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La historia del chihuahuense que sobrevivió a los ataques del 11/9 en Nueva York

El día de hoy, 11 de septiembre se conmemoran 19 años del peor atentado que ha sufrido Estados Unidos: El ataque a las torres gemelas de Nueva York y el pentágono, en Washington.

En aquél 2001, el chihuahuense Guillermo Campos Galván, radicaba en la ciudad de Nueva York y sobrevivió a los atentados terroristas cometidos en el World Trade Center debido a una demora en su traslado hacia las torres gemelas aquella mañana.

Ese pequeño detalle le salvó la vida, por lo cual medios nacionales e internacionales se interesaron por su testimonio.

Campos Galván tenía gran reconocimiento entre varios sectores de jóvenes chihuahuenses que se interesaban por la filantropía y misiones a la sierra Tarahumara.

Al regresar a Chihuahua, Guillermo se dedicó a la política, con un futuro muy prometedor lamentablemente, la suerte no estuvo de su lado el 14 de noviembre del 2011.

En ese entonces, Campos Galván viajó a la Ciudad de México para despedir al secretario de Gobernación, Francisco Blake Mora, fallecido en un accidente aéreo y regresaba a Chihuahua, sin embargo en el trayecto al aeropuerto sufrió un accidente y perdió la vida.

Su hermana mayor, María Eugenia Campos Galván, actualmente es alcaldesa de la ciudad de Chihuahua.

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Kuira-Bá, ¿y mis derechos humanos? Por Itali Heide

Itali Heide

Indignados estamos ante el racismo sistémico en Estados Unidos. Muchos conocemos a quienes han cruzado la frontera para darles a sus familias una mejor vida. Percibimos las políticas que discriminan, las dificultades que enfrentan, el miedo que sienten los mexicanos, los afroamericanos y otras minorías al otro lado del Río Bravo.

En México no somos racistas, somos clasistas, decimos con orgullo (como si discriminar al 60% de la población mexicana que vive en situaciones de pobreza no es para tanto). Desafortunadamente, en México es clasista y también es racista. Ignorarlo no lo desaparece del país, incluso se relacionan intrínsecamente: suponemos el nivel socioeconómico de las personas por su aspecto físico. Tal es el caso con la comunidad rarámuri y otras etnias en el país.

Gloria vende las artesanías que fabrica su abuelita, a orillas del Lago Arareko en Creel. (Foto: Itali Heide)

Como cada año, cientos de personas de la comunidad rarámuri viajan a diversos municipios en Chihuahua a trabajar en las huertas de temporada. Detrás de la distribución de manzana chihuahuense por el país y el mundo, está el trabajo arduo de quienes hemos pisado para lucrar. El resto del año, muchos buscan ganarse su día del turismo que se ha generado en sus pueblos, gracias a la apropiación de su cultura y sus tradiciones.