Opinión
Duarte: de la Puerta Cerrada a la Puerta Agujerada
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hace 10 añoson
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Éste artículo fue censurado por el periódico El Diario, lo reproducimos en su totalidad.
Por: Alfredo Espinosa
Parte uno:
Cada quien su juego, cada quien su agenda, cada quien su versión.
Algunas apreciaciones sobre la manifestación en Palacio:
La manifestación fue un éxito en términos de convocatoria y del repudio a Duarte y su gobierno. La irritación generalizada por el endeudamiento ciudadano y por su enriquecimiento escandaloso, además del desabasto de gasolina, el fracaso del transporte público, los aires de rebelión en toda la república contra el Pri y sus reformas, y por la certeza de haber padecido el peor gobernante del que se tenga memoria, yo, junto con tres mil personas asistimos porque comprendimos que hemos perdido mucho y porque ya no toleramos el obsceno enriquecimiento ilícito de Duarte y su pandilla, por eso estamos exigiendo que ya se vaya, que deje su puesto y que se conforme un equipo de transición.
Con Duarte estamos en guerra y a la deriva
Duarte sigue escondido.
En el aire las preguntas: ¿Qué obras respaldan los 46 mil millones de pesos con los que nos endeudó? ¿Por qué no funciona el sistema Vive bus? ¿Por qué el desabasto de la gasolina? ¿Cómo pudo comprar un banco al inicio de su gobierno? ¿Por qué no se ha referido a su estrepitosa derrota del 5 de junio?
Parte dos
La convocatoria para asistir a la manifestación contra Duarte, salió de Unión Ciudadana. ( Jaime García Chavez, Víctor Quinatana, entre otros). Algunos entendimos que Javier Corral, también uno de sus líderes, debido a su designación como gobernador electo, no asistiría.
Corral, un día después de la manifestación, dijo que él se había deslindado de esa acción » por conocer el modus operandi de Duarte» ( la utilización de grupos de choque infiltrados en las manifestaciones públicas),lo cual podría desembocar en escenarios distintos.
Existe confusión entre Unión Ciudadana y Alianza Ciudadana. Estos son asuntos de poquitas personas. Contrario a sus nombres, estas organizaciones son poco ciudadanas. Siempre están los mismos. Son organizaciones verticales y ligadas a poderes políticos. En la Alianza, se suman Barrio, Madero, Alma y Gabino Gómez, entre otros).
Los que asistieron, en calidad de líderes visibles, fueros Jaime García Chávez, Víctor Quintana, Gabino Gómez, Rogelio Loya y Ana Lilia Gómez, estos últimos del Pan.
El objetivo declarado por estos líderes fue la Toma simbólica y pacífica del Palacio de Gobierno.
Y eso fue lo que a mí me entusiasmó.
Pero los líderes fueron rebasados muy pronto, y esa masa irritada y lastimada por Duarte, encontró como siempre las puertas cerradas y nadie con quien dialogar sobre las causas de la revuelta.
No hay gobierno, ya no existe.
Lo único que encontraron los manifestantes fue La Puerta Cerrada. Y todos la quisieron tumbar.
podría desembocar en escenarios distintos.
Existe confusión entre Union y Alianza Ciudadana. Estos asuntos son de poquitas gentes. Contrario a su nombre son poco ciudadanas. En la segunda organización entra Barrio y Madero y Alma y Gabino Gomez, entre otros).
Los que asistieron fueron Garcia Chavez, Quintana, Gabino, y los panistas Loya y otra cuyo nombre no recuerdo.
El objetivo declarado por estos líderes era » la toma pacifica y simbólica del Palacio de Gobierno»
Y eso fue lo que a mi me entusiasmo.unto con tres mil personas, asistimos porque entendemos que hemos perdido mucho y que el silencio nos vuelve cómplices de nuestros verdugos, y porque ya no toleramos su corrupción y sus fechorías; por eso le estamos exigiendo a Duarte que deje su puesto y que se conforme un equipo de transición.
Con Duarte, estamos en guerra y a la deriva.
