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Explotan a migrantes que buscan a hijos; reclusión en california

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Tras separarlos de sus hijos al entrar a Estados Unidos, migrantes recluidos en el Centro de Detención Otay Mesa son obligados a trabajar para obtener recursos que les permitan pagar una llamada telefónica para rastrear a sus vástagos, pues no existe una relación que indique dónde fueron depositados.
El salario mínimo en California es de diez dólares por hora; sin embargo, en esta prisión cada recluso recibe un dólar por día trabajado.

“Les cobran las llamadas telefónicas a 85 centavos de dólar por minuto”, declaró la senadora y exfiscal general de California, Kamala Harris, quien visitó el lugar el viernes.

Una mujer salvadoreña que logró salir en libertad condicional de esta prisión confirmó a Excélsior que a ella le pagaban un dólar por día por trabajar en las labores de limpieza de dicho centro.

De acuerdo con la declaración anónima de un agente fronterizo, la patrulla y autoridades fronterizas no hicieron lista de niños separados, sólo tomaron fotos de cada familia.

Trabajan en prisión para dar con sus hijos

Migrantes recluidos en cárceles privadas reciben un dólar por día laborado, pero les cobran 85 centavos por cada minuto que pasen al teléfono buscando a sus hijos.

Los migrantes ilegales recluidos en el Centro de Detención Otay Mesa, una prisión privada que es alquilada por el gobierno de Estados Unidos, son obligados a trabajar si quieren obtener dinero para buscar por teléfono a los hijos que les arrebató la administración del presidente Donald Trump.

La senadora y exfiscal general de California, Kamala Harris, denunció que los migrantes que esperan comparecer ante un juez en esa prisión reciben un dólar por día trabajado, pero “les cobran las llamadas telefónicas para tratar de encontrar a sus hijos a 85 centavos de dólar por minuto”, declaró Harris. El salario mínimo en California es de diez dólares por hora.

La legisladora demócrata, que visitó el lugar el viernes, dijo que los responsables del Centro aseguran que los inmigrantes retenidos pueden realizar llamadas telefónicas sin costo a sus hijos y familiares, pero en realidad les cobran por ello, según los testimonios que escuchó al interior de la prisión.

“Nos pagan un dólar por un día entero de trabajo”, confirmó a Excélsior una madre de familia salvadoreña que logró salir en libertad condicional del Centro de Detención Otay Mesa.

En su caso, el trabajo asignado era hacer la limpieza del mismo Centro de Detención, aunque para ello debía usar químicos muy fuertes, denunció.

La mujer, quien pidió guardar el anonimato, dijo que al interior de la prisión se cobra por cualquier producto que no sea de primera necesidad: “Si ya no queremos comer siempre lo mismo y se nos antoja una sopa instantánea, nos la venden como en dos dólares”.

El Centro de Detención Otay Mesa es una de las casi 200 prisiones privadas que el gobierno federal renta para detener a migrantes. Para ello, la administración asigna un presupuesto de más de dos mil millones de dólares al año, de acuerdo con la organización Detention Watch
Network.

El Congreso asigna y paga por adelantado a esas prisiones, y la Oficina de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) tiene que cumplir con cuotas de entrega de migrantes detenidos para que las prisiones privadas estén constantemente a su máxima capacidad, según organizaciones de derechos humanos como el Comité de Servicios Amigos Americanos.

Que los busquen por su cuenta

Tras su visita al Centro, la senadora Kamala Harris dijo haber visto a madres devastadas que no saben todavía dónde están sus hijos o en qué condiciones.

Las autoridades federales aseguran que de los casi dos mil 400 menores que fueron separados de sus padres en todo el país, 522 ya regresaron con ellos. Del resto no se tiene idea.

El problema es que cuando el gobierno federal arrancó a los niños de los brazos de sus padres no hicieron una relación de a dónde llevarían a los menores o qué documentos tenían.

Un agente fronterizo dijo a Excélsior, bajo condición de anonimato, “que la Patrulla y las autoridades fronterizas sólo tomaban una foto a cada familia, para reconocer luego que ‘este niño va con esta madre’, como si se tratara de un rompecabezas”.

Peor aún, las autoridades “dejan en manos de los padres que ellos localicen a sus hijos, ¿se imagina?, padres que al dar el primer paso dentro de Estados Unidos fueron detenidos, tienen que buscar a sus hijos con sus propios recursos y, si tienen suerte, con la ayuda de algún abogado que no les cobre”.

Los niños y adolescentes separados de sus padres son enviados a alguno de los 115 centros de detención para menores, en 17 estados del país.

Subsidia la “cero tolerancia”

El Centro de Detención Otay Mesa es una prisión privada que recibe millones de dólares en presupuesto federal cada año, encierra a mil 600 personas y acaba de anunciar que tiene planes para ampliar su cupo para encerrar a 500 personas más para adecuarse a la política de “cero tolerancia” del presidente Trump, que consiste en presentar cargos contra toda persona que cruce la frontera sin documentos migratorios, incluidos quienes buscan asilo.

Entre ellos están los cientos de migrantes centroamericanos que cruzaron la frontera de Tijuana a San Diego en mayo pasado. Todas esas familias llegaron a pedir asilo al huir de la violencia en sus lugares de origen, pero ahora enfrentan cargos criminales.

