Salud y Bienestar
«Tuve la mejor experiencia de mi vida, aunque estaba muriendo», testimonio de una joven mujer
Erika nunca ha enfrentado la vida con miedo, de hecho es una mujer que quiere comerse al mundo a cada paso, pasos que hace poco parecían imposibles de dar e incluso estaban contados para llegar a su fin en poco tiempo.
Recibir un diagnóstico de lupus a los 20 años fue impactante para ella, quien siendo bailarina no sólo realizaba una intensa actividad física, sino que cuidaba su alimentación y mantenía una vida ordenada. “Imagínate, mi madre había sido bailarina y era la maestra, había mucha disciplina en mi vida y de repente te dicen que tienes lupus”.
El lupus que Erika padecía emprendió el ataque en contra de su cuerpo; en poco tiempo sus riñones se vieron afectados y la función renal decrecía aceleradamente, los niveles de creatinina estaban fuera de todo parámetro y había que tomar decisiones: entrar a hemodiálisis o recibir un trasplante.
“No estaba dispuesta a entrar a la hemodiálisis, no quería dejar de ser yo y opté por aferrarme a mis deseos y a mi futuro”, cuenta Erika. “Entendí que nada iba a funcionar si yo no quería”.
El momento era crítico, los doctores le habían dicho que le quedaban solamente semanas de vida, pero Erika seguía preguntando cuándo podría regresar a bailar o convertirse en madre. “Posiblemente podía vivir 10 años en una caja de cristal o sólo uno a plenitud, siendo yo misma”.
Fuerte y claro, Erika optó por el trasplante. Las primeras opciones estaban en su hogar, sus padres, su hermano, su hermana. La más entusiasta en ser su donadora era su hermana, sin embargo, en ese momento era menor de edad, le faltaban dos meses para
cumplir los 18 años y por Ley no podía tomar la decisión de ser donadora y además, en ese momento, ya no podían esperar cuatro semanas más.
Ocupada en encontrar un donador, pero no desesperada, Erika seguía buscando opciones cuando una amiga suya, Gaby, a quien conoció en primero de primaria y con la cual había compartido la vida a largo de los años, las pijamadas, las fiestas de cumpleaños, las confidencias de adolescentes y las vivencias de las mujeres en que se habían convertido, escuchó una conversación entre Erika y su hermana en la que lamentaban la casi nula cultura de la donación de órganos en México.
Gaby intervino de forma natural en la charla, como tantas otras veces a lo largo de los años: “tengo tú mismo tipo de sangre, yo puedo ser tu donadora”.
Las palabras de Gaby las sorprendieron y, al mismo tiempo, les dieron esperanza por lo que de inmediato pusieron en marcha el plan. Llegó el momento de hacer análisis de compatibilidad y sí, Erika y Gaby eran compatibles, podían ser receptora y donadora, respectivamente.
Aún quedaba mucho por hacer para llegar al día del trasplante como recibir orientación psicológica. “Nos llamaron a las dos y nos dijeron ‘tienen que entender por qué hacen esto. Debes comprender que no le debes la vida a Gaby’, pero sí se la debo, me dio algo muy grande, ¿cómo le compenso lo que me dio?, eso que se llama vida”, cuenta Erika.
Durante este proceso, Erika pasaba por un momento físico y emocional intenso. “Las toxinas en mi cuerpo me tenían toda envenenada, necesitaba limpiarme física y emocionalmente, por ello me aferré a ser quien soy. Muchos no entendían, pues me veían riendo, cuidando de mí, más allá de la salud, hubo quien no creía lo enferma que estaba y ni que estaba muriendo”.
Ese cúmulo de emociones y cuidados no eran todo lo que Erika estaba viviendo, pues también enfrentaba la falta de recursos para su cirugía de trasplante por lo que emprendió la campaña #ErikaQuiereVivir, buscando fondos para su operación. El apoyo no se hizo esperar y creció, gracias a un gran grupo de amigos, al apoyo de personas con quienes se reencontró y de otras nuevas a quienes descubrió en el camino quienes lo mismo aportaban recursos económicos, que le ofrecían ayuda para acompañarla a sus consultas médicas o le daban consejos sobre qué comer y cómo cuidarse.
