Ciencia y Tecnología
iPhone XS y XS Max los nuevos Smartphone de Apple
La multinacional estadunidense Apple presentó este miércoles sus nuevos modelos de teléfono inteligente, los iPhone XS y XS Max, con una pantalla cubierta por un nuevo tipo de cristal, protección especial ante líquidos, y disponibles en dorado, plateado y gris.
«Hoy llevamos el iPhone X al siguiente nivel. Les presento el que es, de lejos, el iPhone más avanzado que jamás hayamos creado», indicó durante la presentación el consejero delegado de Apple, Tim Cook.
El iPhone XS tiene una pantalla de 5.8 pulgadas (14.7 centímetros) con tecnología OLED, introducida en los modelos del año pasado y que incrementa el contraste y el brillo con respecto a las pantallas tradicionales LCD.
Como viene siendo habitual en los últimos lanzamientos de iPhone, Apple también presentó una versión más grande de este mismo teléfono, bautizado iPhone XS Max, que tiene una pantalla de 6.5 pulgadas (16,5 centímetros), la más grande de la compañía hasta la fecha.
Apple ha incrementado el tamaño de las pantallas sin prácticamente aumentar las dimensiones de los teléfonos con respecto a sus predecesores, de manera que, por ejemplo, el iPhone XS, que tiene una pantalla igual de grande que el X, es en su conjunto un dispositivo más pequeño.
Entre las novedades del nuevo teléfono también se encuentran mejoras en la reproducción de imágenes mediante las tecnologías Dolby Vision y HDR10, altavoces con mayor amplitud de sonido estéreo y un incremento de la velocidad del sistema de reconocimiento facial introducido el año pasado.

La protección ante el agua se ha mejorado de manera que los teléfonos no se estropeen incluso «si caen a la piscina» y se han hecho pruebas con todo tipo de líquidos, «incluso cerveza», apuntó el vicepresidente de Marketing de la compañía, Philip Schiller.
Ciencia y Tecnología
Inteligencia artificial: acceso democratizado, poder concentrado
El acceso a la inteligencia artificial (IA) se ha democratizado en los últimos años, permitiendo que personas de diversas partes del país, como un estudiante en Oaxaca, puedan utilizar herramientas que anteriormente estaban reservadas para laboratorios especializados. Sin embargo, esta democratización contrasta con la concentración del poder en manos de unas pocas corporaciones tecnológicas que dominan el desarrollo y la implementación de estos sistemas avanzados.
Según el AI Index de Stanford, entre noviembre de 2022 y octubre de 2024, el costo de acceder a modelos de IA con un rendimiento similar al de GPT-3.5 se redujo en más de 280 veces. Esta disminución en los costos ha permitido que un mayor número de usuarios acceda a capacidades cognitivas complejas, lo que representa un avance significativo en la disponibilidad de la tecnología.
A pesar de esta accesibilidad, el desarrollo de sistemas de IA de vanguardia requiere inversiones significativas. Las grandes empresas tecnológicas de Estados Unidos invierten cientos de miles de millones de dólares anualmente en infraestructura de cómputo y energía, impulsadas por la creciente demanda de IA. Este escenario ha llevado a que un pequeño grupo de corporaciones controle los aspectos más críticos del ecosistema de IA, desde el diseño de chips hasta la nube y los modelos fundamentales que permiten su funcionamiento.
En el libro “Tres Crisis”, se describen dos tendencias que coexisten en este contexto. Por un lado, hay una descentralización que, a través de la energía distribuida, el conocimiento abierto y las redes colaborativas, busca democratizar la creación y producción de tecnología. Por otro lado, se observa una consolidación de un complejo tecnológico-industrial que ejerce un poder económico y político sin precedentes. La IA, en este sentido, acelera ambas fuerzas, pero de manera desigual: mientras que se amplía el acceso a la tecnología, se concentra el control sobre su desarrollo y los beneficios que de ella se derivan.
Esta paradoja se explica por razones económicas. Desarrollar un modelo de IA avanzado implica realizar inversiones fijas que se amortizan entre un gran número de usuarios. Sin embargo, satisfacer esta demanda requiere un consumo constante de recursos de cómputo y electricidad. Las empresas más grandes pueden negociar contratos de suministro energético más favorables, optimizar su infraestructura y ofrecer servicios a clientes que ya están integrados en sus ecosistemas, lo que les otorga una ventaja competitiva significativa.
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