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Cempasúchil, la flor que une el Día de Muertos con India

Cempasúchil, la flor que une el Día de Muertos con India

En las vísperas del Día de Muertos, los campos, mercados, casas y espacios públicos de México se llenan del característico color naranja del cempasúchil. Esta flor, conocida en el entorno náhuatl como cempoalxóchitl, que significa “veinte flores”, no solo es un símbolo de la festividad mexicana, sino que también establece un vínculo cultural y espiritual con India, a más de 15 mil kilómetros de distancia, donde se utiliza en rituales sagrados del hinduismo.

La historia del cempasúchil se remonta al siglo XVI, cuando comerciantes y navegantes llevaron esta especie nativa de México a Asia. Su adaptación en el subcontinente ha sido tan exitosa que hoy en día es un elemento esencial en la vida cotidiana y religiosa de regiones como Bengala Occidental, donde se le conoce como Genda Phool.

En la tradición mexicana, la sacralidad del cempasúchil comienza desde su siembra, que se realiza en comunidades campesinas como San Pablo Coapan, en Naolinco. Este proceso está regido por el calendario festivo y astronómico, comenzando el 24 de junio, día de San Juan Bautista, cuando las lluvias veraniegas favorecen el crecimiento de la semilla. Cuatro meses después, el 24 de octubre, se inicia el corte de la flor en la festividad de San Rafael Arcángel, marcando el inicio de la recolección y la preparación para las celebraciones.

La recolección del cempasúchil culmina en los altares de muertos, donde los pétalos deshojados crean senderos que, junto con su aroma penetrante y su resplandor naranja, guían a las almas de los difuntos desde el Mictlán de regreso al hogar familiar. Esta tradición resalta la importancia del cempasúchil en la celebración del Día de Muertos, convirtiéndola en una flor imprescindible en los altares y en la cultura mexicana.

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Ritual del Día de Muertos en riesgo por turismo masivo

Ritual del Día de Muertos en riesgo por turismo masivo

El Día de Muertos enfrenta el riesgo de convertirse en una mera marca comercial, lo que podría desvirtuar su esencia cultural y su significado, advirtió el etnohistoriador Juan Pablo García Urióstegui, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). En entrevista con Excélsior, García Urióstegui destacó la importancia de alejar la festividad de la desinformación y de revisar su inscripción en la lista representativa de la UNESCO, que se realizó en 2003.

El investigador subrayó que la declaratoria de la UNESCO, que se emitió cinco años después de la inscripción, se refiere específicamente a la festividad indígena dedicada a los muertos. “Esto significa que lo que hacemos en las ciudades no está declarado, lo que es una mentira que ha sido utilizada en el marketing; lo que está protegido es la actividad indígena dedicada a los muertos”, afirmó. Sin embargo, señaló que la declaratoria solo incluye a 42 de los 68 grupos indígenas, lo que deja fuera a 16 comunidades que también forman parte de esta tradición.

García Urióstegui también hizo hincapié en que, aunque la declaratoria busca proteger una tradición que se está perdiendo, la festividad en sí no estaba en peligro de extinción. Además, cuestionó el origen de la celebración, indicando que, aunque se le atribuye un origen prehispánico, en realidad, el Día de Muertos nació en el siglo XIX.

Otro punto crítico que mencionó el especialista es que la declaratoria describe una cosmovisión mexica del posclásico tardío (1200–1521 d.C.), a pesar de que también protege a grupos mayenses, huaves, mixtecos y zapotecos, quienes no comparten la misma cosmovisión.

Finalmente, García Urióstegui expresó su preocupación por el proceso de creación de la declaratoria, señalando que no se consultó a especialistas en el estudio de la muerte, como antropólogos, sociólogos e historiadores, lo que podría haber llevado a una representación incompleta y sesgada de la festividad.

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