Al mismo tiempo, Gaby se preparaba para el momento de la donación. Su familia, especialmente su abuelo, se sentían mucho más orgullosos de ella, de esa gran amiga a quien al preguntarle, por qué decidió ser donadora, daba una respuesta contundente: “por las ganas de vivir de Erika”.
Así llegó el día del trasplante. Horas antes y en agradecimiento a toda la gente que se sumó a #ErikaQuiereVivir, hubo un encuentro que se volvió fiesta en la cafetería del
hospital. “Recibir todo ese cariño fue la mejor experiencia de mi vida, aunque me estaba muriendo. En ese momento estaba preparada para morir y para vivir”.
La operación fue un éxito y el riñón de Gaby fue bien recibido por el cuerpo de Erika. A las pocas horas, ambas estaban bien y recuperándose. Pronto Gaby retornaría a su vida normal y Erika estaría recuperando la suya, y ahora con una amistad más grande y fuerte entre ambas.
La de ellas es una historia de éxito en un país donde hay 21 personas esperando un trasplante y es que en México, por cada millón de habitantes, sólo el 5.8% de la población es donante.
Erika hoy impulsa activamente la cultura de la donación de órganos porque para ella, los donadores son Héroes por la Vida.
Revista
Autodiagnósticos de salud mental en redes sociales generan preocupación
10 de octubre de 2026 – 03:47 Hrs. Las redes sociales han transformado la percepción de la salud mental, promoviendo un enfoque rápido y emocional que a menudo resulta distorsionado. En plataformas como TikTok e Instagram, se ha vuelto común que miles de usuarios se autodiagnostiquen con condiciones como ansiedad, Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), depresión y trastornos de personalidad, basándose en videos breves que simplifican condiciones clínicas complejas a solo tres síntomas aislados.
Este fenómeno ha comenzado a reflejarse en consultas psicológicas y en interacciones cotidianas, donde tanto jóvenes como adultos llegan convencidos de padecer un trastorno tras identificarse con un clip de 30 segundos. Especialistas en salud mental advierten que el consumo compulsivo de estos videos cortos puede alterar la atención, la memoria y el estado emocional de las personas. Este agotamiento emocional puede llevar a muchos a interpretar síntomas comunes como indicativos de padecimientos severos.
Además, los expertos señalan que esta tendencia no solo trivializa la salud mental, sino que también genera confusión, estigmas y retrasos en la búsqueda de atención profesional. La romantización de los diagnósticos, que se convierten en etiquetas identitarias y contenido aspiracional, agrava el problema al normalizar señales de alarma que requieren una evaluación clínica adecuada. El algoritmo de las plataformas sociales, al repetir y amplificar estas experiencias, refuerza la sospecha inicial del usuario dentro de burbujas digitales donde todo parece encajar.
Un ejemplo de esta situación es la historia de Mariana, quien comenzó a explorar TikTok una madrugada para distraerse del insomnio. En su búsqueda, se encontró con una serie de contenidos sobre TDAH, donde usuarios enumeraban tres señales: dificultad para concentrarse, procrastinación y sensibilidad al rechazo, afirmando que si alguien se identificaba con estas características, probablemente padecía el trastorno. Mariana se vio reflejada en estas descripciones y, en menos de una hora, construyó una narrativa sobre sí misma influenciada por el algoritmo, que le ofreció más testimonios y listas de síntomas, llevando a una conclusión precipitada sobre su salud mental.
-
Resto del mundo23 horas agoMaestra de Oregón enfrenta atacante antes de que padre armado lo detuviera
-
Chihuahua6 horas agoAsí ordenaron la aprehensión de César Jáuregui en Chihuahua
-
México21 horas agoBrote de gusano barrenador en Tapachula por tráfico de ganado ilegal
-
Deportes21 horas agoComerciantes regresan al Estadio Banorte tras años de ausencia

