Ciencia y Tecnología
Por esta razón no puedes dejar Facebook ni Twitter
Un 78 por ciento de los usuarios de redes sociales declaró su deseo de abandonarlas, debido a que consideran que el hábito de consultarlas con frecuencia se convierte en una pérdida de tiempo, sin embargo el temor a perder recuerdos o amistades les impide hacerlo.
Esto lo reveló Kaspersky Lab tras hacer una encuesta en línea a cuatro mil 831 personas, las cuales respondieron ocho preguntas sobre sus hábitos al usar redes sociales como Facebook o Twitter.
La mayoría se mostró con deseos de desconectarse de las redes sociales, pero más del 60 por ciento no lo hace debido a que teme perder contacto con sus amigos, informa Notimex.
Sin embargo, el 21 por ciento de los encuestados no mostró temor a perder a sus amistades si es que se salían de las redes sociales, pero se mantienen dentro de las mismas por el temor a perder sus recuerdos digitales como fotos, videos o mensajes.
Ante ello, la firma señala que con el miedo a perder a los amigos y conocidos, nadie puede hacer nada, pero contra el temor de no poder acceder a ciertos recuerdos sí es posible hacer algo, como guardarlos en un dispositivo de almacenamiento o en la nube.
Ventaja o peligro
En un comunicado el jefe de Medios Sociales en Kaspersky Lab, Evgeny Chereshnev, señaló que las redes sociales son ambivalentes, por lo que la libertad respecto a usarlas o no, no debe representar sacrificio alguno para los usuarios.
«Las redes sociales pueden ser una ventaja o un peligro. Creemos que cada persona tiene el derecho en todo momento a decidir libremente qué plataformas usar o dejar por completo”, dijo.
Expuso que la verdadera libertad digital no es un asunto de tener que hacer sacrificios, por lo que la firma pretende que las personas vuelvan a tener el control al contar con una copia cifrada de todos sus recuerdos digitales.
Sipse
Ciencia y Tecnología
Inteligencia artificial: acceso democratizado, poder concentrado
El acceso a la inteligencia artificial (IA) se ha democratizado en los últimos años, permitiendo que personas de diversas partes del país, como un estudiante en Oaxaca, puedan utilizar herramientas que anteriormente estaban reservadas para laboratorios especializados. Sin embargo, esta democratización contrasta con la concentración del poder en manos de unas pocas corporaciones tecnológicas que dominan el desarrollo y la implementación de estos sistemas avanzados.
Según el AI Index de Stanford, entre noviembre de 2022 y octubre de 2024, el costo de acceder a modelos de IA con un rendimiento similar al de GPT-3.5 se redujo en más de 280 veces. Esta disminución en los costos ha permitido que un mayor número de usuarios acceda a capacidades cognitivas complejas, lo que representa un avance significativo en la disponibilidad de la tecnología.
A pesar de esta accesibilidad, el desarrollo de sistemas de IA de vanguardia requiere inversiones significativas. Las grandes empresas tecnológicas de Estados Unidos invierten cientos de miles de millones de dólares anualmente en infraestructura de cómputo y energía, impulsadas por la creciente demanda de IA. Este escenario ha llevado a que un pequeño grupo de corporaciones controle los aspectos más críticos del ecosistema de IA, desde el diseño de chips hasta la nube y los modelos fundamentales que permiten su funcionamiento.
En el libro “Tres Crisis”, se describen dos tendencias que coexisten en este contexto. Por un lado, hay una descentralización que, a través de la energía distribuida, el conocimiento abierto y las redes colaborativas, busca democratizar la creación y producción de tecnología. Por otro lado, se observa una consolidación de un complejo tecnológico-industrial que ejerce un poder económico y político sin precedentes. La IA, en este sentido, acelera ambas fuerzas, pero de manera desigual: mientras que se amplía el acceso a la tecnología, se concentra el control sobre su desarrollo y los beneficios que de ella se derivan.
Esta paradoja se explica por razones económicas. Desarrollar un modelo de IA avanzado implica realizar inversiones fijas que se amortizan entre un gran número de usuarios. Sin embargo, satisfacer esta demanda requiere un consumo constante de recursos de cómputo y electricidad. Las empresas más grandes pueden negociar contratos de suministro energético más favorables, optimizar su infraestructura y ofrecer servicios a clientes que ya están integrados en sus ecosistemas, lo que les otorga una ventaja competitiva significativa.
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