Duarte sigue escondido.Parte tres:
Los líderes de Unión Ciudadana, pese a que, muchos de los asistentes, les reconocemos una trayectoria de lucha desde lo ciudadano y los aceptamos como líderes, no lograron apaciguar los ánimos.
A muchos nos sorprendió el grado de improvisación en los convocantes durante el desarrollo de la manifestación. Nadie parecía tener un plan. En ese momento, las cosas ya no estuvieron en sus manos.
Puesto que nadie atendía los llamados en la puerta principal, la gente busco la puerta trasera.
La palabra más coreada era Puerta, Puerta!
Ninguna comisión gubernamental se comidió para recibir las demandas de ese grupo. Falló la política. Había ingobernabilidad.
Los discursos de los líderes que intentaron contener las acciones violentas, fue tardío.
Y entonces vino el asalto a la Puerta Cerrada que se había convertido en el símbolo más tangible del gobierno de Duarte.
Y todos lo queríamos tirar.
Entonces, la toma “simbólica y pacífica” ya no fue posible.
Parte cuarta
La Puerta Cerrada de Duarte quedo como su gobierno: agujerada.
Quien la agujeró?
Parte quinta
Duarte se convirtió en un símbolo: la Puerta Cerrada.
Los manifestantes gritaban Puerta, Puerta! La querían tirar. Algunas voces intentaban desalentar la acción violenta. Los esfuerzos por abrir la puerta de palacio continuaron de varias formas: primero a empujones, luego con una larga alcantarilla metálica para terminar con un enorme puente metálico utilizado por personas en silla de ruedas.
Desde el inicio hasta que la puerta fue agujerada, paso por lo menos una hora.
Quién intervino en ese acto? En primer término los manifestante y posteriormente, los infiltrados de Duarte.
El gas pimienta que arrojaban desde adentro los policías no desalentaron a los encorajinados manifestantes, en su mayoría jóvenes que fueron llegando con sus mochilas en la espalda, a pie, porque por enésima vez no había vivebus, y con el calorón trepado, y muy encabronados con Duarte, se sumaron a la manifestación dispuestos a informarle al gobierno acerca de sus inconformidades.
Ellos, los manifestantes, es decir, nosotros, poseíamos una carga explosiva en nuestros corazones. Duarte había convocado muchos odios. Nosotros hubiéramos agujerado la puerta, incluso sin los Infiltrados de Duarte que poco a poco se fueron agregando alterando los cauces de la manifestación.
Al ser agujerada la puerta, aparecían al fondo, adentro, un muro de polizontes con sus armas arrojando gases contra los manifestantes que ya amenazaban con entrar.
Los infiltrados se empezaron a ver en todas partes. Se notaron civiles de aspecto distinto, con radio y chícharos en los oídos. Eran hombres militares, bien ejercitados, algunos con apariencia sureña, que se cubrían el rostro con tapa bocas o con pasamontañas de telas frescas. Sus primeras acciones consistieron n abriles cancha a los antimotines que buscaban el agujero de a puerta para ingresar a reforzar el Palacio desde adentro.
Ahí adentro, según se escuchaba decir, era el nido de la corrupción. Puertas adentro se gestaban los nuevos endeudamientos, y funcionaban infatigablemente la maquinaría que destruiría las evidencias de la flagrante corrupción y la impunidad.
Los manifestantes no pudimos entrar.
La Puerta Cerrada quedó agujerada. Uno de los Infiltrados de Duarte comenzó a gritar: Por las ventanas, por las ventanas! Y comenzó una rápida destrucción de diez ventanas. Algunas solo los vidrios.
Mientras tanto los policías observaban en calma. Todos los policías se reunieron en el centro. Desde los bicicleteros hasta los reacción rápida. Se reacomodaban en grupos numerosos alrededor de la explanada. Los manifestantes y otros ciudadanos les gritaban: no defiendan a Duarte, a ti también te está jodiendo. Tú, policía eres pueblo, no seas pendejo! Despierta!
