Opinión
CONTEXTO: *Marco defiende a la Golondrina de corralistas… *Doble chamba para Pepe… *Quietos, camioneros…
El alcalde Marco Bonilla fue el elegido para defender, oficialmente, a la puesta en escena de «La Golondrina y su Príncipe», principalmente de Morena, de los aún seguidores de Javier Corral y sus aliados.
Marco se fue derecho y sin indirectas contra Corral señalando que como él no hizo nada por Chihuahua ahora arma esta campaña en contra de la obra de teatro que está por estrenarse en la capital.
Lo anterior no sin antes desmenuzar con pelos y señales cómo es que se iba a repartir la inversión, así como los empleos y derrama económica que esto generará en la ciudad.
Además le echó una pizca de tierrita al Gobierno Federal, al señalar que se quedará con más de 4 millones de pesos en impuestos, afirmando que todo el gasto será transparente.
……
Ya que hablamos de la administración municipal, no a todos les cayó en gracia el nombramiento del nuevo director de Servicios Públicos Municipales.
Pepe de la Madrid, el priísta ex delegado de Sedesol y hasta ayer subdirector de ingresos dio el brinco al Gabinete de Bonilla, lo que de inmediato generó escozor entre los azules.
Y no es que duden de la capacidad de Pepe, lo que les caló es precisamente las siglas que trae detrás, en cambio su antecesor, que en paz descanse, era un panista de los de antaño y que dejó huella en gran parte de la militancia.
Así que ahora De la Madrid tendrá doble chamba, principalmente arreglar el desorden que les provocó la empresa innombrable en la recolección de basura y quizás más difícil, ganarse el respeto de los albiazules.
……
Más franco no se puede ser, y es que el secretario de Gobierno, César Jáuregui les puso un estatequieto a los camioneros que intenten subir el pasaje por iniciativa propia.
El funcionario estatal fue tajante al señalar que primero se deben llegar a acuerdos y que si intentan algo contrario podrían ser sancionados conforme a la ley.
Y es que se les debe recordar a los concesionarios precisamente eso, que tienen concesiones asignadas por el Gobierno y que no se mandan solos.
Ya vio lo que les pasó a los del DiDi Plus por querer hacer lo que se les daba su gana, que de inmediato les quitaron unidades, pues algo así pasaría, pero más doloroso, retirarles su concesión. Así que con calma y nos amanecemos.
Opinión
La trampa de “las rentas justas” en la CDMX. Por Caleb Ordóñez T.
En la Ciudad de México hay jóvenes que trabajan para pagar un departamento en el que apenas tienen tiempo de dormir. Familias que destinan buena parte de sus ingresos a cuatro paredes. Personas que viven a dos horas de su empleo porque acercarse al centro se convirtió en un lujo.
La vivienda es uno de los grandes fracasos de la política urbana capitalina.
Y ahora el gobierno pretende resolverlo con otra ley.
Clara Brugada presentó una iniciativa que promete rentas justas, contratos regulados y protección contra abusos. Una propuesta que, vista desde el discurso político, parece irreprochable. ¿Quién podría estar en contra de que las personas paguen menos por vivir dignamente?

Caleb Ordoñez T.
El problema es que las buenas intenciones no construyen departamentos.
Y los decretos tampoco.
Las buenas intenciones también tienen consecuencias
La iniciativa contempla limitar aumentos conforme a la inflación, registrar obligatoriamente los contratos y aplicar multas de hasta 46 mil 924 pesos. También propone asesoría gratuita y mecanismos contra desalojos violentos.
Hay medidas necesarias. Los abusos inmobiliarios existen. Los desalojos arbitrarios también. Ninguna persona debería perder su hogar mediante amenazas o intimidaciones.
Pero legislar para corregir una injusticia no debería producir otra.
Pensemos en una jubilada que dedicó treinta años a pagar un pequeño departamento. Hoy lo renta para complementar una pensión insuficiente. No pertenece a ningún cártel inmobiliario. No especula con edificios enteros. Simplemente administra el patrimonio que consiguió trabajando.
¿Qué sucederá si las nuevas obligaciones, restricciones y sanciones hacen que prefiera retirar su propiedad del mercado?
Habrá una vivienda menos.
Y si otros propietarios toman decisiones semejantes, quienes terminarán compitiendo por los departamentos disponibles serán precisamente aquellos que la ley pretende proteger.
No es una consecuencia demostrada ni inevitable. Es un riesgo que el Congreso tiene la obligación de evaluar.
Porque una cosa es regular los abusos y otra, muy distinta, pretender administrar la escasez.
El problema tiene dimensiones profundas. Según el INEGI, en 2024 el ingreso promedio de los hogares urbanos capitalinos rondaba los 37 mil pesos mensuales. Un promedio que, además, oculta enormes desigualdades.
¿Cuánto debe ganar una familia para vivir cerca de su trabajo? ¿Cuánto tiempo de su vida debe sacrificar transportándose? ¿En qué momento tener una habitación propia dejó de ser una aspiración razonable?
Esas preguntas no se resuelven únicamente vigilando contratos.
Se resuelven construyendo vivienda, mejorando el transporte, acercando servicios y generando condiciones para que la ciudad pueda alojar a quienes la mantienen funcionando.
Brugada también promete ampliar la vivienda asequible. Bien. Pero esa debería ser una prioridad medible, no una promesa subordinada al entusiasmo por imponer nuevas reglas.
El gobierno también debe rendir cuentas
Hay otra contradicción.
Desde 2024 existen disposiciones para limitar incrementos de renta y registrar contratos. Antes de anunciar nuevas sanciones, sería conveniente conocer los resultados de las anteriores.
¿Cuántas familias se beneficiaron? ¿Cuántos abusos fueron sancionados? ¿Qué funcionó y qué fracasó?
El gobierno exige transparencia a los particulares, pero todavía debe ofrecer respuestas convincentes sobre la eficacia de sus propias medidas.
Y mientras tanto, el verdadero debate corre el riesgo de perderse entre consignas: propietarios contra inquilinos, mercado contra Estado, ricos contra pobres.
Una discusión tan cómoda para los políticos como inútil para quienes necesitan vivienda.
La propiedad privada merece certeza jurídica. Los inquilinos merecen protección. Y ambos necesitan un gobierno capaz de entender que sus derechos no son necesariamente enemigos.
La iniciativa todavía puede corregirse. Sería deseable que el Congreso escuchara más evidencia y menos discursos.
Porque el desafío no consiste en decidir quién tiene la culpa de que vivir en la capital resulte tan caro.
Consiste en reconocer quién tiene la responsabilidad de hacerla habitable.
Una ciudad no se vuelve más justa cuando el gobierno decide cuánto debe costar vivir en ella, sino cuando consigue que vivir en ella deje de ser un privilegio.
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