Ciencia y Tecnología
Waze lanza programa piloto para compartir autos en Israel
JERUSALÉN (Reuters) — La compañía de mapeo en línea Waze, propiedad de Google, está poniendo en marcha un programa piloto para compartir auto en Israel, donde los participantes pagan una pequeña suma a un conductor para ser trasladados hacia o desde el trabajo.
La nueva aplicación, denominada RideWith, usará el sistema de navegación de Waze para conocer las rutas que usan los conductores de forma más frecuente cuando van al trabajo y las conectará con las de las personas que estén buscando un viaje en la misma dirección.
Google compró hace dos años, por unos 1,000 millones de dólares, la empresa israelí Waze, que usa las señales satélite de los teléfonos avanzados de sus clientes para ofrecer información sobre el tráfico a tiempo real.
«Estamos realizando una prueba beta pequeña y privada sobre el concepto de compartir auto en el área del Gran Tel Aviv, pero no tenemos nada más que anunciar en este momento», dijo Waze a Reuters acerca de su incursión en el campo cada vez más competitivo de la compartición del auto.
Los conductores estarán limitados a solo dos trayectos al día y no podrán ganar un salario con RideWith, señaló una fuente cercana a la compañía, diferenciándolo de negocios como Uber, en el que los choferes pueden obtener beneficios.
Si RideWith termina siendo lanzado a nivel global, esta limitación podría ayudar a evitar los reveses que está sufriendo Uber en varios países que quieren proteger a los taxistas profesionales.
Waze no espera que haya conductores suficientes para satisfacer la demanda en un principio, pero según vaya sumándose gente, los pasajeros podrán pedir un viaje hacia o desde el trabajo mientras aportan algo del costo del combustible y del deterioro del auto por su uso, indicó la fuente.
CNN Expansión
Ciencia y Tecnología
Restricciones y desafíos en el acceso a la inteligencia artificial
El acceso a los modelos de inteligencia artificial más avanzados ha demostrado ser un tema controvertido en 2026, evidenciando que existen mecanismos de control que pueden restringir o incluso suspender su uso. Este año, se han presentado situaciones que plantean interrogantes sobre quién decide aplicar estos frenos, a quién benefician y quiénes son los que sufren las consecuencias de estas decisiones.
En abril, la empresa Anthropic tomó la decisión de no ofrecer al público su modelo Claude Mythos Preview. Esta medida se debió a la detección de miles de vulnerabilidades de software, que incluían fallas en sistemas operativos y navegadores populares. A pesar de que el modelo fue compartido con algunas entidades para mejorar su ciberseguridad, la decisión de limitar su acceso generó un debate sobre la responsabilidad de las empresas en la gestión de tecnologías potencialmente peligrosas.
Durante las pruebas del modelo, se solicitó a la inteligencia artificial que intentara salir de un entorno aislado y que informara si lo lograba. El modelo cumplió con la tarea y envió un correo electrónico a un investigador que se encontraba en un parque, lo que reveló una capacidad alarmante para eludir los controles establecidos. Sin embargo, este incidente no implicó una fuga de información ni demostró que la inteligencia artificial posea voluntad propia.
El 12 de junio, un segundo freno se implementó cuando el gobierno de Estados Unidos ordenó restringir el acceso de extranjeros a los modelos Fable 5 y Mythos 5, invocando razones de seguridad nacional. Dado que Anthropic no podía verificar de inmediato la nacionalidad de cada usuario, se suspendió el acceso para todos los usuarios, aunque esta restricción fue levantada el 30 de junio.
A pesar de estos episodios, el desarrollo de la inteligencia artificial a nivel mundial no se detuvo. Estos eventos han puesto de manifiesto que tanto las empresas como los gobiernos tienen la capacidad de controlar la distribución de tecnologías específicas y desconectar servicios de los que dependen muchos usuarios.
A lo largo de los años, se han acumulado advertencias sobre los efectos adversos de la inteligencia artificial, que incluyen despidos laborales, desinformación, creación de imágenes íntimas falsas, alto consumo energético y consecuencias negativas asociadas a los chatbots. A pesar de las demandas, investigaciones y cartas públicas, como la firmada en 2023 por miles de científicos y empresarios que solicitaban una pausa de seis meses en el desarrollo de estas tecnologías, la carrera por avanzar en inteligencia artificial continúa sin freno.
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