Parte sexta
Uno de los modos para medir del poder que posee un gobernante, es el control que tiene sobre los medios de comunicación. Y Duarte los mantiene sometidos. Estos medios chayoteros hacían su trabajo informando desde su óptica previamente trazada. Para éstos medios los vándalos éramos quienes nos manifestábamos con rencor social y hartazgo, y no los delincuentes de Cuello Blanco más peligrosos del estado que siguen siendo Duarte y sus cómplices. Se robaron 46 mil millones de pesos que nosotros debemos pagar.
Estos medios hacían el trabajo sucio en medio de la revuelta. Sus objetivos eran desprestigiar a los líderes y envenenar el ambiente. Un periodista preguntaba a un manifestante sobre las insensatas acciones de García Chávez. Como la persona no supo que responder, yo intervine ese micrófono y me dejé caer contra Duarte y a fortalecer las figuras públicas de los líderes. En medio de la trifulca, el periodista, tratando de intimidarme, me pidió identificarme. Cuando le mencioné mi nombre de inmediato me dice: eres el poeta! Me gustan mucho tus poemas, los leo en el feis. Total se me olvdó el rollo que le estaba tirando. El narcisismo venció al envalentonado entrevistado que era yo.
Luego vi que algunos manifestantes estuvieron a punto de atacar a los medios. Los de Televisa estaban acorralados. Y es que La Opción, Omnia, La Polaka, El Heraldo, etc, han vendido sus plumas y sus voces a Duarte y han quedado como unos títeres tristes, aunque también enriquecidos. Un gran ejemplo de periodismo libre y de conciencia es el Canal 28. Mi admiración para Sergio Valles.
Cuando los manifestantes e Infliltrados estaban golpeando la Puerta, muchos pensábamos en el daño al patrimonio cultural. Vi a periodista Miroslava Breach abrirse de brazos en la Puerta para evitar más daños. Pero no pudo mantenerse ahí. Más tarde Rogelio Loya intentaba disuadir a los manifestantes para que abandonaran el intento por derribar la Puerta Cerrada. No pudo.
Ya con la decidida participación de los Infiltrados de Duarte, me convencí de que todo esto ya no nos convenía como movimiento ciudadano.
Los mismos policías, desde adentro, agujeraron la otra puerta para que ingresaran otros grupos de policías.
Todo era confusión. Mucho gas pimienta y mucho polizonte moviéndose amenazantes y en grupos muy numerosos.
En un momento me topo con Víctor Quintana, intercambiamos algunas ideas rápidas, y concluímos que era el momento para que se diluyera la manifestación.
Yo me retiré del corazón de la revuelta, pero la seguí desde un poco más lejos.
n la revuelta. Sus objetivos eran las figuras de Garcia Chavez y Corral. Intentaban desprestigiarlos y envenenar el ambiente. Un periodista preguntaba a un manifestante sobre las acciones insensata de Garcia Chavez. Como la otra persona no supo que responder, yo intervine ese micrófono y me deje caer contra Duarte y a fortalecer las imágenes publicas de Garcia Chavez, Quintana y Corral. En medio de la trifulca el periodista, intentando intimidarme, me pide mi nombre, se lo doy, y de inmediato me dice: eres el poeta! Me gustan mucho tus poemas, los veo en el feis. Total, se me olvido lo que le estaba diciendo. El narcisismo venció al envalentonado entrevistado que era yo.
Luego vi como algunos manifestantes intentaron atacar a algunos de los medios. Omnia, La Opcion, la Polaka, El Heraldo, Televisa, etc, han quedado en este sexenio como tristes títeres. Un gran ejemplo de hacer periodismo libre y de conciencia es el canal 28. Mi admiración por Sergio Valles.
Cuando estaban los manifestantes agujerando la puerta del palacio, muchos pensábamos en el daño al patrimonio cultural y, con la decidida intervención de los infiltrados de Duarte, pensé que todo esto ya no nos convenía como movimiento ciudadano. Los mismo policías agujeraron la otra puerta para que entraran los antimotines.
Todo era confusión. Mucho gas pimienta y los movimientos de los policías a nuestra alrededor.
En este momento me topo con Víctor Quintana, intercambiamos algunas ideas rápidas, y concluimos que era el momento de que se dispersara la manifestación. Yo me retire del corazón de la revuelta pero la seguí desde un poco mas lejos.Parte séptima
La explanada, que antes pertenecía al Museo Casa Chihuahua, y que ahora se convirtió en un insultante estacionamiento de Duarte, se convirtió en un coliseo de alaridos y gritos.
