Opinión
ELISA, MI AMADA INMORTAL
| Francisco Rodríguez Pérez |
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El 17 de septiembre de 1956, mi Reina Santa y yo, ambos adolescentes, nos conocimos en la hermosa Ciudad Juárez, en el cruce de las calles 16 de septiembre y Avenida Lerdo, precisamente donde estaba el Banco Nacional de México. Allí iniciamos un diálogo amoroso que, desgraciadamente, se truncó a las 5 de la mañana del 29 de febrero de este año.
Ese día, que se repite sólo cada cuatro años como ajuste al calendario que marca nuestras vidas y nuestros tiempos, estábamos dormidos. Ella despertó. No podía respirar. Platicamos: – “¡Apóyate en mí, m’ijita”, le dije, para llevarla de la cama al sillón. Le di besos en su cabeza y en su frente. Ella se apoyó. Me abrazó y me dio un beso también. La senté en su sillón, en lo que me levantaba para preparar un té. En unos minutos regresé a su lado, vi que seguía en la misma posición. Me percaté que no había respiración. Traté de despertarla y no reaccionó. Le hablé a una de mis hijas, quien vive enseguida. Ella se encargó de hablar a los servicios de urgencia. – “No tiene signos vitales”, nos dijeron al revisarla… Allí se quedó dormida, como una Santa. Cerró sus ojos y cayó en un profundo sueño. Dejó de respirar. No hubo estertores. Fue lo más hermoso que uno esperaría para morir… Un paro. Así nomás… … Elisa Gil Martínez, nació en Ciudad Juárez, en el Valle de Juárez, hija de un pequeño agricultor, Don Francisco Gil Romero y Doña Ángela Martínez Fuentes de Gil. Realizó sus estudios básicos y luego el bachillerato. Fue dueña de una cultura general bien lograda. Nos conocimos bien chavalos: ella trabajaba en un estudio fotográfico, en la Lerdo; yo era archivista de la Aduana de Ciudad Juárez. Aquella plática de la 16 de septiembre y Lerdo duró casi cincuenta y cinco años: ocho de trato y noviazgo, y 48, casi 49, de matrimonio. Esperábamos celebrar nuestros 50 años, el 25 de mayo de 2013. Durante los años de noviazgo, me fui a México a estudiar, luego de realizar mis estudios en la secundaria y la preparatoria nocturnas, cuyo puntal enorme era el gran profesor Armando B. Chávez, con su maravillosa y linda esposa. En plena carrera no pude soportar estar lejos de ella y del noviazgo. Vine por ella. Nos casamos el 25 de mayo de 1963. La tesis de grado la dediqué: “A la memoria de mi padre, señor Francisco Rodríguez Lozada, hombre optimismo, infatigable en el trabajo y ante la adversidad”. “A mi madre, señora Maura Pérez Vda. de Rodríguez, mujer virtud, abnegación y tenacidad”. “A Elisa, compañera de mi vida”. “A mis pillos: Francisco, Jorge y Argelia que dieron a mi existencia una nueva razón”. Luego llegaron otros tres hijos, otras tres razones para vivir: Luis Ernesto, Alba Patricia y Elisa. Elisa, mi amada Elisa, fue acompañante en toda mi biografía, en los actos, en los eventos, en el nacimiento, en los cuidados, en las llevadas y traídas de los hijos a la escuela, en todo. Durante 48 años, mi gran aliada. ¡Bendita sea! Sin ella no hubiera sido nada en la vida. Ahora sin ella el recuerdo me honra y me hace vivir, aunque sé que nunca será lo mismo. Ahora sigue el reconocimiento de su vida, de la madre que tuvimos mis hijos y yo, porque después de mi madre, sólo Elisa, la madre que lloramos todos… Una vida de pasión sobre la creación y atención a su familia, en forma muy esmerada. Su existencia merece un Premio, el premio de las Mujeres dedicadas a la formación de los hogares mexicanos. Con esa labor callada, titánica y sublime, se nos quitarían muchos problemas de disolución social… Ellas dan lo que pueden dar, que es amor, el principal motivo de una mujer: dar