores, precisamente donde ese tipo de poder se cultiva mejor.

Por eso resulta tan revelador observar lo que ocurre hoy.Cuando un político es acusado injustamente, normalmente intenta salir a dar la cara. Busca entrevistas. Explica. Debate. Confronta. Construye una narrativa que lo sostenga mientras el

temporal amaina.

Inzunza ha hecho exactamente lo contrario.

Los números lo dicen con una frialdad que ningún argumento político puede disfrazar.

Desde el 29 de abril de 2026, cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos hizo pública la acusación formal en su contra, Inzunza acumuló 21 días de ausencia en sesiones del Congreso. No pidió licencia. No renunció. Simplemente dejó de aparecer. Su única

reaparición fue una fotografía en redes sociales junto a su madre, con ubicación en Batequitas, Badiraguato. Un político que dice no tener nada que esconder, escondido. Y cuando finalmente habló, lo hizo desde X, con una frase que revela más de lo que oculta:

«Soy abogado de mí mismo y me basta mi probidad.» Es la declaración de alguien que no quiere testigos en su defensa.

Y en política las formas importan tanto como los hechos, porque la percepción pública rara vez se construye únicamente con documentos judiciales. También se construye observando

cómo reaccionan los protagonistas cuando el suelo comienza a moverse bajo sus pies.

Lo que proyecta Inzunza no es fortaleza. No transmite confianza. No parece un político concentrado en demostrar que las acusaciones son falsas.

Parece un político concentrado en administrar daños.

Esa imagen explica en buena medida por qué hoy se encuentra tan aislado. No porque Morena haya decidido abandonarlo de la noche a la mañana. No porque el Senado haya ejecutado una conspiración interna. Sino porque el propio Inzunza dejó de ser una apuesta

rentable.

La política es brutalmente pragmática. Los partidos respaldan a quienes generan votos, estabilidad o futuro. Cuando un liderazgo comienza a representar riesgo, incertidumbre o

desgaste, las distancias aparecen solas, sin reuniones, sin comunicados, sin rupturas formales. Simplemente aparecen.

Hace apenas unos meses su nombre figuraba entre los aspirantes más serios para suceder a Rocha en la gubernatura de Sinaloa. Hoy prácticamente nadie dentro del oficialismo habla de esa posibilidad. No porque exista una sentencia. No porque haya sido declarado culpable. Sino porque la candidatura dejó de ser viable.

Y en política la inviabilidad suele ser una condena mucho más rápida que cualquier resolución judicial.

Lo verdaderamente inquietante es que el caso de Inzunza trasciende a una sola persona.

Se convierte en un espejo incómodo para todo el sistema político mexicano.

Lo que hace singular el caso de Inzunza no es la acusación en sí. Es la arquitectura que describe. Según el expediente estadounidense, Inzunza habría acompañado al gobernador

Rocha Moya a una reunión con Los Chapitos tras las elecciones de junio de 2021, cuando

todavía era secretario general del gobierno estatal y en ese encuentro habrían acordado que el cártel tendría control sobre la Policía Estatal de Sinaloa. Si eso es cierto, no estamos

hablando de un funcionario que recibió un sobre. Estamos hablando de una negociación institucional: el Estado cediendo su monopolio de la fuerza a cambio de estabilidad política.

Eso es algo cualitativamente distinto, y más perturbador, que la corrupción individual de siempre. No es un hombre que se corrompió. Es una institución que se ofreció.

Por eso el caso Inzunza genera tanta atención. No solo por sus detalles particulares, sino porque representa el choque entre dos narrativas que México lleva años intentando reconciliar sin éxito: la del político exitoso que parecía destinado a gobernar uno de los

estados más importantes del país, y la del funcionario que termina convertido en símbolo de una crisis de confianza cada vez más profunda.

Su tragedia política no consiste únicamente en las acusaciones.

Consiste en haber perdido aquello que realmente construye el poder: la credibilidad.

Cuando la gente deja de creer en tu futuro, el poder comienza a evaporarse. Cuando tus aliados dejan de apostar por ti, el aislamiento se vuelve inevitable. Cuando tu nombre genera más preguntas que certezas, las puertas empiezan a cerrarse, no con portazos, sino con la silenciosa delicadeza con que se cierra una puerta frente a alguien a quien ya no se espera.

Por eso Enrique Inzunza muy probablemente ya no será gobernador de Sinaloa. No porque un

juez lo haya decretado. No porque un partido lo haya expulsado. Sino porque la política mexicana ya comenzó a actuar como si ese futuro hubiera desaparecido.

Y pocas cosas son más devastadoras para un político que seguir ocupando un cargo mientras todos a su alrededor se comportan como si su historia ya hubiera terminado.

Esa es la verdadera decadencia.

No perder el poder. Sino ver cómo el poder te abandona: despacio, en silencio, sin siquiera molestarse en despedirse.

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