Los manifestantes al grito de Chihuahua, Chihuahua! se avalanzaban a la puerta agujerada haciendo el enésimo intento para entrar al Palacio.
En ese momento, los Infliltrados de Duarte parecían dominar las acciones: al mismo tiempo que azuzan la ya de por sí elevada adrenalina de los manifestantes (ya en ese momento eran casi puros jóvenes impulsados por el hartazgo y el encabronamiento) y, por otro lado, colaboraban para que los múltiples y diversos destacamentos policiacos vayan rodeando la explanada.
D pronto un grupo de policías sale desde adentro por uno de los agujeros de las puertas. Los manifestantes se lían a golpes. La sangre hierve. Hay diversos grupos peleando con policías.
Luego, todo fue policías madreando manifestantes. Corretéandolos por la Calle Libertad y la Bolívar. Correspondían seis policías por cada manifestante atrapado. Los agarraban como animales y los metían por los huecos de las puertas y ya adentro los recibían con patadas y golpes. Debe haber muchas denuncias por abuso de poder. Hay mucha gente golpeada y apresada.
Culerísima gente son los policías.
La intervención de la policía fue tardía, y como siempre, sin protocolo ni inteligencia.
Llegaron, no a controlar la situación, sino a tomar su parte en el botín de guerra. Cazaron a los que por ahí atravesaban, golpeándolos con saña. Atacaron a una persona ciega, entre otros, y a un periodista que había encarado a Duarte reclamando el endeudamiento. Duarte es vengativo.
Quedó claro que ahí, los únicos que defendían a Duarte, eran los medios y los policías. Perros.
Parte Octava
Luego, todo fue silencio. El recuento de los daños. Las puertas, todavía cerradas, quedaron agujeradas. Diez ventanas destruidas, algunas solo de sus vidrios. Con unos treinta mil pesos yo los dejo como nuevos, me dijo un carpintero ducho en su negocio. Los del Inah nos aliviaron un poco al decir que esas maderas no estaban inventariadas como Patrimonio.
Luego, los medios resaltaban la violencia de los manifestantes y la irresponsabilidad de los líderes. Duarte, otra vez, intentando salvarse. Todos lamentábamos esas acciones que lastimaron el Patrimonio. Pero todos sabíamos que Duarte convocaba odios.
Duarte encerró aún más su Palacio. Por dos días más, el palacio quedó atrapado por un ejército de policías.
Corral se deslindó de inmediato. Temía mermar su poder ciudadano y que le estropearan su corona de Gobernador Electo. Sacó su lado panista y escondió su lado ciudadano. Quizá todavía no entienda que no fue el Pan quien lo hizo ganar, sino la ciudadanía. En el Pan, su dirigencia que también está bastante deteriorada en su imagen ante los ciudadanos, fue más firme en su deslinde. Para el Pan es suficiente que la ciudadanía le haya entregado sus confianzas para el próximo sexenio. Consideran que ahora se puede esperar que “por las vías legales y no por las de la violencia” se concreten las demandas sociales que expresaron su hartazgo en los sucesos del 22 de Junio. Si eso no ocurre, y pronto, Corral tendrá otra manifestación, ahí mismo, pero en su contra.
Corral, como lo han hecho los demás líderes, debe defender con todo y liberar a los casi cien apresados. Y levantar una gran demanda por abuso de poder contra los policías y sus autores intelectuales.
Hora de definiciones: con quién estás Corral? Con las viejos modos de la represión, o con las novedosas formas de la lucha ciudadana?an casi puros jóvenes impulsados por el hartazgo y el encabronamiento), colaboran para que los primeros destacamentos de policías vayan cercando la explanada. Se dieron gusto rompiendo ventanas.
De pronto por uno de los agujeros de la puerta sale un grupo de policías. Un manifestante y un policía a punto de liarse a golpes. La sangre hierve. Me sorprende ver, cuando el gas lo permitía, que en la explanada convivían los policias y los manifestantes.
