Ciencia y Tecnología
Las últimas zapatillas de Adidas son biodegradables
Adidas siempre ha sido una compañía pionera en nuevos materiales para zapatillas deportivas, pero nunca se había acercado a lo presentado estos días en la conferencia BIOFABRICATE como concepto, unas zapatillas biodegradables. La marca ha demostrado así cómo no solo quiere seguir innovando, sino también hacerlo de manera más limpia y ecológica, de igual manera que ocurrió con las Parley, también procedentes de su programa Futurecraft, una edición limitada creada utilizando desechos oceánicos.
En este caso, están fabricados con un tejido diseñado para imitar la seda que producen las arañas, creado a base de fuentes de carbón natural que son fermentadas y convertidas en polvo blanco. Aunque parezca mentira por su característica biodegradable, es ligero, pero a la vez muy fuerte, circunstancia que hace posible su uso en equipamiento deportivo, uniéndose en este caso a las clásicas suelas de sus zapatillas UltraBoost, y a material médico y estético, donde ya se ha utilizado en implantes y en mallas quirúrgicos.
Todo nació en el seno AMSilk, una compañía alemana centrada en producir biopolímeros de seda sintética. Para ellos también ha sido una gran oportunidad de marcar nuevos estándares en la industria textil, según su CEO Jens Klein. Como curiosidad, el material que emplean es completamente vegano, a diferencia de otros tejidos. Por otra parte, frente al caso de la mayoría de zapatillas que se producen a nivel mundial, fabricadas en Asia, Adidas fabricará el modelo biodegradable entre Europa y Estados Unidos, donde están apostando por la robotización en sus Speed Factories.
Sobre su disponibilidad, solo se sabe que llegará en 2017, aunque de momento no se conoce ni la fecha concreta ni el precio, aunque de seguir la línea de otros productos, primero llegará una edición limitada con un coste elevado y más tarde una más normal para el gran público.
Fuente: La Unión
Ciencia y Tecnología
Inteligencia artificial: acceso democratizado, poder concentrado
El acceso a la inteligencia artificial (IA) se ha democratizado en los últimos años, permitiendo que personas de diversas partes del país, como un estudiante en Oaxaca, puedan utilizar herramientas que anteriormente estaban reservadas para laboratorios especializados. Sin embargo, esta democratización contrasta con la concentración del poder en manos de unas pocas corporaciones tecnológicas que dominan el desarrollo y la implementación de estos sistemas avanzados.
Según el AI Index de Stanford, entre noviembre de 2022 y octubre de 2024, el costo de acceder a modelos de IA con un rendimiento similar al de GPT-3.5 se redujo en más de 280 veces. Esta disminución en los costos ha permitido que un mayor número de usuarios acceda a capacidades cognitivas complejas, lo que representa un avance significativo en la disponibilidad de la tecnología.
A pesar de esta accesibilidad, el desarrollo de sistemas de IA de vanguardia requiere inversiones significativas. Las grandes empresas tecnológicas de Estados Unidos invierten cientos de miles de millones de dólares anualmente en infraestructura de cómputo y energía, impulsadas por la creciente demanda de IA. Este escenario ha llevado a que un pequeño grupo de corporaciones controle los aspectos más críticos del ecosistema de IA, desde el diseño de chips hasta la nube y los modelos fundamentales que permiten su funcionamiento.
En el libro “Tres Crisis”, se describen dos tendencias que coexisten en este contexto. Por un lado, hay una descentralización que, a través de la energía distribuida, el conocimiento abierto y las redes colaborativas, busca democratizar la creación y producción de tecnología. Por otro lado, se observa una consolidación de un complejo tecnológico-industrial que ejerce un poder económico y político sin precedentes. La IA, en este sentido, acelera ambas fuerzas, pero de manera desigual: mientras que se amplía el acceso a la tecnología, se concentra el control sobre su desarrollo y los beneficios que de ella se derivan.
Esta paradoja se explica por razones económicas. Desarrollar un modelo de IA avanzado implica realizar inversiones fijas que se amortizan entre un gran número de usuarios. Sin embargo, satisfacer esta demanda requiere un consumo constante de recursos de cómputo y electricidad. Las empresas más grandes pueden negociar contratos de suministro energético más favorables, optimizar su infraestructura y ofrecer servicios a clientes que ya están integrados en sus ecosistemas, lo que les otorga una ventaja competitiva significativa.
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