Opinión
¿Qué p*do con la peda? Por José Luis Font

José Luis Font
No sé si es cosa de que tenga yo puroamigo alcoholicazo o el del problemita sea yo, pero lo primero que me preguntan invariablemente es acerca de la peda en Qatar. Casi nunca me preguntan sobre los 5 museos súper chingones que hay en Qatar o de las decenas de galerías con exposiciones permanentes y temporales de artistas de la talla de Jeff Koons o del montón de actividades al aire libre que hay como acampar y jorrotear Jeeps en el desierto, bucear, kitesurfear, ir a las carreras de camellos y demás.
Caleb Ordoñez
Sin duda, es una nación joven, es un país compacto y “faltarán” algunas cosas que en otras grandes ciudadeshabrá, pero me permito corroborarles que el pedo no es y noserá un problema para los que vengan hoy de visita o a final de año para el Mundial.
Hay que entender que, para el islam,consumir alcohol es considerado haraam (prohibido), pero como en la gran mayoría de países musulmanesy más aún en un país como Qatar con una comunidad expatriada, diversa y multicultural, el alcohol es tolerado y permitido. Tampoco es como estar en la Feria de Aguascalientes echándose unas “kawasakis” en la banqueta afuera del Modelorama o como un martes casual de Octokerbest en Múnich, pero hay sitios con licencia de sobra y variados para echarse unos tragos y pasarla a toda madre.
Tuve la oportunidad de visitar Qatar un par de veces antes de mudarme ypre-Covid y en los 10-15 días que estuve por aquí en cada vuelta no me faltaron lugares a donde ir, DJ’s que escuchar ni antros donde sacarle chispas a mis zapatillas recién lustradas de tacón cubano. Nisiquiera fue motivo de preocupacióno de una meticulosa planeación paraencontrar lugares que sirvieran unos buenos Negronis, simplemente existen algunas diferencias con otras partes del mundo a las que no estamos acostumbrados. Efectivamente, no hay lugares a pie de calle o tiendas en cada esquina que sirvan alcohol, pero tampoco es el mayor de los problemas porque el país y los centros te entretenimientoestán adaptados y hechos para que en es ese respeto mutuo entre la religión y la gente que viene de fueraque sí quiere consumir, lo hagan donde lo tengan que hacer y tan tan,todos felices y contentos.
Comprar alcohol para la casa no se puede hacer en cualquier supermercado o en vinaterías; hay una sola tienda importadora que controla y regula la venta de alcohol para restaurantes y residentes y hay que sacar una “licencia” para poder ingresar y comprar alcohol. Para ir acomprar, aquí sí hay que hacer algo de planes porque la tienda no está en el centro de la ciudad, hay que sacar cita y está topado la cantidad que te puedes gastar en alcohol que va de la mano de tu sueldo. Es decir, no puedes irte a chingar todo tu sueldo del mes en puro chupe, pero aún con ese límite, está sobrada la cosa; yo nunca he llegado cercano al tope y vaya que le abro a la llave cuando voy a ese Disneylandia llamado QDC (Qatar Distribution Company). Entrar a QDC y ver los anaqueles llenos de nuestros destilados favoritos es como un oasis en el desierto.
Los debates con muchos de mis amigos acerca de este tema se centran en gran medida si está bien o no; es lo que es y ya, no hay que hacerla tanto de pedo por el pedo como si de verdad no hubiera. Y trato de relacionarlo con cosas que quizá a otras personas de otras culturas o religiones les pudieran parecer rarísimas cómo la “regla” deno comer carne los viernes de cuaresma pero si meterte todos los camarones, ostiones, ceviches que tu cuerpo pueda y ponerte hasta tu madre desde las 2 de la tarde… qué, dicho sea de paso, la neta si extraño un viernecito así.
El caso es que es una cosa de desconocimiento a lo que no estamos acostumbrados lo que nos saca de onda y me da gusto, en la medida de mis posibilidades y en mipequeño círculo de influencia, tratarde reportar objetivamente y poner las cosas en su debida proporción para que la gente que vaya a venir, lohaga con toda tranquilidad e ilusión y sepan que se la van a pasar muy bien y que no es un país o región tandiferente a los que conocemos o de dónde venimos y que, sin duda, disfrutarán muchísimo su paso por aquí.
A mí en lo personal, me pega mucho más que me limiten productos de cerdo porque no encuentro nada más placentero que comer un chingo de tocino y meterle a las carnitas en cualquiera de sus variadas presentaciones; como también el cerdo es considerado haraam en el islam aquí solamente las puedo encontrar, también, en el QDC, pero nada me va a pasar por bajarle un poco a mi consumo porcino que tan golpeado tenía a mis triglicéridos, colesterol, cintura y papada.
Se despide de ustedes un Joselito que orgullosamente regresó, desde hace algunos meses, a su tan
Opinión
Huachicol y otros demonios. Por Caleb Ordoñez T.
México lleva ocho años combatiendo el huachicol y el huachicol lleva ocho años ganándole por goleada. López Obrador inauguró su gobierno cerrando ductos y prometiendo mandar al huachicolero al museo de la corrupción del pasado. Ocho años y una transición después, México registró 2,563 tomas clandestinas solo en el primer trimestre de 2026: una cada 51 minutos. El huachicolero no murió. Evolucionó, se puso corbata y aprendió política.
¿Por qué Huachicol?
“Huachicol” nombró primero al alcohol adulterado, era una bebida que prometía una cosa y entregaba otra, antes de migrar a la gasolina robada y, ya en su versión de cuello blanco, al huachicol fiscal. Somos creativos para ponerles nombres folclóricos a nuestras tragedias.

