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Salud y Bienestar

La sordera, amenaza de los jóvenes

Es común ver en la actualidad a niños, jóvenes y adultos usar auriculares para adentrarse en su mundo y escuchar su propia música, aun estando en espacios públicos.

Sin embargo, no se dan cuenta que esta costumbre está provocando afecciones en la audición y cada vez hay más casos de jóvenes que están perdiendo la capacidad de oír por el daño que han provocado, por algunos años, al nervio auditivo.

La otorrinolaringóloga Paola Freire indica que como el uso de audífonos, tipo botón, de los que se colocan en el oído, se generalizó desde hace unos cinco años,
aproximadamente, en la actualidad hay estudios que revelan un mayor número de chicos, entre los 18 años, que están perdiendo la audición, cuando hasta hace unos años, lo común era ver estos casos en personas de 50 años en adelante.

La saturación de sonido

La explicación que da la especialista es que la pérdida auditiva se produce porque el sonido queda completamente guardado en el canal auditivo no tiene la posibilidad de salir y disminuir la intensidad con la que va a entrar a las distintas partes del oído.

“Con el uso de auriculares, como el sonido no tiene a dónde despejarse, entra directamente en el canal auditivo y el daño es más severo”, dice Freire, quien añade que el problema se ahonda más, porque escuchan música en volumen alto. Está demostrado que a partir de los 80 decibeles de intensidad de sonido es perjudicial para la audición, informa la experta.

Explica que el sonido, normalmente, cuando no se usa auriculares, pasa por el conducto auditivo, luego por el tímpano y el oído medio, que son barreras naturales, disminuyen la intensidad del ruido antes de llegar al nervio auditivo. De esta manera, el sonido llega de una forma que no daña el nervio.

Pérdida irreparable

La otorrinolaringóloga señala que la exposición del oído a sonidos intensos y en forma permanente ocasionan la pérdida auditiva, a la que los profesionales llaman trauma acústico, que se da por una lesión del nervio auditivo.

Esa pérdida no se nota inmediatamente, pero las consecuencias se sienten a partir del cuarto o quinto año de haber sufrido la lesión. La merma de la audición es irreversible y constituye el 30% del total de las pérdidas auditivas que se encuentra en los pacientes. “Es un porcentaje bastante alto”, expresa.

Además de ser irreversible, no tiene cura, no tiene tratamiento, no hay operación para devolver la audición perdida y ante esa situación la alternativa es el uso de audífonos que se adaptan para todo tipo de pacientes.

Como medidas preventivas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) sugiere que se propague el uso de sistemas bluetooth, manos libres, equipos de música, para eliminar el uso de los auriculares. (CM)

Fuente: La Hora

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Revista

Autodiagnósticos de salud mental en redes sociales generan preocupación

Autodiagnósticos de salud mental en redes sociales generan preocupación

10 de octubre de 2026 – 03:47 Hrs. Las redes sociales han transformado la percepción de la salud mental, promoviendo un enfoque rápido y emocional que a menudo resulta distorsionado. En plataformas como TikTok e Instagram, se ha vuelto común que miles de usuarios se autodiagnostiquen con condiciones como ansiedad, Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), depresión y trastornos de personalidad, basándose en videos breves que simplifican condiciones clínicas complejas a solo tres síntomas aislados.

Este fenómeno ha comenzado a reflejarse en consultas psicológicas y en interacciones cotidianas, donde tanto jóvenes como adultos llegan convencidos de padecer un trastorno tras identificarse con un clip de 30 segundos. Especialistas en salud mental advierten que el consumo compulsivo de estos videos cortos puede alterar la atención, la memoria y el estado emocional de las personas. Este agotamiento emocional puede llevar a muchos a interpretar síntomas comunes como indicativos de padecimientos severos.

Además, los expertos señalan que esta tendencia no solo trivializa la salud mental, sino que también genera confusión, estigmas y retrasos en la búsqueda de atención profesional. La romantización de los diagnósticos, que se convierten en etiquetas identitarias y contenido aspiracional, agrava el problema al normalizar señales de alarma que requieren una evaluación clínica adecuada. El algoritmo de las plataformas sociales, al repetir y amplificar estas experiencias, refuerza la sospecha inicial del usuario dentro de burbujas digitales donde todo parece encajar.

Un ejemplo de esta situación es la historia de Mariana, quien comenzó a explorar TikTok una madrugada para distraerse del insomnio. En su búsqueda, se encontró con una serie de contenidos sobre TDAH, donde usuarios enumeraban tres señales: dificultad para concentrarse, procrastinación y sensibilidad al rechazo, afirmando que si alguien se identificaba con estas características, probablemente padecía el trastorno. Mariana se vio reflejada en estas descripciones y, en menos de una hora, construyó una narrativa sobre sí misma influenciada por el algoritmo, que le ofreció más testimonios y listas de síntomas, llevando a una conclusión precipitada sobre su salud mental.

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