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Opinión

¿Coincidencia o jugada maestra? El doblete chihuahuense en Cracks Podcast

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En un lapso de pocas semanas, el popular Cracks Podcast de Oso Trava presentó a dos de los empresarios más influyentes de Chihuahua: Eugenio Baeza y Víctor Almeida. El primero, con una larga trayectoria en Grupo Bafar y un breve pero recordado paso por la presidencia municipal de la capital. El segundo, líder de Interceramic y con una historia empresarial que ha cruzado fronteras y mercados.

A simple vista podría parecer coincidencia: dos figuras con historias inspiradoras, sentadas una después de la otra para hablar de filosofía empresarial, cultura corporativa y visión a largo plazo. Contenido de calidad, sin duda. Pero… ¿y si no fuera solo eso?

El momento elegido, el perfil de los invitados y la cercanía entre ambas entrevistas abren la puerta a otras lecturas. Baeza reaparece en la conversación pública con su proyecto “Chihuahua SA”. Almeida, por su parte, habla abiertamente del papel de los empresarios en la política y de la expansión internacional de su compañía. ¿Casualidad que ambos mensajes se hayan amplificado en un espacio con audiencia nacional de alto poder adquisitivo e influencia?

No se trata de acusar ni de etiquetar a nadie. Ni los entrevistados ni el entrevistador necesitan justificación para estar donde están. Sin embargo, en comunicación estratégica, la exposición rara vez es inocente. Una entrevista bien colocada puede ser más efectiva que un costoso plan de medios. El podcast, a su vez, gana prestigio al reunir a dos figuras de peso local de manera consecutiva, reforzando su narrativa de “aquí solo vienen los cracks”.

¿Hubo agenda oculta? ¿Fue gestión directa de los empresarios o pura selección editorial de Oso Trava? No hay pruebas de patrocinios encubiertos ni de acuerdos previos. Aun así, en un ecosistema donde política, negocios y medios se cruzan con frecuencia, dejar sembrada la duda forma parte del juego.

Por ahora lo único seguro es que Chihuahua tuvo doble reflector en un escaparate nacional. Los motivos, alcances y consecuencias quedan en la interpretación de cada lector. Y quizá ahí radica la verdadera magia: que una buena entrevista puede dejar tanto por escuchar como por imaginar.

Opinión

¿Por qué Roberto Lazzeri? La hora de negociar duro. Por Caleb Ordóñez Talavera

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Cuando un país decide quién lo representa en Washington, no solo elige un nombre: elige una estrategia. Y México acaba de elegir números sobre discursos.

Caleb Ordoñez

Roberto Lazzeri Montaño —economista del CIDE, operador financiero de carrera, arquitecto silencioso de deuda pública y crédito productivo— está a punto de convertirse en el embajador mexicano en Estados Unidos justo cuando la relación bilateral entra a su etapa más técnica, más tensa y más cara de la historia reciente.

No es coincidencia. Es cálculo.

Es un hombre que viene de los números. Lazzeri no llegó a la política por la puerta grande de los partidos ni por los reflectores del activismo. Llegó en 2005 por las hojas de cálculo del entonces Distrito Federal, manejando deuda pública cuando la mayoría de los funcionarios de su generación todavía aprendían el oficio. De ahí pasó a Banobras, luego a la Secretaría de Hacienda, y eventualmente a dirigir simultáneamente Nafin y Bancomext —los dos brazos del crédito productivo del Estado mexicano— en uno de los momentos más volátiles para el financiamiento externo del país.

Su cercanía con la 4T no es ideológica en el sentido clásico: es funcional. Trabajó directamente con Rogelio Ramírez de la O, el cerebro económico del obradorismo, y entendió —mejor que muchos— cómo sostener estabilidad macroeconómica dentro de un proyecto político que desconfía de los mercados pero los necesita. Eso lo hace valioso para Claudia Sheinbaum: no solo entiende el modelo, sino que sabe ejecutarlo sin romperlo.

¿Por qué ahora y por qué él?

Esteban Moctezuma no sale de Washington por fracaso. Sale porque el tablero cambió de juego. Desde 2021 fue el interlocutor ideal para una etapa de transición: perfil conciliador, relaciones sólidas, útil en el paso de Trump a Biden y en la consolidación inicial del TMEC. Cumplió y seguramente seguirá en la vida diplomática de primer nivel.

Pero lo que viene no se gestiona con diplomacia política. Se gestiona con ingeniería económica.

El comercio bilateral entre México y Estados Unidos supera los 900 mil millones de dólares anuales. Más del 80% de las exportaciones mexicanas dependen del mercado estadounidense. La revisión del TMEC se aproxima en 2026 con sectores enteros bajo presión —automotriz, acero, aluminio, energía— mientras Washington mantiene un discurso endurecido sobre fentanilo, migración y crimen organizado que complica cualquier conversación comercial.

A ese escenario se suman dos relojes políticos que corren en paralelo: el Mundial 2026, donde México coorganiza con Estados Unidos y Canadá una logística de seguridad e inversión sin precedentes, y las elecciones intermedias americanas, donde el proteccionismo y la retórica antiinmigrante históricamente se disparan. Lazzeri aterrizaría en Washington justo cuando los tres se cruzan.

La apuesta y el riesgo

Mandar a un financiero a la embajada más importante del país es un mensaje que Washington sabe leer: lo que viene es negociación dura, no protocolo. Pero esa misma fortaleza es su mayor vulnerabilidad.

Lazzeri llega sin red política propia en Estados Unidos, sin los vínculos personales que toman años construir con congresistas, reguladores y grupos empresariales. En una capital donde las relaciones informales mueven tanto como los tratados formales, eso importa. Y el tiempo para construirlas será escaso: la revisión del TMEC no esperará a que el nuevo embajador encuentre su ritmo.

Su verdadero reto no es técnico. Es traducir credibilidad financiera en poder diplomático real: negociar aranceles sin sacrificar industrias mexicanas, defender el tratado sin contradecir la narrativa nacionalista de la 4T y mantener la confianza de los inversionistas extranjeros en un entorno global que premia la certeza y castiga la ambigüedad.

En la relación más importante (y más costosa) que tiene México, no hay margen para la curva de aprendizaje. Lazzeri lo sabe. La pregunta es si Washington también está dispuesto a escuchar al técnico que llega a cambiar las reglas del juego o solo a administrarlas.????????????????

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