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Iglesias Solórzano; funcionario ejemplar por Juan Ramón Camacho Rodríguez

Creo que los buenos hombres, los virtuosos funcionarios públicos, merecen el reconocimiento de todos nosotros, sin mayor razón que la de ser ejemplo para cualquiera.

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Creo que los buenos hombres, los virtuosos funcionarios públicos, merecen el reconocimiento de todos nosotros, sin mayor razón que la de ser ejemplo para cualquiera.

La organización cuauhtemense Observatorio Ciudadano, presidida por Juvencio Caro,  ofreció un desayuno en honor del Coronel Luis Valentín Iglesias Solórzano, quien es llamado por la Secretaría de la Defensa Nacional a servir en el centro del país.

Va a trabajar en Estado Mayor, según él mismo.  El Coronel Iglesias, se va de Cuauhtémoc, después de haber comandado por casi un año y medio el Segundo Batallón de Infantería con destacamento en esta ciudad.  Hay resultados satisfactorios por parte del ejército en esta zona, y esto nadie lo pone en duda.

Precisamente por los resultados que el Ejército Mexicano tuvo en esta región, es por lo que el Coronel Iglesias recibe tan merecido reconocimiento por parte del organismo civil encargado de vigilar las estrategias y acciones que persiguen dar mayor seguridad a los ciudadanos.

Durante su labor al frente del Segundo Batallón de Infantería, mostró siempre disposición para la colaboración con dependencias estatales y municipales; siempre trató decorosamente a los medios de comunicación y mantuvo una cordial y respetuosa relación con los representantes de instituciones, asociaciones y empresas de la región.

Cuando  Iglesias Solórzano agradeció a los integrantes del Observatorio Ciudadano por el evento realizado en su honor, se refirió a ellos como “ciudadanos honestos que han sido fundamentales para que Cuauhtémoc se encuentre ubicado en donde esta, estatal y nacionalmente”.

Pero igualmente reconoció el militar que hay muchos más cuauhtemenses buenos que malos, y que estos ciudadanos  se  unen para bien de todos.  Se ve un gesto de satisfacción en el Coronel Iglesias; su trabajo fue muy bueno y merece el reconocimiento de todos, porque son servidores como él los que necesitamos en todos los puntos del país.

En su mensaje de agradecimiento, el militar dijo: “Me voy con Chihuahua en el corazón”.  A los cuauhtemenses nos deja esa agradable sensación que los hombres serviciales y responsables suelen dejar en quienes reciben sus servicios.

JRCR

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Opinión

¿Por qué Roberto Lazzeri? La hora de negociar duro. Por Caleb Ordóñez Talavera

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Cuando un país decide quién lo representa en Washington, no solo elige un nombre: elige una estrategia. Y México acaba de elegir números sobre discursos.

Caleb Ordoñez

Roberto Lazzeri Montaño —economista del CIDE, operador financiero de carrera, arquitecto silencioso de deuda pública y crédito productivo— está a punto de convertirse en el embajador mexicano en Estados Unidos justo cuando la relación bilateral entra a su etapa más técnica, más tensa y más cara de la historia reciente.

No es coincidencia. Es cálculo.

Es un hombre que viene de los números. Lazzeri no llegó a la política por la puerta grande de los partidos ni por los reflectores del activismo. Llegó en 2005 por las hojas de cálculo del entonces Distrito Federal, manejando deuda pública cuando la mayoría de los funcionarios de su generación todavía aprendían el oficio. De ahí pasó a Banobras, luego a la Secretaría de Hacienda, y eventualmente a dirigir simultáneamente Nafin y Bancomext —los dos brazos del crédito productivo del Estado mexicano— en uno de los momentos más volátiles para el financiamiento externo del país.

Su cercanía con la 4T no es ideológica en el sentido clásico: es funcional. Trabajó directamente con Rogelio Ramírez de la O, el cerebro económico del obradorismo, y entendió —mejor que muchos— cómo sostener estabilidad macroeconómica dentro de un proyecto político que desconfía de los mercados pero los necesita. Eso lo hace valioso para Claudia Sheinbaum: no solo entiende el modelo, sino que sabe ejecutarlo sin romperlo.

¿Por qué ahora y por qué él?

Esteban Moctezuma no sale de Washington por fracaso. Sale porque el tablero cambió de juego. Desde 2021 fue el interlocutor ideal para una etapa de transición: perfil conciliador, relaciones sólidas, útil en el paso de Trump a Biden y en la consolidación inicial del TMEC. Cumplió y seguramente seguirá en la vida diplomática de primer nivel.

Pero lo que viene no se gestiona con diplomacia política. Se gestiona con ingeniería económica.

El comercio bilateral entre México y Estados Unidos supera los 900 mil millones de dólares anuales. Más del 80% de las exportaciones mexicanas dependen del mercado estadounidense. La revisión del TMEC se aproxima en 2026 con sectores enteros bajo presión —automotriz, acero, aluminio, energía— mientras Washington mantiene un discurso endurecido sobre fentanilo, migración y crimen organizado que complica cualquier conversación comercial.

A ese escenario se suman dos relojes políticos que corren en paralelo: el Mundial 2026, donde México coorganiza con Estados Unidos y Canadá una logística de seguridad e inversión sin precedentes, y las elecciones intermedias americanas, donde el proteccionismo y la retórica antiinmigrante históricamente se disparan. Lazzeri aterrizaría en Washington justo cuando los tres se cruzan.

La apuesta y el riesgo

Mandar a un financiero a la embajada más importante del país es un mensaje que Washington sabe leer: lo que viene es negociación dura, no protocolo. Pero esa misma fortaleza es su mayor vulnerabilidad.

Lazzeri llega sin red política propia en Estados Unidos, sin los vínculos personales que toman años construir con congresistas, reguladores y grupos empresariales. En una capital donde las relaciones informales mueven tanto como los tratados formales, eso importa. Y el tiempo para construirlas será escaso: la revisión del TMEC no esperará a que el nuevo embajador encuentre su ritmo.

Su verdadero reto no es técnico. Es traducir credibilidad financiera en poder diplomático real: negociar aranceles sin sacrificar industrias mexicanas, defender el tratado sin contradecir la narrativa nacionalista de la 4T y mantener la confianza de los inversionistas extranjeros en un entorno global que premia la certeza y castiga la ambigüedad.

En la relación más importante (y más costosa) que tiene México, no hay margen para la curva de aprendizaje. Lazzeri lo sabe. La pregunta es si Washington también está dispuesto a escuchar al técnico que llega a cambiar las reglas del juego o solo a administrarlas.????????????????

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