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Opinión

Ley del Deporte…Por Jaime A. Fong R.

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Hola a todos! Con el gusto de saludarlos permítanme platicarles sobre lo acontecido el día de ayer en San Lázaro durante la discusión del dictamen sobre la nueva Ley General de Cultura Física y Deporte la cual fue enviada por el Senado.

Este dictamen que fue procesado de manera rápida en la colegisladora, nos habla sobre la inclusión de diversos lineamientos legales que harán que el Deporte y la Cultura Física en nuestro país, sean parte de un plan de desarrollo nacional.

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Este concepto viene a formar parte de la promoción de la igualdad de oportunidades para la participación de actividades deportivas de carácter recreativo, educativo, salud o rehabilitación.

Es decir, el Estado a través de la Comisión Nacional del Deporte (CONADE) será quien conduzca exclusivamente todo lo relacionado con el Deporte en México, con ello se elimina la duplicidad de funciones y la triangulación de recursos que actualmente sucede por las federaciones y asociaciones deportivas.

Registro Nacional del Deporte.

Cada uno de los estados y el distrito federal junto con todas las asociaciones deportivas en el país, formaran un solo registro deportivo en México. Es decir todos los que practiquen deporte de algún tipo desde el municipio mas pequeño hasta las asociaciones mas grandes, estarán reconocidos y podrán ser apoyados.

Todos hemos visto que nuestros deportistas paralímpicos obtienen mejores logros en las competencias olímpicas, pues ahora el Comité Paralímpico Mexicano estará al mismo nivel que el Comité Olímpico Mexicano, sin distinción alguna.

De esta manera un deportista con discapacidad y un deportista convencional no tendrán diferencia alguna ante la nueva Ley.

Consejo de Vigilancia.

Actualmente lamentablemente existen en algunos deportes mas de una federación nacional que ve por intereses distintos a los que el Deporte persigue. Con la creación del Consejo de Vigilancia Deportiva, será el órgano que vigile los procesos electorales de las asociaciones deportivas y con ello evitar lo primero.

Además con ello se evitara que un conflicto de carácter electoral federado llegue a niveles inesperados muy largos causando un gran deterioro al deporte nacional. Un ejemplo de ello, en lo personal lo vive, lo es el Basquetbol de nuestro país.

¿Creen que con esta nueva Ley México obtendrá más medallas en Juegos Olímpicos?

Al Tiempo, tiempo.

El azul se va y se regresa solo –

Nos leemos la próxima semana.

Twitter: @jafongjaime fong

Jaime Agustín Fong Ríos, es originario de Ciudad Cuauhtémoc Chihuahua, egresado de la Licenciatura en Derecho por la Universidad Autónoma de Chihuahua, ha trabajado como asesor de comisiones legislativas en el Congreso del Estado de Chihuahua y actualmente labora en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.

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Opinión

Marx Arriaga: cuando la educación se volvió trinchera. Por Caleb Ordóñez T.

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La salida de Marx Arriaga del aparato educativo federal cerró un capítulo ruidoso, pero no el libro completo. Porque más allá del personaje, lo que deja este episodio es una historia conocida —aunque pocas veces contada con calma— sobre cómo la educación en México suele administrarse: entre egos, cuotas y pulsos políticos que poco tienen que ver con lo que pasa dentro del salón de clases.

Arriaga no fue un funcionario gris. Al contrario: fue protagonista. Defendió con convicción una visión específica de los libros de texto gratuitos y convirtió su gestión en una causa. Eso lo volvió visible, influyente… y también prescindible. En educación, cuando el conflicto escala, el sistema rara vez se corrige; simplemente cambia de rostro.

Los números ayudan a dimensionar el tamaño del problema. Cada año, el Estado mexicano distribuye más de 150 millones de libros de texto gratuitos a través de la CONALITEG. Es uno de los programas editoriales más grandes del mundo. Pero ese volumen contrasta con la fragilidad del consenso que lo sostiene. Cambian equipos, cambian prioridades, cambian narrativas, y los libros —que deberían ser un punto de estabilidad— se convierten en terreno de disputa.

Mientras tanto, más de 1.2 millones de docentes en educación básica reciben materiales y lineamientos que se ajustan con rapidez, pero sin el mismo cuidado en la capacitación. El maestro no siempre sabe si el cambio responde a una mejora pedagógica o a una decisión política. Y cuando esa duda se instala, la implementación se vuelve irregular.

Los resultados están a la vista. En la última evaluación PISA disponible, México se mantuvo por debajo del promedio internacional: alrededor de 395 puntos en matemáticas, 415 en lectura y 410 en ciencias, frente a promedios globales que rondan los 470–480 puntos. No son cifras nuevas ni sorprendentes, pero sí persistentes. Y esa persistencia sugiere que el problema no es un sexenio ni un funcionario, sino un modelo que cambia formas sin transformar el fondo.

La historia de siempre: el botín político de la educación.

El caso Arriaga también expone cómo la educación suele operar como espacio de poder simbólico. Definir contenidos no es solo decidir qué se enseña, sino qué país se imagina. Por eso los debates se vuelven tan intensos y, a veces, tan poco técnicos. Se discute más el mensaje que el método, más la intención que el impacto real en el aprendizaje.

Desde fuera, esa dinámica proyecta una imagen incómoda. México aparece como un país que discute la educación desde la confrontación interna, no desde la mejora continua. En un contexto global donde el conocimiento, la innovación y las habilidades críticas son la moneda fuerte, esa señal pesa.

¿Se puede hacer distinto? Sí, pero requiere decisiones menos espectaculares y más estructurales.

Primero, sacar los contenidos básicos del vaivén político. No congelarlos, sino someterlos a revisiones periódicas con reglas claras, evaluaciones públicas y participación real de especialistas y docentes de aula.

Segundo, alinear libros, capacitación y evaluación. No tiene sentido rediseñar materiales si no se invierte con la misma fuerza en formar a quien los va a usar. Hoy, ese es uno de los grandes cuellos de botella.

Tercero, transparentar los procesos de decisión. Quién participa, con qué criterios y con qué indicadores de éxito. Cuando eso se aclara, baja la polarización y sube la confianza.

Y cuarto, recordar algo básico: enseñar a pensar es más rentable que imponer una visión. Los sistemas educativos más sólidos no son los más ideológicos, sino los más consistentes.

La salida de Marx Arriaga no arregla la educación mexicana, pero deja una lección útil: mientras los libros, los programas y las aulas sigan tratándose como territorios de poder, los cambios serán ruidosos y los resultados modestos.

La educación no debería ser el botín de nadie. Debería ser, simplemente, el proyecto más serio del país.

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