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Opinión

Opinión: La pandemia, un año después, por Nancy Anahí Toledo

Aquí estamos, un año después. Seguimos en cuarentena…pero ya no es igual.

¡Las cosas han cambiado, y mucho!

Siento que era otra pandemia, cuando me acuerdo que el estado de alerta en qué estuvimos los primeros meses, el miedo al virus, a su manera de actuar…dejando la ropa y zapatos en la entrada, desinfectando las bolsas del súper y cada cosa que venía del exterior. Aquellos días de estar completamente encerrados, en pijamas o ropa deportiva todo el día…porque “es algo temporal, cosa de unas cuantas semanas”.

¡Qué equivocados estábamos en eso y en muchas cosas!

Aquí estamos un año después. Tan acostumbrados al cubrebocas…tan adaptados a las nuevas normas. ¡Y tan convencidos que la vida debe seguir!

Que se puede vivir con un enemigo presente, qué hay formas de combatirlo, de prevenirlo…no hay necesidad ni ganas de seguir deteniendo el tiempo.

Es un récord para el mundo de la medicina haber logrado tener la vacuna a escasos meses de conocer el virus, aunque parecieron eternos ante la magnitud del daño que hizo al mundo entero.

Pero aquí seguimos.

Con mucha más resiliencia y esperanza que hace un año. Y sé que no solo hablo por mí, al decir que también estamos más conscientes de cuidar nuestra salud, incluida la mental y espiritual. Y de valorar la vida, propia y de quienes nos rodean.

Un año después, y mucho aprendizaje después. Llenos de esperanza de que las cosas mejoren, de que la vida tome su curso, con cuidados pero sin limitantes absurdos, con vacuna, con más tranquilidad, con menos miedo, con planes, y sobre todo con las mismas ganas de siempre de seguir vivos!

Nancy Anahí Toledo Rascón
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Opinión

Que muera la normalidad. Por Itali Heide

A lo largo de la vida se nos enseña a ser ‘normal’. Dentro del espectro de la normalidad, hay una determinada manera de comportarse, hablar y presentarse que se considera correcta en los ojos de la sociedad. Desde una muy temprana edad, los niños ya reconocen a otros niños fuera de estos parámetros de ‘normalidad’: quienes no se conformen con el comportamiento o aspecto físico estándar, frecuentemente se convierten en objeto de burla.

¿Quién no recuerda haber sido testigo de la humillación, la deshumanización o la burla de alguien más? Y si no recuerda ser testigo, es probable que ellos mismos fueron humillados, deshumanizados o burlados. Las historias abundan desde todas las perspectivas: los bullys, las víctimas, los héroes, los cómplices y los que simplemente decidieron quedarse callados. De cierto modo, absolutamente todos compartimos algo de culpa en la epidemia de odio que ha traumatizado a niños y afectado a adultos durante siglos. Por alguna razón, muchos niños y jóvenes encuentran humor en la degradación de las personas por su condición económica, color de piel, peso, religión, neurodivergencia, género y demás.

¿Será porque los adultos se comportan de la misma manera? Si es cierto que el mejor maestro es el ejemplo, podríamos argumentar que los niños simplemente están siguiendo la ruta que la sociedad les ha allanado. Las aspiraciones son estrechas: el poder y el dinero se consideran el mayor logro del éxito. Para llegar a ser poderosos y tener dinero, los niños deben sentarse erguidos, jugar bien, olvidarse de manchar la ropa de lodo, obedecer a sus mayores, hacer la tarea, sacar buenas calificaciones y, finalmente, integrarse a la máquina mundial de la empleabilidad.

Así ha sido siempre, ¿no? Quienes temen el cambio argumentan que si ha funcionado durante los últimos siglos, debería seguir funcionando. Sin embargo, esta es la dirección equivocada en la que hay que correr. La globalización ha permitido a la gente explorar todas las vías para encontrar la plenitud en sus vidas, incluso cuando no está a la altura de nuestros estándares. La sociedad dicta que las vacaciones soñadas son las que esperan en alguna playa exótica con una piña colada, pero hay quienes prefieren ir a un Comic-Con para disfrazarse de su personaje favorito. Los trajes para los hombres y los vestidos para las mujeres son elegantes y esperados, pero un vestidazo verde neón con botas rosas y el cabello amarillo brillante merece la misma validez de expresión. Hay quienes sueñan con una mansión de lujo, mientras otros desean vivir en una cabañita a orillas de un lago solitario. ¿Por qué nos importa tanto que los demás vivan a nuestro nivel de confort?

Después de años de intentar encasillar a las personas, creando instintos sociales enraizados en problemas sistémicos, ¿no es hora de dejar de compararnos? Tal vez, sólo tal vez, el mundo sería un lugar más pacífico si aceptáramos y abrazáramos las millones de formas en que podemos vivir nuestras vidas y expresarnos, por dentro y por fuera.

Por primera vez en la historia de la humanidad, los niños que no encajan en la norma pueden encontrar consuelo en comunidades que comparten sus peculiaridades, sus gustos, sus miedos, sus preocupaciones y sus diferencias. Ahora, es tiempo de que esa cultura de aceptación virtual llegue al primer plano de la vida real. La normalidad está cambiando todos los días, y esperemos que nosotros lo hagamos con ella. El mundo tiene que normalizar la vida sin disculpas, rompiendo sus lazos con el materialismo absoluto y abriendo el panorama de la supuesta ‘normalidad’. Es bonito ser lo que todos quieren ser, pero es más valioso ser quien eres.

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Opinión: El sexo «débil» más fuerte que nunca

Por años y hasta el día de hoy se han referido a las mujeres como el “sexo débil”…y creo que ninguna definición, nunca había estado tan equivocada.

Pero yo no me lo tomo a mal, y no creo que se haga de manera despectiva…al menos no por todos.

Siempre hemos sido fuertes. Yo personalmente amo ser mujer. Y nunca me he considerado débil. Ni física ni emocionalmente. El valor que tenemos viene de nosotras y veo que nuestro género como tal, hoy está más fuerte que nunca! Somos más unidas, más escuchadas, y más conscientes que nunca!

No es novedad la inteligencia, capacidad y valor que tenemos. Por años las mujeres han realizado miles de trabajos importantes, y de un tiempo a acá se ha hecho reconocimiento a ello. Se han abierto espacios en empresas y en industrias enteras para nosotros. Y ni más, ni menos el trabajo de dar vida que es el que perpetuado a la humanidad…

Tengo hermanas, mamá, tías, primas, amigas y muchísimas mujeres que rodean mi vida y me siguen demostrando lo valiosas que somos. Y tengo la suerte de contar con hombres que piensan igual…

Este día no se trata solo de festejar y felicitar…necesitamos valorar! A nosotras mismas, a otras mujeres! Quienes somos, lo que hacemos! Y procurar velar por todas nuestras hermanas…Urge en este país y en el mundo entero reconocer este valor…

Mi corazón está puesto en esta meta, por mi, mi hija, y todas las mujeres del mundo!

Nancy Anahi Toledo Rascón
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