**AMLO el mesías resucita a muertos políticos *¿Qué le aportan Pérez, Beltrán y Barraza a Morena? *Desprecio a las bases, el común de los partidos *Desairan a priístas chihuahuenses *Tere Ortuño ¿con un pie afuera del Cobach

1967

López Obrador vino a revivir chapulines. Cruz Pérez Cuéllar, Jaime Beltrán del Río, Víctor Valencia de los Santos y Héctor Barraza fueron los más criticados y abucheados por las más de dos mil almas que se reunieron pese al calorón para recibir a quien se denomina “la esperanza de México”.

Estos cuatro personajes son impresentables para la izquierda. Dos de ellos son panistas, con fuertes nexos con el ex gobernador Duarte, a quien le hicieron el juego de ir de candidatos para tratar de restarle votos a Javier Corral. Cruz fue expulsado por mapache, pues aliado con ‘Teto’ Murguía hacía votar hasta a los muertos, mientras que el segundo fue un alcalde lastre rebasado por sus ambiciones, las cuales lo llevaron a tirar a la basura su militancia y su supuesta ideología. De Héctor Barraza ¿qué decimos? Siempre ha sido un operador que jala para donde le conviene y ya.

En el caso de Víctor Valencia, siempre había negado y negado su inclinación hacia Morena, incluso cuando presentó su renuncia (aún no aceptada) al PRI, por el bullying que le hizo el ex gobernador Duarte, quien intentó sepultar todas sus aspiraciones, a pesar de su trayectoria como dirigente del partido, diputado local y federal, funcionario en Sedeso, y eterno aspirante a la alcaldía de Juárez. Al final del sexenio duartista se volvió muy opositor, ya nada perdía, y ahora aparece con la bendición tabasqueña.

¿Qué le aportan al proyecto de AMLO? Cruz Pérez Cuéllar obtuvo apenas 35 mil votos, Jaime Beltrán del Río no llegó ni a los 30 mil. Ambos candidatos fueron superados incluso por los votos nulos que sumaron 43 mil. Una bicoca comparada con los 1.3 millones de votos emitidos, y eso que sólo la mitad de la gente salió a votar. Corral sumó, sin tretas, mapacherías ni alianzas ruidosas 517 mil votos. Héctor Barraza se la ha vivido cobrando caras sus alianzas inútiles y Víctor Valencia sólo aporta posibles puentes con un PRI de por sí deseoso de cambiar de barco. Es mucho más lo que perjudican, en todos los sentidos.

¿Y a las bases quién las consultó? Morena, por más que sus entusiastas militantes se nieguen a creerlo, envueltos en una ingenuidad casi infantil, está mostrando prácticas y tendencias similares, por no decir idénticas, a las de la odiadísima “mafia en el poder”. ¿Qué diferencia a Morena del resto de los partidos más allá del discurso y del caudillo que lo encabeza? El mismo desprecio a las bases, el cual quedó más que claro con los abucheos, el mismo chapulinerío, las mismas caras de siempre… Empaques (ni tan) nuevos para productos rancios.

Esto empaña las innegables cualidades de Andrés Manuel, un político que, le busquen por donde le busquen, no acumula riquezas ni forma parte de los círculos tradicionales de poder económico y político (aunque se le andan arrimando mucho). Otra ventaja es su extensísimo trabajo a ras de suelo. Conoce como ningún otro político las necesidades, mentalidad y realidades de México. Esperemos que Morena se reoriente y analice su política de puertas abiertas a todo mundo.

Donde también hubo cónclave fue en el PRI estatal, donde el dirigente (de salida) Enrique Ochoa Reza les dio plantón gacho, unos dicen que nomás por que el calor estaba gacho, otros que porque no quiso entrarle al quemón y a hacerla de niñero ante los pleitos de los tricolores locales que, ha dejado claro, no le interesan en absoluto. Ahí  anduvo el ex alcalde Marco Adán Quezada, quien intenta  todavía hacer pininos en su partido, donde se ha quedado cada día más aislado, aunque con un buen respaldo de lo que queda de las bases. Más allá del oficioso pataleo de la planilla RBD, integrada por quienes se quieren vender como antiduartistas, no hubo bronca. El próximo dirigente estatal del PRI será elegido por un grupo de consejeros políticos, aunque todo indica que la instrucción ya llegó desde el Altiplano.

La ausencia de Ochoa no fue el único desaire. Líderes de colonia fueron echados del recinto, donde ya sólo queda el recuerdo de la gloria priista que se sentía derrotado si no obtenía carro completo, un carro que en las últimas elecciones sí fue completito pero al precipicio. De nuevo la militancia no fue tomada en cuenta para nada. En las próximas elecciones se los recordarán….

Otra abucheada es la directora general de los Colegios de Bachilleres, María Teresa Ortuño, quien ya tuvo su primera huelga y la escalada de tensión no para de aumentar por sus conflictos con el sindicato académico y administrativo de los Cobach. Hay mucho de grilla, de intereses, plazas y dinero de por medio, pero también ha faltado tacto en la panista, quien se toma muy en serio el color de la camiseta y no es conocida por sus habilidades de negociadora. Lo suyo es imponer y ya. El sindicato tiene el apoyo de buena parte de sus tres mil agremiados, y Ortuño se siente sobrada por tener detrás al gobernador y a su partido. Si bien ha construido acuerdos, no los ha cumplido.

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