Acontecer
¡Trucos sexuales infalibles!
No todo está escrito, eso es un hecho, sobretodo en la cama, donde puedes echar a andar tu imaginación hasta donde quieras.
No te limites a seguir un manual con poses más que estudiadas, el chiste es que tengas guardadas tus armas secretas para cuando llega el momento de “atacar”.
Recuerda que hay muchas técnicas que aunque no vienen escritas en un manual de sexo, son de esos “consejos” que vienen de la voz de la experiencia. Pueden venir de amigos, amigas y hasta de famosos o familiares. No importa de quién lo escuchaste, el chiste es tener todo un abanico de oportunidades de satisfacción.
De acuerdo con educasexo.com, el “amor instintivo” es aquél que busca siempre nuevas formas de llegar al éxtasis, porque es claro que las poses también pasan de moda y que hasta nos podemos llegar a aburrir, así que hay que estar siempre en la constante búsqueda de trucos sexuales que nos garanticen gran placer.
Renovarse o morir, esa es la cuestión. Y en De10.mx no queremos dejar que te aburras, así que compartimos algunos trucos que recomienda el sitio mencionado y cosmohispano.com.
1. Baja la temperatura. Una de las maneras más efectivas para excitar a tu pareja es poniendo los nervios al límite. Súbele la temperatura y aplácasela un poco con hielo.
Pon en el congelador un pedazo de tela sedosa con la que después rodearás el pene de tu pareja o la puedes poner sobre el clítoris de ella y la moverás de arriba hacia abajo, lentamente. Esto generará un escalofrío que provocará muchas más alegrías después. La idea es hacerlo rápido porque el calor corporal seguro calentará hasta la tela y la “magia” del asunto se cambiará por la acción.
2. Sube la temperatura. La técnica contraria sería meter el pedazo de tela unos segundos al microondas y cuando salga calientita, la colocas en la zona genital de tu pareja, haciendo movimientos ascendentes y descendentes. Esto asegura relaciones bien calientitas.

3. Cómetelo todo. Si, lleva la comida a la cama. No se trata de que cubras tu cuerpo de sushi, sino de introducir elementos de la comida como chocolate, frutas o dulces, cualquier cosa que se te antoje para crear una conexión sensorial entre el placer sexual y la degustación de los manjares.
Lo interesante aquí es poner pedazos de comida justo en el lugar donde quieres que te acaricien y besen. Puedes iniciar un caminito de excitación.
4. Besa. Pero no en la boca como acostumbras. Dedica un poco más de tiempo y esfuerzo para besar suavemente todo el cuerpo de tu pareja; sobretodo aquellas partes que sabes que le excitan más, hasta llegar a la zona genital donde puedes pasar largo tiempo haciendo que tu lengua llegue a los lugares más escondidos de la zona.
Aguanta todo lo que puedas y haz que tu pareja aguante también. Cuando crees que lo merezcan, pasen al siguiente acto.

5. Toma Té. Busca dos sobrecitos de té de hierbabuena y prepara un té. Toma un poco y después baja a acariciar las partes más íntimas de tu pareja. El té calentará la boca y el mentol refrescará la zona cuando retires la boca. No olvides tomar varios sorbos para asegurar el efecto.
6. Collar de perlas. Sirve no sólo como accesorio, sino también como juguete sexual. Cuando llegues a casa, quítate el collar y llénalo de lubricante, luego colócalo en la base de su pene, envolviéndolo; entrelaza los dedos y coloca las palmas de tus manos en ambos lados de su pene, entonces haz girar las perlas en todo lo largo de su falo.

7. Masaje. No es cualquier masaje, tienes que calentar un poco de aceite en el microondas y ponerlo en una jeringa. Después escribe en el cuerpo de tu pareja las palabras que se te ocurran o haz los dibujos que quieras.
Empieza por el cuello y baja buscando esas partes que le excitan, pues verter el aceite con movimientos precisos será más placentero que el masaje en si. Aunque, no debes dejar el aceite olvidado, así que inicia un masaje erótico.
8. ¡Susúrrale! Quítate la pena y dile al oído cosas como: “Quiero llevarte a la mesa de la cocina y no parar hasta que explotemos juntos”, “Quiero tenerte dentro de mí”, “Estás tan duro que quiero comerte hasta que no puedas más”.

9. Juega con la velocidad. Cuando estés masturbando a tu pareja, comienza con movimientos largos y lentos, para después ir moviendo la mano más rápidamente. Cuando sientas que está muy excitado, bajo el ritmo.
Al igual con ellas, toca primero suavemente su clítoris y luego aumenta la velocidad; cuando sienta que ya no pueda, para. Háganlo una y otra vez hasta que crean que merecen el coito.