amor. Madres y esposas hacen a uno comprender la grandeza de las mujeres sencillas y grandes, maravillosas, como mi esposa. Elisa, mi amada Elisa, mi Reina Santa, como le digo desde que nos conocimos, fue una mujer transparente en todo, buena en exceso, sin ser opresora para nada, con un particular sentido de la libertad de todos los demás. Elisa, Mi Reina Santa, derrochaba amor a la gente, siempre leal a sí misma y a su familia. Nunca un enojo, una llamada de atención, siempre dulzura y amor. Así era con todo el mundo que la rodeaba. Por eso se hizo grande, en su grande y preciosa familia, y también en la ahora grande familia, de la que ella fue el vértice. Fui el primer novio que tuvo ella. Y ella fue mi primera y última ilusión de toda mi vida. A Elisa debemos honrarla en la tarea de toda la vida, de cada día de su vida. En estos días ante tantos y tantos mensajes de aliento, desde “el paisa”, dolido por lo que nos pasó, al que todos los días íbamos por los periódicos, hasta el Señor Gobernador, les digo que hay que querer mucho a la compañera de la vida de uno. … El mensaje que, a nombre de la familia, pronunció nuestro hijo Luis Ernesto, que es abogado, lo escribió con su puño y letra y lo dijo en la misa: “Desde que nació, Dios puso sobre los hombros de mi madre una preciosa cruz: el cuidar y dar amor a su familia”. “Hoy, en su partida, su esposo, sus seis hijos y sus catorce nietos le decimos a Dios, Nuestro Señor, que cumplió y lo hizo de la manera más hermosa que lo puede hacer una madre, siempre con dulzura, dedicación y valentía”. “Con su vida, mi madre, hizo mejor la vida de quienes la conocían”. “A mi padre le decimos que fue el mejor de los esposos, que es un pilar para nosotros y que lo necesitamos hoy más que nunca”. “A todos ustedes les decimos: Gracias por su presencia, por sus muestras de apoyo, sus palabras, su solidaridad y su cariño. En estos momentos nos dan aliento”. “A Dios, le pedimos resignación y fortaleza”. “Pasó por la vida haciendo el bien. Si alguien merece ese señalamiento es mi madre. “Gracias”. La misa de cuerpo presente fue presidida por el Padre Dizán Vázquez, quien estuvo espléndido en la homilía, como siempre apegado a la doctrina y la creencia firme de nuestra fe, capaz de hacernos entender que sólo quien ama sufre. Mauricio, el hijo mayor de nuestra hija menor, apoyó al Padre Dizán; nuestra hija Alba Patricia se encargó de la Lectura de la Palabra, y nuestra hija Elisa, del Salmo. Todos los nietos querían participar. Entre ellos, Maura, quien estaba lista para proclamar la Palabra de Dios. En el camposanto, nuestra hija Elisa expresó su sentir, con un mensaje de la mujer, madre y puntal de las generaciones. … Sin saber que existías, te deseaba, antes de conocerte, te adiviné Llegaste en el momento, en que te esperaba, No hubo sorpresa alguna, cuando te hallé El día en que cruzaste, por mi camino, tuve el presentimiento, de algo fatal: Esos ojos me dije, son mi destino, y esos brazos hermosos, son mi dogal. Esa canción interpretada por los Hermanos Martínez Gil, obra del compositor Emilio Pacheco, retrataba mi sentimiento hacia Elisa. Y en la bohemia, se me hacía fácil aplicarme el final de “Andariego”: …Y cuando yo me muera, ni luz, ni llanto, ni luto ni nada más Ahí junto a mi cruz, yo sólo quiero paz Sólo tú, corazón, si recuerdas mi amor, una lágrima llévame, por última vez. En silencio, dirás una plegaria y por Dios, olvídame después. Pero ella no estaba dispuesta a cumplir el pacto que esa pieza significa. El miércoles, se me adelantó… La plegaria la cumplo y cumpliré. Pero jamás podré olvidarla: Elisa, mi amada Elisa, estará siempre en mi recuerdo y en mi vida, como lo estará