Caleb Ordoñez Talavera
Y esto dejó de ser folclor hace mucho. En el primer trimestre del año, Hidalgo registró 731 tomas clandestinas; Jalisco, 578; el Estado de México, 189. Cuautepec de Hinojosa, un solo municipio de Hidalgo, acumuló 202 perforaciones en tres meses. Una toma clandestina cada 51 minutos no es el vecino con una manguera a las tres de la mañana. Es una industria con horario de oficina, y una industria necesita nómina: gente para sacar el combustible, pipas para moverlo, bodegas para guardarlo y empresas de papel para lavar las ganancias. Y para sostener el aparato durante años hace falta el insumo más caro de todos: suficientes autoridades dispuestas a no ver, no oír y no preguntar.
Aquí conviene hacer una pausa honesta. El gobierno tiene un argumento real que oponer a esto: los aseguramientos han aumentado, no disminuido, y parte de la razón por la que ahora “vemos” más huachicol es que se está buscando más que antes. Es cierto. El problema es que ese argumento explica el número de decomisos, no el de tomas clandestinas —que también aumentó—, y tampoco explica por qué las redes de corrupción y protección que hacen posible semejante negocio han logrado sobrevivir durante ocho años. Encontrar más droga no prueba que se esté ganando la guerra contra el narco; encontrar más huachicol tampoco prueba que se esté ganando esta.
La escoba de Tabasco
Aquí entra Adán Augusto López. No existe sentencia que lo vincule con el huachicol ni está acreditado que perteneciera a La Barredora. Su problema es otro, y más incómodo: cuando gobernaba Tabasco, puso al frente de la seguridad pública a Hernán Bermúdez Requena, el hombre encargado de cazar exactamente a los delincuentes que terminó, presuntamente, dirigiendo.
Hoy Bermúdez está procesado como presunto jefe de “La Barredora”, organización señalada por extorsión, secuestro y robo de combustible. El hombre puesto a barrer el crimen de Tabasco terminó acusado de encabezar La Barredora llena de corrupción. Adán Augusto ha negado cualquier vínculo y no enfrenta cargos. Pero muchos tabasqueños aseguran que está involucrado.
Lo que no resuelve es la pregunta política: ¿cómo se gobierna un estado sin enterarse de lo que ocurre alrededor del propio jefe de Seguridad? Solo hay dos respuestas, y ambas son un problema. Si lo sabía, es gravísimo. Si no lo sabía, la pregunta es qué estaba gobernando exactamente. Para quien después llegó a secretario de Gobernación y hoy pretende conservar influencia en la definición electoral de 2027, ninguna cabe en un currículum, aunque ambas quepan en la política mexicana.
El huachicol aprendió a usar corbata
Mientras el país perseguía mangueras en el campo, el negocio se mudó a un piso más alto. El huachicol fiscal ni siquiera necesita perforar un ducto: puede bastarle un barco, una importación mal declarada, una empresa fachada y un pedimento aduanal firmado por la persona indicada. Cambió la camioneta por un escritorio y la manguera por un sello.
Las investigaciones han tocado ya a mandos vinculados con la Marina, la institución a la que López Obrador entregó el control de las aduanas para, supuestamente, erradicar la corrupción. Se le dieron las llaves de la puerta trasera a quien debía cuidarla. El pasado 17 de septiembre se conoció en Guanajuato el aseguramiento de 59 millones de litros de presunto combustible ilícito en diez tanques. Con una cifra así, preguntar solo quién manejaba la pipa es casi un acto de inocencia voluntaria. La pregunta es quién permitió construir la carretera —económica, institucional y política— por la que ese combustible circuló durante años.
Adán y la búsqueda incesante de gubernaturas
Tras el escándalo, Adán Augusto dejó la coordinación de Morena en el Senado y anunció que se dedicaría a tareas electorales rumbo a 2027, elección en la que se disputarán 17 gubernaturas para la que Morena ya registró 277 aspirantes. Lejos de desaparecer, sigue moviendo fichas: respalda públicamente a Andrea Chávez en Chihuahua, frente al alcalde de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar (favorito en encuestas), y participa en la operación territorial del partido en estados donde aún no se resuelven las candidaturas.
Es decir: mientras el país intenta averiguar cómo el crimen organizado penetró policías, gobiernos y negocios de combustible, uno de los políticos más salpicados políticamente por el caso sigue participando en la construcción del próximo mapa de poder. Solo en la política mexicana un escándalo de ese tamaño puede convertirse en escala y no necesariamente en lastre.
Los otros demonios
Nos acostumbramos a las fotografías de bidones y camionetas incendiadas —una imagen casi reconfortante porque colocaba al delincuente lejos del poder—. Pero un negocio capaz de producir miles de tomas clandestinas y sobrevivir durante ocho años no se explica únicamente desde abajo. Necesita perforadores, sí, pero también transportistas, empresarios y funcionarios que decidieron no complicarse la vida. Necesita, sobre todo, silencio comprado al mayoreo.
López Obrador creyó que bastaba con cerrar ductos. Sheinbaum enfrenta algo más incómodo: averiguar hasta dónde llegan las tuberías políticas que heredó y decidir —con nombres y cargos, no con comunicados— cuánto está dispuesta a seguirlas. Decomisar combustible es relativamente sencillo; investigar las redes de funcionarios, empresarios y protectores que permitieron que el negocio sobreviviera mientras el gobierno presumía combatirlo es otra cosa.
Ahí empiezan los otros demonios. Porque seguir una manguera es fácil. Lo verdaderamente peligroso es seguir el dinero y, de ahí, sin desviarse, seguir al poder mismo.
¿Alguien les pondrá un alto?
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