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CONTEXTO: *Visita de Adán sin pena ni gloria… *Andrea la operadora… *A revivir el Nido…

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Sin pena ni gloria pasó la visita del secretario de Gobernación, Adán Augusto López, a Chihuahua donde ni el PAN se pudo terminar de expresar, ni Morena logró (bueeeeeno) la aprobación de ampliar la presencia de los militares en las labores de seguridad.

Le explicamos… sí, la oposición al gobierno federal dijo y gritó y se explayó, defendió como nunca a Chihuahua, este terruño que venció al desierto, pero hasta ahí, pues ni llegaron recursos ni nada, fue mera exhibición política, al igual que Morena con el discurso de ser los salvadores de la nación.

Adán, para muchos el verdadero caballo negro para la sucesión por su muy estrecha cercanía con AMLO, no se cansó de repetir el mismo discurso de su compadre para que le celebraran cada pausa que hacía al hablar, que ya es mucho decir.

Una sesión reventada donde no se pudo hacer nada contra el grito de «es un honor estar con Obrador» dio fin a la discusión sobre la reforma de militarización y se bajó, así, de plano.

Este fue solo el primer round, pues sigue el segundo ahora sobre la reforma electoral, así que los diputados a preparar sus mejores discursos y nosotros las palomitas para disfrutar del espectáculo.

……

Algo que sí dejó la visita de Adán Augusto fue claridad en quién es para él la operadora política número uno en el estado, así es, hablamos de la tocaya Andrea Chávez, que rápidamente se sigue colando a las grandes ligas de la Cuatroté a nivel nacional.

También en el team se le vio a la petista Lilia Aguilar que en todo momento estuvo acompañando a Andrea y al secretario sin saber a ciencia cierta cuál es su función, o sea, sí como invitada, pero ¿pa qué?

Otro más que ya se abrió como ‘Adanista’ fue el exalcalde de Juaritos, Armando Cabada Alvídrez, quien también estuvo en el congreso, eso sí muy tranqui y sin echar tierra a nadie, porque pues… no tiene caso.

……

Los que están saltando en un pie, son los deportistas de la UACH con el anuncio del, ahora sí, nuevo rector de la máxima casa de estudios, Luis Alfonso Rivera Campos.

Y es que luego de la amenaza del ex, Luis Alberto Fierro Ramírez, de convertir al Nido Águila en estacionamiento, la promesa de Rivera Campos es rescatarlo y dignificarlo.

La mera verdad da lástima ver cómo un campo tan emblemático, gústele el deporte que le guste, por siempre será un terruño que las Águilas y cualquier equipo de facultad le guarda un cariño indescriptible.

Opinión

¿Por qué Roberto Lazzeri? La hora de negociar duro. Por Caleb Ordóñez Talavera

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Cuando un país decide quién lo representa en Washington, no solo elige un nombre: elige una estrategia. Y México acaba de elegir números sobre discursos.

Caleb Ordoñez

Roberto Lazzeri Montaño —economista del CIDE, operador financiero de carrera, arquitecto silencioso de deuda pública y crédito productivo— está a punto de convertirse en el embajador mexicano en Estados Unidos justo cuando la relación bilateral entra a su etapa más técnica, más tensa y más cara de la historia reciente.

No es coincidencia. Es cálculo.

Es un hombre que viene de los números. Lazzeri no llegó a la política por la puerta grande de los partidos ni por los reflectores del activismo. Llegó en 2005 por las hojas de cálculo del entonces Distrito Federal, manejando deuda pública cuando la mayoría de los funcionarios de su generación todavía aprendían el oficio. De ahí pasó a Banobras, luego a la Secretaría de Hacienda, y eventualmente a dirigir simultáneamente Nafin y Bancomext —los dos brazos del crédito productivo del Estado mexicano— en uno de los momentos más volátiles para el financiamiento externo del país.

Su cercanía con la 4T no es ideológica en el sentido clásico: es funcional. Trabajó directamente con Rogelio Ramírez de la O, el cerebro económico del obradorismo, y entendió —mejor que muchos— cómo sostener estabilidad macroeconómica dentro de un proyecto político que desconfía de los mercados pero los necesita. Eso lo hace valioso para Claudia Sheinbaum: no solo entiende el modelo, sino que sabe ejecutarlo sin romperlo.

¿Por qué ahora y por qué él?

Esteban Moctezuma no sale de Washington por fracaso. Sale porque el tablero cambió de juego. Desde 2021 fue el interlocutor ideal para una etapa de transición: perfil conciliador, relaciones sólidas, útil en el paso de Trump a Biden y en la consolidación inicial del TMEC. Cumplió y seguramente seguirá en la vida diplomática de primer nivel.

Pero lo que viene no se gestiona con diplomacia política. Se gestiona con ingeniería económica.

El comercio bilateral entre México y Estados Unidos supera los 900 mil millones de dólares anuales. Más del 80% de las exportaciones mexicanas dependen del mercado estadounidense. La revisión del TMEC se aproxima en 2026 con sectores enteros bajo presión —automotriz, acero, aluminio, energía— mientras Washington mantiene un discurso endurecido sobre fentanilo, migración y crimen organizado que complica cualquier conversación comercial.

A ese escenario se suman dos relojes políticos que corren en paralelo: el Mundial 2026, donde México coorganiza con Estados Unidos y Canadá una logística de seguridad e inversión sin precedentes, y las elecciones intermedias americanas, donde el proteccionismo y la retórica antiinmigrante históricamente se disparan. Lazzeri aterrizaría en Washington justo cuando los tres se cruzan.

La apuesta y el riesgo

Mandar a un financiero a la embajada más importante del país es un mensaje que Washington sabe leer: lo que viene es negociación dura, no protocolo. Pero esa misma fortaleza es su mayor vulnerabilidad.

Lazzeri llega sin red política propia en Estados Unidos, sin los vínculos personales que toman años construir con congresistas, reguladores y grupos empresariales. En una capital donde las relaciones informales mueven tanto como los tratados formales, eso importa. Y el tiempo para construirlas será escaso: la revisión del TMEC no esperará a que el nuevo embajador encuentre su ritmo.

Su verdadero reto no es técnico. Es traducir credibilidad financiera en poder diplomático real: negociar aranceles sin sacrificar industrias mexicanas, defender el tratado sin contradecir la narrativa nacionalista de la 4T y mantener la confianza de los inversionistas extranjeros en un entorno global que premia la certeza y castiga la ambigüedad.

En la relación más importante (y más costosa) que tiene México, no hay margen para la curva de aprendizaje. Lazzeri lo sabe. La pregunta es si Washington también está dispuesto a escuchar al técnico que llega a cambiar las reglas del juego o solo a administrarlas.????????????????

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