en la existencia misma de mis hijos y mis nietos, en esta familia, en estas generaciones de la que ella, como todas las mujeres, como todas la madres, es pilar insustituible. En el amor de pareja, en los pilares donde la mujer destaca, es la mujer madre, la mujer base de la familia y de las generaciones. En el duelo, pero armando el texto, pedí a Beethoven su inspiración, por Elisa, por su Amada Inmortal, para él un amor imposible, irrealizado; para mí, en cambio, plenamente satisfecho. Pedí a Benedetti trozos de su poesía, y también a Amancio Prada, su poema “Compañera”: Para siempre me tienes a tu vera, la querencia me aposta a tu costado, y si acaso me ausento de tu lado, tendida junto a ti dejo mi estera. Para siempre me tienes, compañera, para siempre me tienes aferrado, parra que alzas, rosal que te ha trepado, yedra tenaz, osada enredadera. Yo nunca cejo, amor, yo nunca cejo, a menudo me vuelvo en el camino y en el rostro me llevo tu reflejo. Nunca me alejo, amor, nunca me alejo, de pájaros me lleno y me culmino y me venzo hacia ti, por ti me inclino. ¡Hasta siempre, Elisa… mi amada inmortal!Para Elisa, mi amada inmortal |
Opinión
Huachicol y otros demonios. Por Caleb Ordoñez T.
México lleva ocho años combatiendo el huachicol y el huachicol lleva ocho años ganándole por goleada. López Obrador inauguró su gobierno cerrando ductos y prometiendo mandar al huachicolero al museo de la corrupción del pasado. Ocho años y una transición después, México registró 2,563 tomas clandestinas solo en el primer trimestre de 2026: una cada 51 minutos. El huachicolero no murió. Evolucionó, se puso corbata y aprendió política.
¿Por qué Huachicol?
“Huachicol” nombró primero al alcohol adulterado, era una bebida que prometía una cosa y entregaba otra, antes de migrar a la gasolina robada y, ya en su versión de cuello blanco, al huachicol fiscal. Somos creativos para ponerles nombres folclóricos a nuestras tragedias.

Caleb Ordoñez Talavera
Y esto dejó de ser folclor hace mucho. En el primer trimestre del año, Hidalgo registró 731 tomas clandestinas; Jalisco, 578; el Estado de México, 189. Cuautepec de Hinojosa, un solo municipio de Hidalgo, acumuló 202 perforaciones en tres meses. Una toma clandestina cada 51 minutos no es el vecino con una manguera a las tres de la mañana. Es una industria con horario de oficina, y una industria necesita nómina: gente para sacar el combustible, pipas para moverlo, bodegas para guardarlo y empresas de papel para lavar las ganancias. Y para sostener el aparato durante años hace falta el insumo más caro de todos: suficientes autoridades dispuestas a no ver, no oír y no preguntar.
Aquí conviene hacer una pausa honesta. El gobierno tiene un argumento real que oponer a esto: los aseguramientos han aumentado, no disminuido, y parte de la razón por la que ahora “vemos” más huachicol es que se está buscando más que antes. Es cierto. El problema es que ese argumento explica el número de decomisos, no el de tomas clandestinas —que también aumentó—, y tampoco explica por qué las redes de corrupción y protección que hacen posible semejante negocio han logrado sobrevivir durante ocho años. Encontrar más droga no prueba que se esté ganando la guerra contra el narco; encontrar más huachicol tampoco prueba que se esté ganando esta.
La escoba de Tabasco
Aquí entra Adán Augusto López. No existe sentencia que lo vincule con el huachicol ni está acreditado que perteneciera a La Barredora. Su problema es otro, y más incómodo: cuando gobernaba Tabasco, puso al frente de la seguridad pública a Hernán Bermúdez Requena, el hombre encargado de cazar exactamente a los delincuentes que terminó, presuntamente, dirigiendo.
