Salud y Bienestar
Video: La nueva moda de maquillarse con crayones ¿Peligroso?
Hagan la prueba: busquen en Internet un tutorial para hacer algo estrambótico. Probablemente a alguien ya se le habrá ocurrido la misma idea, la habrá grabado y su vídeo tendrá multitud de pulgares hacia arriba. ¿Qué tal perfilarse los ojos con lápices colegiales? O, mejor aún, ¿cómo cocinar unos labiales caseros a partir de ceras escolares? ¿Suena extraño? Pues es real como la vida misma. La materia prima favorita son las distintas gamas de productos Crayola. Una centenaria compañía que se enorgullece en ser pionera en la fabricación de pinturas no tóxicas para niños. Y con esto se entiende que no irritan sus tiernas manos, ni sus vías respiratorias y que, en el caso de chuparlas, tampoco son venenosas. Y hasta ahí.
Esa falta de toxicidad da alas a los alquimistas de la nueva centuria para insuflarles una nueva vida metamorfoseados en cosméticos caseros. Las alarmas se han disparado en la tranquila empresa hasta el punto de hacer público un comunicado desincentivando esta moda. “Aunque nuestros productos no son tóxicos, no los recomendamos para fabricar barras de labios, eyeliners o cualquier otro tipo de producto para maquillaje. De hecho, estamos en contra de que se usen con este propósito. No están diseñados, ni testados ni aprobados para este uso”, afirman rotundamente. La advertencia, sin embargo, cae en saco roto. Por citar un ejemplo: el tutorial de Madisratt mostrando paso a paso cómo hacer labiales a partir de estas ceras añadiendo un chorrito de aceite de coco supera ya los tres millones de visitas.
Los apóstoles de esta tendencia la justifican de entrada por motivos económicos. Por unos 10 euros se puede comprar una caja de 120 pinturas. Un precio sensiblemente más bajo que el que costaría hacerse con idéntico número de labiales. Eso sin contar con que hay colores que rara vez se fabrican para maquillar la sonrisa, como un verde césped o un azul turquesa.
Video vía YouTube
Revista
Autodiagnósticos de salud mental en redes sociales generan preocupación
10 de octubre de 2026 – 03:47 Hrs. Las redes sociales han transformado la percepción de la salud mental, promoviendo un enfoque rápido y emocional que a menudo resulta distorsionado. En plataformas como TikTok e Instagram, se ha vuelto común que miles de usuarios se autodiagnostiquen con condiciones como ansiedad, Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), depresión y trastornos de personalidad, basándose en videos breves que simplifican condiciones clínicas complejas a solo tres síntomas aislados.
Este fenómeno ha comenzado a reflejarse en consultas psicológicas y en interacciones cotidianas, donde tanto jóvenes como adultos llegan convencidos de padecer un trastorno tras identificarse con un clip de 30 segundos. Especialistas en salud mental advierten que el consumo compulsivo de estos videos cortos puede alterar la atención, la memoria y el estado emocional de las personas. Este agotamiento emocional puede llevar a muchos a interpretar síntomas comunes como indicativos de padecimientos severos.
Además, los expertos señalan que esta tendencia no solo trivializa la salud mental, sino que también genera confusión, estigmas y retrasos en la búsqueda de atención profesional. La romantización de los diagnósticos, que se convierten en etiquetas identitarias y contenido aspiracional, agrava el problema al normalizar señales de alarma que requieren una evaluación clínica adecuada. El algoritmo de las plataformas sociales, al repetir y amplificar estas experiencias, refuerza la sospecha inicial del usuario dentro de burbujas digitales donde todo parece encajar.
Un ejemplo de esta situación es la historia de Mariana, quien comenzó a explorar TikTok una madrugada para distraerse del insomnio. En su búsqueda, se encontró con una serie de contenidos sobre TDAH, donde usuarios enumeraban tres señales: dificultad para concentrarse, procrastinación y sensibilidad al rechazo, afirmando que si alguien se identificaba con estas características, probablemente padecía el trastorno. Mariana se vio reflejada en estas descripciones y, en menos de una hora, construyó una narrativa sobre sí misma influenciada por el algoritmo, que le ofreció más testimonios y listas de síntomas, llevando a una conclusión precipitada sobre su salud mental.
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