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Año Jubilar inicia con festejo en la Basílica de Guadalupe

Año Jubilar inicia con festejo en la Basílica de Guadalupe

El próximo 12 de octubre de 2026, a las 12:00 horas, el cardenal Carlos Aguiar Retes, arzobispo primado de México, inaugurará el Año Jubilar Guadalupano al abrir la puerta santa de la Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe. Este evento marca el inicio de un periodo especial concedido por el papa León XIV, destinado a perdonar faltas, renovar la fe y fomentar obras de misericordia entre los fieles.

La fecha es significativa, ya que se conmemoran 50 años desde que la tilma con la imagen de la Virgen de Guadalupe llegó a su actual sede, la Basílica, que ha recibido a millones de peregrinos de todo el mundo. Además, se celebra medio siglo desde que el recinto fue dedicado a Santa María de Guadalupe, así como los 131 años de la coronación pontificia de la Virgen Morena, acontecimiento que tuvo lugar durante el Porfiriato. Estos cuatro motivos de celebración se entrelazan en una sola jornada, convirtiéndola en un evento de gran relevancia para la comunidad católica.

Tras la apertura de la puerta santa, se llevará a cabo una Misa de las Rosas, en la que se recordará el momento en que san Juan Diego presentó su tilma al primer obispo de México, fray Juan de Zumárraga, el 12 de diciembre de 1531, tras haber tenido cuatro apariciones a él y una más a su tío, Juan Bernardino.

Desde este 12 de octubre y hasta el 12 de octubre de 2027, los católicos que deseen obtener la indulgencia plenaria podrán hacerlo cumpliendo ciertos requisitos. Estos incluyen acudir a la Basílica, atravesar la puerta santa, participar en un acto litúrgico, orar, confesarse, comulgar, rezar el Credo y orar por las intenciones del Papa.

Cabe recordar que la imagen original de la Virgen de Guadalupe permaneció 267 años en la antigua Basílica, que estuvo en funcionamiento de 1709 a 1976, y que actualmente está dedicada a Cristo Rey.

Revista

Activismo de estudiante de UAEM surge tras abuso sexual

Activismo de estudiante de UAEM surge tras abuso sexual

Fátima Hernández Angulo, estudiante de la licenciatura en ciencias de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), se convirtió en activista tras ser víctima de abuso sexual en 2019 por parte de su compañero de carrera, Adrián “N”. A pesar de que el agresor enfrenta al menos cuatro denuncias adicionales por violencia sexual y violación en diferentes centros de investigación de la institución, las autoridades universitarias desestimaron las quejas y optaron por otorgarle clases particulares, ignorando la protección de las alumnas.

La agresión ocurrió en el departamento de Fátima en Cuernavaca, donde Adrián “N” se quedó a dormir tras una reunión. El agresor, quien contaba con una ventaja académica por ser hijo de un investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), admitió los hechos al día siguiente a través de mensajes de texto. Sin embargo, la víctima decidió guardar silencio inicialmente debido a la falta de redes de apoyo.

Fue solo tras el regreso a clases presenciales, después de la pandemia de COVID-19, que se reveló que el estudiante actuaba como un agresor recurrente en el campus. Al acudir a la Unidad de Atención a Víctimas de la UAEM, Fátima se encontró con una respuesta institucional que resultó en revictimización y obstáculos administrativos. La universidad no le proporcionó apoyo psicológico y propuso un careo para llegar a un acuerdo.

En lugar de sancionar o expulsar al estudiante, la institución justificó su derecho a la educación, asignándole clases particulares. “A este tipo no lo sacaron de la carrera, le dieron clases particulares a él solo, los profesores solo con él”, comentó Fátima, evidenciando la falta de acción por parte de la universidad.

La inacción de las autoridades se vio agravada por la presión ejercida por la dirigencia de la Federación de Estudiantes de la UAEM (FEUM), liderada en ese momento por César Mejía y Clarisa Manrique. En lugar de ofrecer acompañamiento o asesoría psicológica, condicionaron el apoyo a la presentación de denuncias penales ante la fiscalía estatal, lo que llevó a que otras víctimas decidieran abandonar la licenciatura. La situación ha generado un clima de desconfianza y temor entre las alumnas, quienes se sienten desprotegidas ante la falta de respuesta adecuada por parte de las autoridades universitarias.

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