Hoy Bermúdez está procesado como presunto jefe de “La Barredora”, organización señalada por extorsión, secuestro y robo de combustible. El hombre puesto a barrer el crimen de Tabasco terminó acusado de encabezar La Barredora llena de corrupción. Adán Augusto ha negado cualquier vínculo y no enfrenta cargos. Pero muchos tabasqueños aseguran que está involucrado.
Lo que no resuelve es la pregunta política: ¿cómo se gobierna un estado sin enterarse de lo que ocurre alrededor del propio jefe de Seguridad? Solo hay dos respuestas, y ambas son un problema. Si lo sabía, es gravísimo. Si no lo sabía, la pregunta es qué estaba gobernando exactamente. Para quien después llegó a secretario de Gobernación y hoy pretende conservar influencia en la definición electoral de 2027, ninguna cabe en un currículum, aunque ambas quepan en la política mexicana.
El huachicol aprendió a usar corbata
Mientras el país perseguía mangueras en el campo, el negocio se mudó a un piso más alto. El huachicol fiscal ni siquiera necesita perforar un ducto: puede bastarle un barco, una importación mal declarada, una empresa fachada y un pedimento aduanal firmado por la persona indicada. Cambió la camioneta por un escritorio y la manguera por un sello.
Las investigaciones han tocado ya a mandos vinculados con la Marina, la institución a la que López Obrador entregó el control de las aduanas para, supuestamente, erradicar la corrupción. Se le dieron las llaves de la puerta trasera a quien debía cuidarla. El pasado 17 de septiembre se conoció en Guanajuato el aseguramiento de 59 millones de litros de presunto combustible ilícito en diez tanques. Con una cifra así, preguntar solo quién manejaba la pipa es casi un acto de inocencia voluntaria. La pregunta es quién permitió construir la carretera —económica, institucional y política— por la que ese combustible circuló durante años.
Adán y la búsqueda incesante de gubernaturas
Tras el escándalo, Adán Augusto dejó la coordinación de Morena en el Senado y anunció que se dedicaría a tareas electorales rumbo a 2027, elección en la que se disputarán 17 gubernaturas para la que Morena ya registró 277 aspirantes. Lejos de desaparecer, sigue moviendo fichas: respalda públicamente a Andrea Chávez en Chihuahua, frente al alcalde de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar (favorito en encuestas), y participa en la operación territorial del partido en estados donde aún no se resuelven las candidaturas.
Es decir: mientras el país intenta averiguar cómo el crimen organizado penetró policías, gobiernos y negocios de combustible, uno de los políticos más salpicados políticamente por el caso sigue participando en la construcción del próximo mapa de poder. Solo en la política mexicana un escándalo de ese tamaño puede convertirse en escala y no necesariamente en lastre.
Los otros demonios
Nos acostumbramos a las fotografías de bidones y camionetas incendiadas —una imagen casi reconfortante porque colocaba al delincuente lejos del poder—. Pero un negocio capaz de producir miles de tomas clandestinas y sobrevivir durante ocho años no se explica únicamente desde abajo. Necesita perforadores, sí, pero también transportistas, empresarios y funcionarios que decidieron no complicarse la vida. Necesita, sobre todo, silencio comprado al mayoreo.
López Obrador creyó que bastaba con cerrar ductos. Sheinbaum enfrenta algo más incómodo: averiguar hasta dónde llegan las tuberías políticas que heredó y decidir —con nombres y cargos, no con comunicados— cuánto está dispuesta a seguirlas. Decomisar combustible es relativamente sencillo; investigar las redes de funcionarios, empresarios y protectores que permitieron que el negocio sobreviviera mientras el gobierno presumía combatirlo es otra cosa.
Ahí empiezan los otros demonios. Porque seguir una manguera es fácil. Lo verdaderamente peligroso es seguir el dinero y, de ahí, sin desviarse, seguir al poder mismo.
¿Alguien les pondrá un alto?
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