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Opinión

La niña que logró lo impensable. Por Caleb Ordóñez T.

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Como candidata electa -oficialmente- el pasado jueves, Sheinbaum pronunció un discurso que ha resonado ampliamente en el panorama nacional. A lo largo de sus intervenciones, Sheinbaum utilizó frases cargadas de simbolismo y de una retórica que busca marcar un punto de inflexión en la política, en lo que será su política como representante del Poder Ejecutivo.

Caleb Ordóñez T.

¿Qué nos quiso decir? A continuación, analicemos algunas de sus declaraciones más impactantes, en su primer mensaje oficial. En 10 frases, Claudia nos deja en claro cómo quiere gobernar.

1. «Hoy estamos aquí para decir que no solo hemos llegado, sino que lo hemos hecho de la mano de la historia»

Esta frase refleja el sentido de continuidad que Sheinbaum quiere imprimir a su proyecto político. No se trata solo de ocupar un cargo, sino de ser parte de un movimiento histórico que comenzó con la autollamada Cuarta Transformación bajo el liderazgo de su líder moral Andrés Manuel López Obrador.

Sheinbaum se posiciona a sí misma como la heredera legítima de ese movimiento, subrayando que su llegada a la presidencia no es un accidente, sino el resultado de un proceso histórico.

2. «Me siento orgullosa de ser la primera mujer en la historia que aspira a la presidencia con la fuerza del pueblo»

Claudia destaca su condición de mujer en un contexto político que ha sido históricamente dominado por los varones. Este orgullo no solo subraya su identidad de género, sino que también vincula su candidatura a un movimiento popular. Al hablar de «la fuerza del pueblo», Sheinbaum se alinea con la narrativa de la autollamada Cuarta Transformación, que presume promover un gobierno para y por el pueblo, con un fuerte énfasis en la inclusión y la equidad.

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Opinión

Estados Unidos comienza a sentir los efectos de una política de inmigración cercana a cero

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A un año del endurecimiento de la política migratoria impulsada por la administración del presidente Donald Trump, diversas comunidades y sectores económicos de Estados Unidos comienzan a registrar los efectos de una reducción sostenida de la población nacida en el extranjero. Hospitales, empresas, escuelas y organizaciones comunitarias enfrentan ausencias que ya impactan su funcionamiento cotidiano.

De acuerdo con estimaciones de Oxford Economics, la inmigración neta se ubica actualmente en alrededor de 450 mil personas al año, una cifra muy inferior a los dos o tres millones anuales registrados durante la administración anterior. En 2024, la población nacida fuera del país alcanzó el 14.8 por ciento del total nacional, el nivel más alto desde 1890, aunque la tendencia apunta a una desaceleración marcada.

Las restricciones incluyen el aumento de tarifas de visas, una reducción casi total en la admisión de refugiados, la caída en el ingreso de estudiantes internacionales y la eliminación de programas de estatus legal temporal. El gobierno federal ha informado la expulsión de más de 600 mil personas, mientras que funcionarios han señalado que el objetivo es aproximarse a un escenario similar al de la década de 1920, cuando la inmigración neta llegó a cero.

Los cambios ya se reflejan en distintas regiones del país. En Luisiana, empresas constructoras reportan escasez de mano de obra; en Virginia Occidental, hospitales han perdido médicos y enfermeras formados en el extranjero; y en ciudades como Memphis, ligas deportivas comunitarias han visto disminuir su participación. En zonas con alta presencia migrante, comercios, iglesias y eventos culturales registran menor afluencia por el temor a detenciones.

En Marshalltown, Iowa, una ciudad donde cerca del 19 por ciento de la población es extranjera y se hablan decenas de dialectos en las escuelas públicas, las consecuencias también son visibles. Plantas procesadoras han reducido personal por la expiración de permisos laborales, proyectos de construcción se han visto afectados y familias inmigrantes han optado por retirar a sus hijos de las aulas ante la incertidumbre.

El impacto se extiende a sectores clave como la salud, la agricultura y el cuidado de personas mayores, donde una parte significativa de la fuerza laboral es inmigrante. Autoridades locales, empresarios y académicos coinciden en que, aunque los empleadores buscan alternativas como la automatización o el traslado de operaciones, muchas actividades siguen dependiendo del trabajo presencial.

Especialistas advierten que, a largo plazo, una inmigración reducida podría agravar los efectos del envejecimiento poblacional y limitar el crecimiento económico, especialmente en comunidades que han dependido de la llegada de nuevos habitantes para sostener su desarrollo.

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