Luego, todo fue policía madreando a ciudadanos. Como de a seis policías por manifestante. Los agarraban como animales y los metían por los huecos de la puerta agujerada. Ya adentro recibían una golpiza por los que estaban adentro. Hay muchos golpeados y apresados.
Culerísima gente son los policías.
La intervención de la policía fue tardía, y como siempre, sin protocolos ni inteligencia.
Llegaron, no a controlar la situación, sino a cazar a quienes atravezaban por ahí, golpeándolos con saña.
Los únicos que defienden a Duarte son los policías y los medios de comunicación. Perros.
Parte novena
Los ciudadanos nos preguntamos: ¿Ganamos o la cagamos? Y se generaban las discusiones.
Esta fue una intervención ciudadana ante un gobierno que nos pisotea y se burla cínicamente de sus corrupciones e impunidades.
Ha dejado estas lecciones:
-Reaccionamos contra nuestros verdugos.
-Internacionalmente generamos un movimiento en el que Duarte es el responsable de convocar tantos odios contra su gobierno abusivo.
– Aprendimos que el gobierno de Duarte no se tienta el corazón para enviar grupos de choque que se infiltran en manifestaciones ciudadanas pacíficas.
-Aprendimos que necesitamos organizarnos mejor para lograr nuestros fines sin que los provocadores se apoderen del rumbo de nuestras luchas
-Aprendimos que los medios están bailando al son que les toque Duarte.
-Nuestra manifestación, fue quizá la más filmada de todas. En los videos se ha demostrado la presencia de los infiltrados como del abuso policiaco.
-Vamos construyendo ciudadanía, que de manera más horizontal, tomamos decisiones autónomas.
Y creo que ganamos. Duarte debe irse. Ya no hay gobierno.
Corral, te necesitamos más ciudadano y menos panista. Solo así meteremos a Duarte a la cárcel. Ojalá defiendas la agenda ciudadana y no solo los intereses de tu partido.
Parte Diez
La comunidad artística, intelectual y trabajadores de la cultura, miembros de Cultura por Chihuahua, ante los sucesos de 22 de Junio en el Palacio de Gobierno, estamos convencidos que estos hechos nos lesionan como ciudadanía por lo que solicitamos a las partes, el diálogo necesario para resolver los conflictos.
Nuestra comunidad hace los siguientes pronunciamientos:
1.- Respeto a la libertad de expresión.
2.- Repudio de todo tipo de violencia.
3.- Rechazo a todo acto que dañe el Patrimonio Artístico y Cultural (Lo mismo para Duarte que para los manifestantes)
Estos escenarios sombríos nos demuestran la enorme necesidad de que los gobiernos inviertan en Cultura.
El gobierno que expira deja en bancarrota a las instituciones culturales. Y la violencia ha sido permanente.
La Cultura procura atmósferas que permiten un desarrollo social y espiritual de los ciudadanos.
Dale un chance a la cultura.
Comentarios: [email protected]
Luego vi como algunos manifestantes intentaron atacar a algunos de los medios. Omnia, La Opcion, la Polaka, El Heraldo, Televisa, etc, han quedado en este sexenio como tristes títeres. Un gran ejemplo de hacer periodismo libre y de conciencia es el canal 28. Mi admiración por Sergio Valles.
Cuando estaban los manifestantes agujerando la puerta del palacio, muchos pensábamos en el daño al patrimonio cultural y, con la decidida intervención de los infiltrados de Duarte, pensé que todo esto ya no nos convenía como movimiento ciudadano. Los mismo policías agujeraron la otra puerta para que entraran los antimotines.
Todo era confusión. Mucho gas pimienta y los movimientos de los policías a nuestra alrededor.
En este momento me topo con Víctor Quintana, intercambiamos algunas ideas rápidas, y concluimos que era el momento de que se dispersara la manifestación. Yo me retire del corazón de la revuelta pero la seguí desde un poco mas lejos.an casi puros jóvenes impulsados por el hartazgo y el encabronamiento), colaboran para que los primeros destacamentos de policías vayan cercando la explanada. Se dieron gusto rompiendo ventanas.
