**Más de mil cien asesinados en lo que va del sexenio, y contando *Huelga en el Cobach y Ortuño se cobija en alcaldía *Suben el camión a cambio de… promesas *”Pato” Ávila, las chirinolas de un nombramiento innecesario *Rodolfo Leyva sigue ardilla

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Más de mil cien asesinatos en los primeros siete meses del año es el saldo reportado por la Fiscalía. Más de un millar de chihuahuenses perdidos en una guerra absurda y contraproducente contra las drogas, todo para sostener los negocios e intereses de unos cuántos que lucran con la sangre de muchos. Cinco asesinados al día (y aumentando).

 

No se puede responsabilizar a Corral por cada muerte en el estado. Es cierto que como gobernador es a fin de cuentas responsable de que no le maten a sus gobernados, pero no está en manos de un gobernador, por bienintencionado y capaz que sea, de enfrentar sólo al monstruo tentaculoso del crimen organizado.

 

El sindicato del Cobach cumplió y se fue a la huelga. Luego de la patada bajomesa que le dio la directora, Teresa Ortuño, al dirigente sindical José Acuña, y de los despidos con sabor a venganza que se ha aventado la coahuilense, hoy amanecieron tomadas las oficinas administrativas.

 

Pero la directora no da una. Recientemente los grilleros del sindicato denunciaron que los abogados de Ortuño acuden a repartir citatorios en vehículos con logotipo del municipio, con lo cual buscan evidenciar la por todos conocida cercanía con la alcaldesa, María Eugenia Campos. La ideología de extrema derecha y los intereses las unen como la miel a las abejas.

 

El aumento al transporte público es lo que de verdad preocupa a la raza. La promesa es renovar más de trescientas unidades, y como acto de buena fe ya sacaron las primeras cincuenta. El problema es que tanto así como que nuevas nuevas no están. Corral ha tendido su mano a Jorge Doroteo Zapata en un acto de ponderación política. El chiste es que si, como siempre, los concesionarios no cumplen, ahora sí los hagan a un lado y privilegien los intereses de los usuarios.

 

El mismo Corral reconoció que el desastre del transporte público caldeó los ánimos en Chihuahua, al grado que hubo cinco paros de camioneros en el sexenio duartista y unas cuantas intentonas frustradas ya bajo el gobierno azul. Pero de optimismo no hay nada. El pasaje subirá a nueve pesos, y eso que no les cumplieron a los concesionarios su sueño guajiro de cobrar doce.

 

A Javier “Pato” Ávila se le puso buena la chirinola. El sacerdote jesuita, reconocido por su invaluable y valiente labor en la Sierra, anda más que apestado por el innecesario nombramiento del gobierno corralino como integrante honorario (o sea, que no le pagan) del consejo de la Comisión Estatal de Atención a Víctimas.

 

El sacerdote no se inmuta. No tiene una chamba o algo importante qué perder. Su trayectoria de décadas de labor lo respalda y habla por él. Lo que no se entiende es la obsesión del gobierno azul de poner a temblar la laicidad del estado y abrir las puertas para que los curas metan su cuchara en asuntos públicos con intenciones no tan nobles como las del “Pato”. Como muestra, ya andan mandando curas a exorcizar la Fiscalía en lo que parece un tiro cantado hacia la comunidad brujeril que fue hace unos días a aventar sus conjuros. Medieval el rollo.

 

Esto es un juego de vencidas entre el gobernador y Rodolfo Leyva, el descarrilado ichitaipino que se quedó en el camino en su búsqueda de la presidencia del organismo, en parte gracias a seguirle el juego a Miguel Latorre, quien le ha apostado a provocar al góber y, aunque coló a su gente en donde pudo, al final pagó un precio que fue la coordinación panista en el Congrueso. Ahora están acusando al fiscal, César Augusto Peniche, y a la coordinadora de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas, Irma Villanueva, de meter al “Pato” como puedan. Ni modo que no.

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