Opinión
AMLO confía en que amparos de la SEP serán desechados
Luego de que la Secretaría de Educación Pública (SEP) anunció la suspensión temporal del programa piloto del nuevo plan de estudios por los amparos promovidos en su contra, el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) acusó que esto es parte de las maniobras del bloque opositor conservador y confió en que los recursos serán desechados.
“Han llovido los amparos del bloque conservador y todos se han venido desechando porque no hay razón, entonces va a suceder lo mismo. Pero que la gente entienda que es ese el fondo, a nosotros nos importa mucho la revolución de las conciencias, el informar, el orientar, es una necesidad la pedagogía”, dijo en su conferencia matutina.
Aludiendo sin nombrar al Partido Acción Nacional (PAN), acusó que “son muy retrógradas los conservadores, ellos están con la idea del porfiriato de que estudie el que tenga para pagar colegiatura y que cómo vas a estar entregando gratuitamente los libros”. Esto pues recordó que eliminaron materias como la cívica, la ética y la historia de los últimos planes de estudio.
Recordando la oposición al Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), el Tren Maya y el traspaso de la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), acusó que este “es un amparo también promovido por el bloque conservador, porque no quieren que cambien los contenidos de los libros de texto, ese es el fondo”.
El primer mandatario defendió el nuevo plan de estudios diciendo que “el propósito es que se tenga una educación científica, pero humanística”. Así como argumentó que se hizo una amplia convocatoria con maestros para elaborar los contenidos del programa piloto que se evaluará en un grupo determinado de escuelas antes de implementarse de forma general a nivel nacional.
“El ensayo o esta práctica, la impugnaron, pero desde luego nosotros vamos a recurrir a las instancias legales para que se continúe con el proceso. Ya ven que somos bien, bueno, somos perseverantes. No es que ya hubo un amparo y ya”, agregó López Obrador. Siendo que la SEP también adelantó que tomaría las medidas correspondientes para continuar con el proyecto.
Opinión
La trampa de “las rentas justas” en la CDMX. Por Caleb Ordóñez T.
En la Ciudad de México hay jóvenes que trabajan para pagar un departamento en el que apenas tienen tiempo de dormir. Familias que destinan buena parte de sus ingresos a cuatro paredes. Personas que viven a dos horas de su empleo porque acercarse al centro se convirtió en un lujo.
La vivienda es uno de los grandes fracasos de la política urbana capitalina.
Y ahora el gobierno pretende resolverlo con otra ley.
Clara Brugada presentó una iniciativa que promete rentas justas, contratos regulados y protección contra abusos. Una propuesta que, vista desde el discurso político, parece irreprochable. ¿Quién podría estar en contra de que las personas paguen menos por vivir dignamente?

Caleb Ordoñez T.
El problema es que las buenas intenciones no construyen departamentos.
Y los decretos tampoco.
Las buenas intenciones también tienen consecuencias
La iniciativa contempla limitar aumentos conforme a la inflación, registrar obligatoriamente los contratos y aplicar multas de hasta 46 mil 924 pesos. También propone asesoría gratuita y mecanismos contra desalojos violentos.
Hay medidas necesarias. Los abusos inmobiliarios existen. Los desalojos arbitrarios también. Ninguna persona debería perder su hogar mediante amenazas o intimidaciones.
Pero legislar para corregir una injusticia no debería producir otra.
Pensemos en una jubilada que dedicó treinta años a pagar un pequeño departamento. Hoy lo renta para complementar una pensión insuficiente. No pertenece a ningún cártel inmobiliario. No especula con edificios enteros. Simplemente administra el patrimonio que consiguió trabajando.
¿Qué sucederá si las nuevas obligaciones, restricciones y sanciones hacen que prefiera retirar su propiedad del mercado?
Habrá una vivienda menos.
Y si otros propietarios toman decisiones semejantes, quienes terminarán compitiendo por los departamentos disponibles serán precisamente aquellos que la ley pretende proteger.
No es una consecuencia demostrada ni inevitable. Es un riesgo que el Congreso tiene la obligación de evaluar.
Porque una cosa es regular los abusos y otra, muy distinta, pretender administrar la escasez.
El problema tiene dimensiones profundas. Según el INEGI, en 2024 el ingreso promedio de los hogares urbanos capitalinos rondaba los 37 mil pesos mensuales. Un promedio que, además, oculta enormes desigualdades.
¿Cuánto debe ganar una familia para vivir cerca de su trabajo? ¿Cuánto tiempo de su vida debe sacrificar transportándose? ¿En qué momento tener una habitación propia dejó de ser una aspiración razonable?
Esas preguntas no se resuelven únicamente vigilando contratos.
Se resuelven construyendo vivienda, mejorando el transporte, acercando servicios y generando condiciones para que la ciudad pueda alojar a quienes la mantienen funcionando.
Brugada también promete ampliar la vivienda asequible. Bien. Pero esa debería ser una prioridad medible, no una promesa subordinada al entusiasmo por imponer nuevas reglas.
El gobierno también debe rendir cuentas
Hay otra contradicción.
Desde 2024 existen disposiciones para limitar incrementos de renta y registrar contratos. Antes de anunciar nuevas sanciones, sería conveniente conocer los resultados de las anteriores.
¿Cuántas familias se beneficiaron? ¿Cuántos abusos fueron sancionados? ¿Qué funcionó y qué fracasó?
El gobierno exige transparencia a los particulares, pero todavía debe ofrecer respuestas convincentes sobre la eficacia de sus propias medidas.
Y mientras tanto, el verdadero debate corre el riesgo de perderse entre consignas: propietarios contra inquilinos, mercado contra Estado, ricos contra pobres.
Una discusión tan cómoda para los políticos como inútil para quienes necesitan vivienda.
La propiedad privada merece certeza jurídica. Los inquilinos merecen protección. Y ambos necesitan un gobierno capaz de entender que sus derechos no son necesariamente enemigos.
La iniciativa todavía puede corregirse. Sería deseable que el Congreso escuchara más evidencia y menos discursos.
Porque el desafío no consiste en decidir quién tiene la culpa de que vivir en la capital resulte tan caro.
Consiste en reconocer quién tiene la responsabilidad de hacerla habitable.
Una ciudad no se vuelve más justa cuando el gobierno decide cuánto debe costar vivir en ella, sino cuando consigue que vivir en ella deje de ser un privilegio.
-
Revista17 horas agoEncuentro SerSur de Danza UNAM abordará temas de identidad y migración
-
Revista23 horas agoDiego Luna adapta “Ceniza en la boca” de Brenda Navarro
-
Resto del mundo19 horas agoObama reacciona a derrota de Trump y llama a la unidad en EU
-
Dinero24 horas agoDiputados aprueban reformas a la Ley del Impuesto sobre la Renta