10. Usa las dos manos. Para acariciar, ¡no te limites! Utiliza las dos manos para recorrer el cuerpo de tu compañero (a). Empieza simulando un masaje y luego pasa las manos por donde menos se imagine; hazlo rápido, para sólo rozar y continúa con las caricias, hasta que su cuerpo te pida que lo (a) toques más en partes específicas.
Fuente: de10.com.mx
Acontecer
La trampa de “las rentas justas” en la CDMX. Por Caleb Ordóñez T.
En la Ciudad de México hay jóvenes que trabajan para pagar un departamento en el que apenas tienen tiempo de dormir. Familias que destinan buena parte de sus ingresos a cuatro paredes. Personas que viven a dos horas de su empleo porque acercarse al centro se convirtió en un lujo.
La vivienda es uno de los grandes fracasos de la política urbana capitalina.
Y ahora el gobierno pretende resolverlo con otra ley.
Clara Brugada presentó una iniciativa que promete rentas justas, contratos regulados y protección contra abusos. Una propuesta que, vista desde el discurso político, parece irreprochable. ¿Quién podría estar en contra de que las personas paguen menos por vivir dignamente?

Caleb Ordoñez T.
El problema es que las buenas intenciones no construyen departamentos.
Y los decretos tampoco.
Las buenas intenciones también tienen consecuencias
La iniciativa contempla limitar aumentos conforme a la inflación, registrar obligatoriamente los contratos y aplicar multas de hasta 46 mil 924 pesos. También propone asesoría gratuita y mecanismos contra desalojos violentos.
Hay medidas necesarias. Los abusos inmobiliarios existen. Los desalojos arbitrarios también. Ninguna persona debería perder su hogar mediante amenazas o intimidaciones.
Pero legislar para corregir una injusticia no debería producir otra.
Pensemos en una jubilada que dedicó treinta años a pagar un pequeño departamento. Hoy lo renta para complementar una pensión insuficiente. No pertenece a ningún cártel inmobiliario. No especula con edificios enteros. Simplemente administra el patrimonio que consiguió trabajando.
¿Qué sucederá si las nuevas obligaciones, restricciones y sanciones hacen que prefiera retirar su propiedad del mercado?
Habrá una vivienda menos.
Y si otros propietarios toman decisiones semejantes, quienes terminarán compitiendo por los departamentos disponibles serán precisamente aquellos que la ley pretende proteger.
No es una consecuencia demostrada ni inevitable. Es un riesgo que el Congreso tiene la obligación de evaluar.
Porque una cosa es regular los abusos y otra, muy distinta, pretender administrar la escasez.
El problema tiene dimensiones profundas. Según el INEGI, en 2024 el ingreso promedio de los hogares urbanos capitalinos rondaba los 37 mil pesos mensuales. Un promedio que, además, oculta enormes desigualdades.
¿Cuánto debe ganar una familia para vivir cerca de su trabajo? ¿Cuánto tiempo de su vida debe sacrificar transportándose? ¿En qué momento tener una habitación propia dejó de ser una aspiración razonable?
Esas preguntas no se resuelven únicamente vigilando contratos.
Se resuelven construyendo vivienda, mejorando el transporte, acercando servicios y generando condiciones para que la ciudad pueda alojar a quienes la mantienen funcionando.
Brugada también promete ampliar la vivienda asequible. Bien. Pero esa debería ser una prioridad medible, no una promesa subordinada al entusiasmo por imponer nuevas reglas.
El gobierno también debe rendir cuentas
Hay otra contradicción.
Desde 2024 existen disposiciones para limitar incrementos de renta y registrar contratos. Antes de anunciar nuevas sanciones, sería conveniente conocer los resultados de las anteriores.
¿Cuántas familias se beneficiaron? ¿Cuántos abusos fueron sancionados? ¿Qué funcionó y qué fracasó?
El gobierno exige transparencia a los particulares, pero todavía debe ofrecer respuestas convincentes sobre la eficacia de sus propias medidas.
Y mientras tanto, el verdadero debate corre el riesgo de perderse entre consignas: propietarios contra inquilinos, mercado contra Estado, ricos contra pobres.
Una discusión tan cómoda para los políticos como inútil para quienes necesitan vivienda.
La propiedad privada merece certeza jurídica. Los inquilinos merecen protección. Y ambos necesitan un gobierno capaz de entender que sus derechos no son necesariamente enemigos.
La iniciativa todavía puede corregirse. Sería deseable que el Congreso escuchara más evidencia y menos discursos.
Porque el desafío no consiste en decidir quién tiene la culpa de que vivir en la capital resulte tan caro.
Consiste en reconocer quién tiene la responsabilidad de hacerla habitable.
Una ciudad no se vuelve más justa cuando el gobierno decide cuánto debe costar vivir en ella, sino cuando consigue que vivir en ella deje de ser un privilegio.
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