Al pedir asilo, las familias presentaron pruebas de que las pandillas habían matado a sus familiares y amenazaban con quitarles la vida a ellos y a sus hijos.

Pero al anunciar la política de “cero tolerancia” en San Diego, el procurador general Jeff Sessions dijo que Estados Unidos procesará judicialmente a toda persona que cruce sin documentos e invalidó el huir del crimen organizado y del abuso conyugal como motivos para pedir asilo, es decir, que ninguna de esas familias, cuyos niños fueron separados, ahora tiene posibilidades de asilo y, por el contrario, enfrentan
cargos federales.

Los casos ante las cortes de migración tienen actualmente una espera de dos años y unos meses, el tiempo que las familias podrían permanecer detenidas.

México

El Viceroy obtiene 90 días más para negociar con el gobierno de EEUU

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Vicente Carrillo Fuentes, alias El Viceroy, ex líder del Cártel de Juárez, mantiene negociaciones con el gobierno de Estados Unidos a casi año y medio de su traslado a una cárcel de Nueva York.

Este martes 28 de julio, se llevó a cabo una audiencia ante la jueza Joan M. Azrack, en donde se sumó un nuevo plazo de 90 días para continuar con las conversaciones con la defensa del ex líder del Cártel de Juárez.

Con esto se dio a conocer que se programó la próxima audiencia para el 20 de octubre de este año, y que El Viceroy renunciaba a enfrentar un juicio rápido en la Corte de Distrito Este de Nueva York.

Mientras se mantiene este proceso, Vicente Carrillo Fuentes se mantendrá en prisión. Cabe destacar que está acusado de delitos ligados al narcotráfico y lavado de dinero.

¿Quién es El Viceroy?

Vicente Carrillo Fuentes, alias El Viceroy,heredó el Cártel de Juárez en 1997, luego de que su hermano, Amado Carrillo Fuentes,conocido como El Señor de los Cielos, muriera en medio de una cirugía plástica. En ese momento el Cártel de Juárez era una de las organizaciones narcotraficantes más poderosas de México.

Nació en Novolato, Sinaloa. Junto a él, Juan José Esparragoza, alias El Azul, quien más tarde formaría parte del Cártel de Sinaloa,tomó el control del Cártel de Juárez en 1997.

Desde el 16 de agosto del año 2000, El Viceroy fue buscado por el Buró Federal de Investigaciones de Estados Unidos (US Federal Bureau of Investigations, FBI) luego de que un jurado federal del estado de Texas lo acusara de homicidio, narcotráfico y lavado de dinero. El gobierno estadounidense ofrecía hasta 5 millones de dólares de recompensa por información que diera con su paradero.

El Cártel de Juárez se encargaba de transportar múltiples toneladas de cocaína provenientes de Colombia hacia Estados Unidos, pasando por México. Durante el liderazgo de Amado Carrillo Fuentes, el Cártel de Juárez mantuvo la hegemonía sobre este negocio gracias a sus vínculos con autoridades federales mexicanas, mismas que les ofrecían protección.

Vicente continuó con el traslado de droga de una manera más modesta, pero en un contexto más violento.

Hasta el 2004, el Cártel de Juárez estuvo aliado con el Cártel de Sinaloa, cuando el líder de este grupo, Joaquín El Chapo Guzmán, presuntamente ordenó el asesinato de Rodolfo Carrillo Fuentes, hermano de El Viceroy. Tras esto, este devolvió el ataque ordenando la muerte de El Chapo Guzmán, quien estaba preso.

Amado Carrillo, 'El Señor de los Cielos', exlíder del Cártel de Juárez
Amado Carrillo, ‘El Señor de los Cielos’, exlíder del Cártel de Juárez (Infobae)

La ruptura de la alianza entre ambos cárteles desató una violenta guerra de varios años enCiudad Juárez, en el estado norteño de Chihuahua, principal bastión de Carrillo Fuentes.

Ambos grupos se enfrentaron por el control del mercado y de las rutas del narcotráfico. Desde el 2007, El Viceroy también enfrentó al Cártel de Golfo. Este conflicto hizo a Ciudad Juárez la ciudad más violenta del mundo por varios años, lo que dejó un saldo de, por lo menos, 8 mil muertos.

Para enfrentar al Cártel de Sinaloa y a su grupo de sicarios, conocido como Gente Nueva, El Viceroy se valió de un brazo armado conocido como La Línea y del Barrio Azteca, un grupo criminal con base en Estados Unidos.

Pero estos no fueron suficientes para derrotar al Cártel de El Chapo Guzmán, pues presuntamente contaba con apoyo de autoridades federales, y logró debilitar al Cártel de Juárez e incrementar su propio poder.

El Viceroy, debido a su aparente derrota, cambió su apariencia, su nombre y se trasladó a Torreón, en Coahuila, donde fue capturado el 9 de octubre de 2014. Fue condenado a 28 años de prisión por la Fiscalía General de la República (FGR) en junio de 2015.

En un juicio de amparo del año siguiente, se le concedió protección constitucional, sin embargo, siguió en prisión. En 2017 se le volvió a dictar prisión formal.

Estuvo en Puente Grande, en Jalisco, hasta el 27 de febrero de 2025, cuando fue trasladado a Estados Unidos junto a otros 28 narcotraficantes mexicanos de alto perfil.

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