Opinión
CONTEXTO: *Impuestos para restar recortes… *Va Gobierno por recorte de personal… *Claudia a Juaritos…
El gobierno de la Cuatroté tendrá que rectificar y analizar con pincitas ante el recorte de más de 400 millones de pesos de la Federación al Estado de Chihuahua, pues si se les duerme les podría jugar en contra.
Y es que justamente ayer reapareció el flamante asesor financiero del Gobierno local, Ernesto Cordero a decir que los estados deberán buscar estrategias para sanear sus finanzas y no depender de lo que el Federal les mande.
Esto de inmediato se interpretó como un aviso de que si no cambian las cosas podrían venirse incrementos en los impuestos estatales o la creación de nuevos, justificados totalmente por el recorte ordenado desde Palacio Nacional.
Lo anterior solo le daría más vuelo a la declaracionitis que ya se inició de ambos lados y que solo traería beneficios electorales, mas no para el desarrollo u obras y programas para los chihuahuenses.
La plaza ya está caliente y a Morena más que afectar la imagen de los gobiernos panistas con estos recortes, son ellos los que quedan muy mal parados.
……
Ya con chisme más interno, dicen los enterados que esto del recorte más que afectar a las obras y acciones de Gobierno, podría afectar en lo laboral a algunos funcionarios.
Recordemos que al inicio de la administración de Maru Campos, Corral se gastó unas participaciones federales que eran para la nueva gobernadora y que precisamente servirían para pagar nóminas, bonos de fin de año y demás etcéteras.
Por lo que ahora anda la preocupación y el comedero de uñas porque comenzaron a soltar el rumor de que tendrían que empezar a despedir gente.
Y es que el guadañazo es una medida drástica cuando el cinturón ya queda muy ajustado.
……
La que ya no haya cómo hacerle para que no le coman el mandado el Carnal Marcelo y el Compadre Adán, es Claudia Sheinbaum, pero que se le prende el foco y vendrá a Juaritos a promoverse.
Esto, la jefa de Gobierno de la CDMX lo hará «impartiendo» una conferencia sobre políticas exitosas de gobierno… ¡¿Cómo la ve?!
Eso sí, la hará en fin de semana para poder moverse agusto y para enseñar como es que se gobierna (guiño, guiño).
Opinión
Andy: un apellido no basta. Por Caleb Ordóñez T.
Andrés Manuel López Beltrán heredó uno de los apellidos más poderosos de México. También heredó algo mucho más difícil de cargar: la costumbre nacional de nunca verlo a él, sino siempre a través de su padre.
Ser hijo de un expresidente ya es complicado. Serlo de Andrés Manuel López Obrador es otra categoría: crecer bajo la sombra de un hombre al que millones consideran el político más transformador de su generación y otros millones culpan de buena parte de los problemas del país. AMLO no admite tibieza. Y ahora Andy descubre que la polarización también se hereda, con intereses acumulados.

Caleb Ordoñez Talavera
Durante años estuvo cerca del poder institucional sin asumir formalmente sus costos. Participó en la construcción del movimiento de su padre, tuvo influencia real dentro del obradorismo, pero respetó, al menos públicamente, el acuerdo familiar de no buscar cargos de elección mientras López Obrador gobernara. El sexenio terminó. El acuerdo, también.
El aparato
En 2024, Andy asumió la Secretaría de Organización de Morena, el puesto que en cualquier partido mexicano equivale a controlar buena parte del músculo: padrón, estructura territorial y movilización. Bajo su gestión, Morena presumió haber superado los 12 millones de militantes, una cifra extraordinaria que también despertó cuestionamientos sobre el proceso de afiliación. El partido la presenta como prueba de que el movimiento puede seguir creciendo aun sin su fundador al frente.
Después, de pronto, prácticamente desde la nada, dejó el cargo para buscar una diputación federal por Tabasco en 2027. Quizá sea un movimiento inteligente (o un salvavidas político) pues cambia el control del aparato por legitimidad de urna, algo que ningún acuerdo familiar ni ninguna cercanía con Palacio Nacional pueden regalarle. Es también, para sus adversarios, la prueba de que el heredero necesita ahora un mandato propio porque el apellido, por sí solo, empieza a no bastarle, sino a molestarle.
El símbolo que no calculó
El viaje a Japón fue el primer costo político serio de esa transición. Las imágenes y los señalamientos sobre hospedajes costosos chocaron frontalmente con la palabra que su padre convirtió en columna vertebral del obradorismo: austeridad. López Beltrán respondió que pagó el viaje con recursos propios y habló de un linchamiento. Puede tener razón en lo legal. El problema nunca fue si tenía derecho a gastar su dinero; fue no anticipar que, siendo quien es, ese gasto se leería como traición simbólica antes que como libertad personal.
Ningún asesor de López Obrador habría permitido esa fotografía. Y esa distancia entre el instinto político del padre y el del hijo dice más sobre Andy que cualquier discurso.
La carta que no le correspondía escribir
La revocación de su visa estadounidense abrió un capítulo distinto y aquí conviene la precisión: una decisión migratoria no es una sentencia. Hasta ahora no existe una acusación penal pública en Estados Unidos contra López Beltrán, y tratarlo como culpable a partir de una visa revocada sería tan irresponsable como el linchamiento que él mismo denuncia.
Lo que sí es criticable es la respuesta. Escribirle directamente a Donald Trump para reclamar una persecución política no es un exceso de carácter: es una confusión de investidura. México tiene Presidenta, canciller y embajada para gestionar la relación bilateral. Andy no conduce esa política exterior ni representa al Estado mexicano. Al actuar como si lo hiciera, no demuestra fuerza: demuestra que todavía no distingue entre tener influencia dentro de un movimiento y tener autoridad de Estado. Es exactamente el tipo de error que un político con oficio, empezando por su padre, difícilmente habría cometido en público.
El heredero imposible
Ahí está la verdadera paradoja de Andy: el apellido le abre prácticamente cualquier puerta política y, al mismo tiempo, le impide construir algo que sea solamente suyo. Quienes aman a López Obrador buscarán al padre dentro del hijo y se decepcionarán cuando no lo encuentren. Quienes lo detestan le cobrarán al hijo cuentas que nunca fueron suyas. Ambas cosas son injustas. Ninguna es evitable.
Andy puede heredar el obradorismo, pero no puede heredar a AMLO.
López Obrador dejó una consigna que sus seguidores repiten como mandamiento: no mentir, no robar, no traicionar al pueblo. Si Andy quiere una herencia real (no una curul, no una secretaría, no una multitud prestada) probablemente esa frase sea lo único que valga la pena reclamar como suyo.
Porque Andrés Manuel López Obrador tardó casi cuatro décadas en convertirse en AMLO. Su hijo nació siendo “Andy”. Si quiere hacer historia propia, tendrá que conseguir algo mucho más difícil que heredar el poder: lograr que México deje de preguntarse de quién es hijo.
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