De pronto por uno de los agujeros de la puerta sale un grupo de policías. Un manifestante y un policía a punto de liarse a golpes. La sangre hierve. Me sorprende ver, cuando el gas lo permitía, que en la explanada convivían los policias y los manifestantes.
Luego, todo fue policía madreando a ciudadanos. Como de a seis policías por manifestante. Los agarraban como animales y los metían por los huecos de la puerta agujerada. Ya adentro recibían una golpiza por los que estaban adentro. Hay muchos golpeados y apresados.
Culerísima gente son los policías.
La intervención de la policía fue tardía, y como siempre, sin protocolos ni inteligencia.
Llegaron, no a controlar la situación, sino a cazar a quienes atravezaban por ahí, golpeándolos con saña.
Los únicos que defienden a Duarte son los policías y los medios de comunicación. Perros.colaboran para que los primeros destacamentos de policías vayan cercando la explanada. Se dieron gusto rompiendo ventanas.
De pronto por uno de los agujeros de la puerta sale un grupo de policías. Un manifestante y un policía a punto de liarse a golpes. La sangre hierve. Me sorprende ver, cuando el gas lo permitía, que en la explanada convivían los policias y los manifestantes.
Luego, todo fue policía madreando a ciudadanos. Como de a seis policías por manifestante. Los agarraban como animales y los metían por los huecos de la puerta agujerada. Ya adentro recibían una golpiza por los que estaban adentro. Hay muchos golpeados y apresados.
Culerísima gente son los policías.
La intervención de la policía fue tardía, y como siempre, sin protocolos ni inteligencia.
Llegaron, no a controlar la situación, sino a cazar a quienes atravezaban por ahí, golpeándolos con saña.
Los únicos que defienden a Duarte son los policías y los medios de comunicación. Perros.
Opinión
Siete voces, siete silencios. Por Caleb Ordóñez Talavera
Published
hace 1 semanaon
Jul 24, 2026
El desayuno se interrumpió con el sonido seco de los disparos. Alejandro Leyva apenas tuvo tiempo de reaccionar. Estaba sentado en una fonda del fraccionamiento La Esmeralda, en San Pablo Etla, Oaxaca, en una mañana que parecía igual a cualquier otra. Entonces llegaron hombres armados en motocicleta. Apuntaron directo. Dispararon sin titubeos. Tres impactos, principalmente en la parte superior del cuerpo, bastaron para arrebatarle la vida casi de inmediato. Una mujer que se encontraba en el lugar también resultó herida. Los agresores huyeron con la misma rapidez con la que aparecieron. En cuestión de segundos, lo cotidiano se convirtió en tragedia.
Alejandro Leyva no era un desconocido. Había dirigido la Corporación Oaxaqueña de Radio y Televisión, escribía la columna El Zumbido del Moscardón y, sobre todo, era una voz incómoda para el poder. En sus espacios criticaba la corrupción, denunciaba la violencia y cuestionaba decisiones del gobierno estatal. Incluso había denunciado amenazas y actos de intimidación en su contra desde tiempo atrás. Quienes hoy investigan el caso saben que no puede ignorarse ninguna línea relacionada con su actividad periodística. La Fiscalía General de la República ya atrajo la investigación.
Con él ya son siete periodistas asesinados en México durante este año.
Siete.
Es una cifra que debería provocar una crisis nacional. Sin embargo, en México, lamentablemente, ya aprendimos a recibir este tipo de noticias con total resignación. Ya no nos duele. Esa quizá sea la peor derrota.
Este crimen no es un caso aislado. Es la continuación de un patrón que este país se niega a romper, y por eso vale la pena detenerse a pensar en lo que realmente significa.
Porque el problema nunca ha sido únicamente el número de periodistas asesinados. El verdadero drama es que, detrás de cada crimen, existe un mensaje mucho más profundo: hay regiones enteras donde informar se convirtió en una actividad de alto riesgo.
Durante años, el periodista mexicano dejó de preocuparse únicamente por verificar datos, conseguir entrevistas o publicar exclusivas. Hoy también debe preguntarse si una investigación pondrá en riesgo a su familia, si un reportaje provocará amenazas, si una llamada desconocida puede cambiarle la vida o si una publicación en redes sociales bastará para convertirse en objetivo de alguien.
Esa no es una democracia sana.
México sigue siendo uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo fuera de contextos formales de guerra. Y lo más preocupante es que esa realidad ya no distingue entre periodistas nacionales, reporteros comunitarios, conductores de radio, fotógrafos, columnistas o creadores de contenido que investigan asuntos públicos. Quien incomoda al crimen organizado, a intereses económicos o al poder político puede terminar enfrentando amenazas, campañas de desprestigio, demandas judiciales, vigilancia o, en el peor de los casos, la muerte.
Pero, ¿Por qué ocurre?
Porque la impunidad sigue siendo el mejor aliado de quienes quieren callar voces. Porque demasiados asesinatos permanecen sin castigo. Porque muchas amenazas jamás llegan a investigarse seriamente. Porque los mecanismos de protección suelen reaccionar cuando el riesgo ya escaló demasiado. Y porque, en numerosas regiones del país, el crimen organizado, los intereses políticos y la debilidad institucional terminan cruzándose peligrosamente.
Cada periodista asesinado envía, además, un mensaje devastador a las nuevas generaciones.
¿Qué joven de veinte años decidirá investigar corrupción municipal si observa que hacerlo puede costarle la vida?
¿Qué estudiante de comunicación apostará por el periodismo de investigación cuando descubre que quienes revelan información incómoda terminan necesitando escoltas (que nunca tendrá), cambiando de ciudad o siendo asesinados?
Cuando matan a un periodista no solamente eliminan una voz. También intentan sembrar miedo entre quienes todavía no empiezan a ejercer.
Y eso termina empobreciendo a toda la sociedad.
Porque cuando desaparecen periodistas independientes, también desaparecen historias que jamás conoceremos. Desaparecen denuncias de corrupción, investigaciones sobre desvío de recursos, vínculos criminales, abusos de autoridad o violaciones de derechos humanos. El silencio siempre beneficia a alguien. Nunca beneficia a los ciudadanos.
Por eso, la defensa de la libertad de expresión no puede recaer únicamente en los periodistas.
También corresponde a la sociedad. Cada ciudadano tiene la responsabilidad de defender el derecho a estar informado. Eso significa valorar el periodismo serio, exigir investigaciones imparciales, rechazar la desinformación y comprender que una prensa crítica no es enemiga del gobierno, sino un contrapeso indispensable para cualquier democracia.
Y, desde luego, el Estado tiene obligaciones mucho más grandes. Pues no basta con emitir comunicados de condena después de cada asesinato. No basta con prometer investigaciones exhaustivas. Tampoco basta con atraer expedientes a instancias federales cuando la indignación ya ocupa los titulares.
El gobierno debe garantizar investigaciones rápidas, independientes y profesionales; fortalecer realmente los mecanismos de protección; castigar tanto a autores materiales como intelectuales y construir condiciones para que ningún periodista tenga que elegir entre publicar una información o conservar la vida.
Porque cuando el miedo dicta qué puede publicarse, la democracia comienza a perder terreno.
No los olvidamos.
Esta columna está dedicada a quienes ya no podrán volver a escribir una nota, tomar una fotografía o encender un micrófono este año: Carlos Castro, asesinado en Poza Rica el 8 de enero; Juan David Gámez, en Nuevo León el 18 de marzo; Roxana Guzmán, secuestrada el 2 de junio y encontrada sin vida semanas después; Luis Ángel López, asesinado en Poza Rica el 11 de junio; Alex Serna, en Zihuatanejo el 3 de julio; Josué Martínez, en Puebla el 16 de julio; y ahora Francisco Alejandro Leyva Aguilar, en Oaxaca.
Siete nombres.
Siete familias.
Siete historias interrumpidas.
Pero también siete razones para no acostumbrarnos.
Porque el día que dejemos de indignarnos por un periodista asesinado habremos aceptado que en México la verdad tiene precio. Y una nación que permite que maten a quienes la cuentan corre el riesgo de quedarse, para siempre, sin quien la narre.
